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lunes, 18 de agosto de 2025

Pipas, de Esther L. Calderón

Pipas es el libro de la hija de Tinuca.

Conocí a Tinuca hace tres años. Compartimos tiempo y vivencias. Tinuca es una mujer fina, sencilla e inteligente. Un día, me enteré de que su hija es periodista en Madrid. Pero no le di mayor importancia. Hace unos meses, me dijo que esa misma hija había escrito un libro, pero tampoco le di mayor importancia. Mucha gente escribe libros, muchos tipos de libros (Quizás había también una punzada de envidia. La hija de Tinuca ha escrito un libro y yo no).

Pues resulta que el libro de la hija de Tinuca no es un libro cualquiera. Es el libro de Esther L. Calderón (el apellido de su madre): una escritora buenísima.

Siempre tengo distintos frutos secos en mi casa, menos pipas, porque, cuando empiezo a comerlas, no puedo parar. Pipas me atrapó y no podía dejar de pasar sus páginas. Crick crack. Leer Pipas me ha generado también la urgencia de escribir para contarlo.

Sin embargo, la novela tiene un ritmo pausado, que ayuda a ir en orden de una parte a otra. Porque, esa es una de sus claves, está muy bien construida.

Es un caramelo con relleno.

Una narración rellena.

De ensayo sociológico y filosófico.

Cuando la historia de la pandilla de Mada, (que se reunía en un banco de Maliaño, en la periferia de Santander, a comer pipas) ha cogido ritmo, se deslizan reflexiones sobre lo rural, la ciudad, la construcción de la clase media y del estado de bienestar. Los abuelos y los padres de esta primera generación nacida en democracia construyeron un sistema para que sus nietos e hijos pudieran trabajar sentaos. TodoLo estrenaron todo: las escuelas, los institutos, las becas, las universidades, los Erasmus... A través de la historia, en especial de sus abuelos, nos explica cómo estos trasladaron sus expectativas a la juventud venidera que, cuarenta años después, se encuentra con que la imagen que construyeron del futuro no se parece al presente."Se nos pidió que fuésemos otros sin dejar de ser los que éramos. De modo que así andamos ahora que se ha roto la burbuja de las imágenes. Estupefactos y con las manos hacia arriba, sin saber qué hacer con la pipa que se nos ha quedado en la garganta. Ansiosos y tristes. A vueltas con la cuestión de clase. Sorprendidos por el abismo que queda, al cabo de los años, entre nuestra imagen y la realidad."

Abundan las imágenes y sentencias brillantes sobre muchos y diversos temas a lo largo de sus páginas. Hay incluso un manual breve genial del arte de hacer entrevistas, y otro de feminismo. Porque otra clave del libro es la creación de un estilo propio. Maravilla la manera en que hila las ideas y las convierte en poesía. La manera en que suelta una hebra para recogerla líneas, páginas o capítulos después y cerrar el bordado. Es precioso el capítulo 21, "La vida de otra", y la idea de la crema de manos. La manera en que empatiza con cada personaje. La manera sutil en que afloran las emociones. Es un regalo para la sensibilidad y la inteligencia. 

Regalo. Sensibilidad. Inteligencia.

Estructura. Estilo. Sensibilidad. Historia.

La historia.

La historia de la Mada que se quiere ir, y que se va (con las latas de tomate frito y de espárragos unidas con cuerdas al trasero), pero no se va, y que vuelve. ¡Cosas pasadme!

La historia de un triángulo de amor con final amargo pero que se convierte en refugio.

La historia de una pandilla que comía pipas. "Cada uno comía pipas a su manera y hacía lo que podía. Estaba el carácter y estaban las circunstancias, y cada uno hacía lo que podía con lo que tenía y comía sus pipas junto con los otros."

La historia de la periferia.

La historia de muchas otras cosas que no puedo reflejar al completo en estas líneas.

La historia de quienes lo estrenaron todo.

Leedla. La historia. Toda.

Esther L. Calderón

Editorial Pepitas de calabaza

Entrevista en Ópera prima

Entrevista en Hoy por hoy

miércoles, 6 de septiembre de 2023

El uso del velo en Turquía


    En 1923, Mustafá Kemal Atatürk proclamó en Turquía una república de inspiración occidental. El islamismo dejó de ser religión de estado y se tomaron medidas como abolir la poligamia, prohibir el uso del fez, y otorgar a la mujer derechos fundamentales como el del voto, el de tener propiedades o ejercer carreras judiciales y políticas. En 1960, se prohibió el velo por primera vez a una alumna que lo llevaba en una universidad. En 1997, la prohibición, que hasta entonces existía más bien en teoría, comenzó a ser aplicada de manera estricta. El sector público turco prohibió a las funcionarias utilizar pañuelos en la cabeza (en la actualidad, se ven mujeres policías jóvenes con sus cabezas y cuellos cubiertos por debajo de la gorra del uniforme).


  

    Con el paso del tiempo, el velo representaba para los sectores más laicos de la sociedad turca, una amenaza a los principios fundamentales del estado establecidos por Atatürk, que los podría dejar expuestos a la islamización.

    Tras una época de crisis económica y falta de liderazgo político, en 2002, El Partido Islámico de la Justicia y el Desarrollo (AKP) consiguió una aplastante victoria en las elecciones. Recep Tayyip Erdogan fue nombrado primer ministro del país; su mandato dura ya veinte años.

    Cuenta la escritora de origen turco Elif Batuman que, con el triunfo de Erdogan, de repente, se presentó a la gente laica como racista y autoritaria por haber reprimido y negado la libertad religiosa durtante tanto tiempo. El perfil antidemocrático de Erdogan se desveló después de las protestas de Gezi de 2013; salieron a la luz acusaciones de corrupción y tácticas represivas con periodistas y partidos de la oposición.

    Las mujeres que se cubrían la cabeza en Turquía solían hacerlo con un simple pañuelo; sin embargo, en los últimos años, se ha introducido el uso del hijab a la manera islámica, e incluso del chador y del niqab. En algunos casos, el motivo puede ser favorecer los negocios de la familia con gente conservadora que gusta de ese estilo de vida. Una parte de la ciudadanía turca ve con dolor y preocupación que el presidente Erdogan conduzca al país hacia una república islámica, como la de Afganistán o Irán, en la que se invisibiliza a la mujer. Algunos hombres y mujeres sienten rechazo a los continuos cánticos en árabe desde los minaretes (que nadie entiende) o a la separación de hombres y mujeres en el interior de las mezquitas. Grupos religiosos fundamentalistas financian la política del presidente, crean escuelas para la población y le ofrecen ayudas, lo que da lugar a escenas que nunca antes se habían visto en Turquía: grupos numerosos de hombres con barba y ropa al estilo islámico, cuyas mujeres esperan discretamente lejos de ellos ocultando sus cuerpos y sus rostros bajo pesadas prendas en pleno verano.

    En la zona turística de Estambul, abundan las mujeres musulmanas procedentes de otros países que cubren sus cabezas y sus cuerpos de forma llamativa, dejando apenas la cara o los ojos a la vista, y, en algún caso aislado, ni un milímetro de cuerpo. En las playas de la costa, mujeres con burkini se bañan, o cuidan de sus hijos mientras el resto de la familia disfruta de los rayos del sol y el agua salada en sus cuerpos libres de ropa.

    Hay mujeres que defienden su libertad para usar el pañuelo. Benli, denuncia los obstáculos que encontraban las mujeres que cubrían la cabeza en el mundo académico y profesional. "Como no pude defender mi tesis frente a un jurado tuve que dejar la universidad. Me convertí en abogada, y aunque tengo mi propio bufete todavía no puedo acudir a mis juicios, o utilizar mis derechos ante la Justicia como cualquier persona normal". Se habla incluso de un feminismo islámico.

    La periodista Amanda Figueras (española convertida al Islam) defiende su uso como un ejercicio de libertad: “Prohibir el velo es igual que obligar a ponérselo. Estamos quitando libertad a las mujeres para hacer lo que quieran.”

    Sin embargo, Najat El Hachmi, periodista española que sabe bien lo que es criarse en un entorno musulmán, tiene claro que el velo es una prisión ambulante, un símbolo de control sobre el cuerpo y la sexualidad de la mujer en un sistema de normas que oprimen a la mujer musulmana. Para ella el Islam nunca fue feminista ni nunca lo será: “El peligro es que muchas chicas muy jóvenes están comprando ese discurso, están creciendo con él. Y lo más eficaz para perpetuar las injusticias y la discriminación es negarlas.”

    No se puede saber si esas mujeres que se esconden debajo de capas de ropa son felices; algunas a quienes se les puede ver la cara lo parecen, pero duele pensar que ese es el futuro que espera a sus hijas pequeñas, que corren y juegan libres sin esas ataduras. Permítase que dudemos de que cuando les llegue el momento de taparse lo escojan con libertad.

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domingo, 3 de septiembre de 2023

El caso Rubiales en contexto

    Se ha escrito y hablado mucho en el último mes sobre el llamado “caso Rubiales” desde que la selección femenina de fútbol ganara el Mundial el pasado 20 de agosto.

    El suceso ha sido la punta del iceberg de la violencia estructural que las mujeres viven en el deporte en general, y en el fútbol en particular. El entrenador actual, Jorge Vilda, llegó a la selección en 2015 para ocupar el puesto de Ignacio Quereda, que la dirigió desde 1988 hasta el Mundial de Canadá, cuando las 23 jugadoras pidieron su dimisión por medio de una carta abierta en la que denunciaban sus métodos “arcaicos” y la falta de preparación. Unas acusaciones que en 2022 se repitieron contra el propio Vilda.

    El documental Romper el silencio de Movistar cuenta que España llegó a estar 16 años sin acudir a competiciones internacionales y su mejor clasificación FIFA fue una 14ª plaza. Quereda se mantuvo en el cargo a pesar de las quejas de las jugadoras y de Mª Teresa Andreu, la presidenta del fútbol femenino, gracias a la connivencia de la Real Federación Española de Fútbol y de Ángel María Villar. No interesaba que el equipo femenino prosperara y no se ponían a su disposición los medios físicos y técnicos necesarios. En 2015, acudieron al Mundial sin conocer a sus adversarias y sufrieron la humillación pública de la derrota y del entrenador; cuando Vicky Losada cometió un error en un partido, le dijo que era una jugadora mediocre y que nunca llegaría a nada en la vida. En las imágenes del momento, a la jugadora, se le saltan las lágrimas mientras Quereda se inclina intimidatoriamente hacia ella y le habla con dureza.

    La periodista Danae Boronat conoció esta historia porque quería escribir un libro sobre las futbolistas y cuando les preguntaba por su paso por la selección, se encontraba, en todos los casos, con la sorpresa de que, lejos de haber sido un episodio memorable de sus carreras, se había convertido en algo traumático. En el documental, se puede ver cómo Quereda agarra a algunas jugadoras de la cara o de la oreja hasta provocarles dolor.

    En 2022, quince futbolistas volvieron a hacer una denuncia pública, esta vez contra Jorge Vilda. Pedían un cambio antes del Mundial de Australia 2023 a causa de unos entrenamientos por debajo de sus capacidades, de las lesiones provocadas por la mala práctica del entrenador y del mal ambiente del vestuario.

    La respuesta de la federación puso en entredicho a las jugadoras y declaró que no iba a permitir que cuestionaran la continuidad del seleccionador nacional y de su cuerpo técnico, ni iba a admitir ningún presión por parte de ninguna de ellas porque ese tipo de maniobras se encontraban alejadas de la ejemplaridad, fuera de los valores del fútbol y del deporte y eran nocivas.

    Quizás a la luz de estos acontecimientos, se explique el espectáculo bochornoso que están dando tanto el presidente actual de la Federación como su entorno. Ojalá sirva para cambiar el funcionamiento interno de este organismo con la selección femenina y darles un trato a la altura de la excelencia que han demostrado al declararse campeonAs del mundo. Sí, con A mayúscula, porque masculino genérico tenemos de sobra en todos los sentidos, ¡anda ya!. Cuánto molesta un femenino cuando se lleva toda la vida hablando de nosotras en masculino... Es para mirárselo.

    Se pueden ver casi treinta minutos de Romper el silencio en el siguiente enlace:


    Otro documental que expone la situación del deporte femenino es Campeonas invisibles, de 2016:


jueves, 21 de julio de 2022

Me quiero, te quiero. Una guía para desarrollar relaciones sanas (Y mejorar las que ya tienes) de María Esclapez.

    


    Tanto que se habla de la necesidad de una educación sexual y afectiva en las escuelas, este libro sería una buena lectura para enseñar a tener relaciones sanas, y no sólo a la adolescencia y a la juventud.   

    Se trata de un manual para identificar y modificar relaciones tóxicas o de dependencia emocional. Empieza hablando de las fases del amor, y de los mitos del amor romántico, para luego estudiar los síntomas de la dependencia emocional, y cómo detectar los abusos emocionales. Tiene un capítulo dedicado a los celos (que son una emoción, no hay personas celosas) y otro, a las personas “narcisistas versus empáticas”. También analiza las rupturas dependientes y sus trampas. Explica cómo llevarlas a cabo correctamente para no caer en un círculo vicioso; la suma de pequeños estímulos con los que se van subiendo escalones conduce a un punto de no retorno (por el secuestro emocional de la amígdala).

    Uno de los últimos capítulos habla de los estilos de apego: cómo se generan, cómo se manifiestan y cómo pueden cambiar a lo largo de la vida. Es especialmente interesante el análisis que hace de la combinación de evasivo-evitativo con ansioso, muy relevante para las relaciones dependientes. Muestra la evolución de cómo  manejan los conflictos estas parejas hasta que llegan a la lucha de poder, dinámica que es muy difícil de romper.

    La lectura se hace muy interesante y amena. En el libro, abundan los ejemplos (empezando por su experiencia personal), los ejercicios o pautas, los análisis de conversaciones de WhatsApp (que le dieron un impulso en redes), los gráficos o esquemas, o conceptos importantes como la “ley del hielo”, el gaslighting, los límites, o la lista de mínimos exigibles en una relación de pareja.

    En su perfil de Instagram, pone a disposición de todo el público infografías con muchas de estas  y otras reflexiones (y sus famosas conversaciones de WhatsApp). Por ejemplo, estas publicaciones sobre la autoestima: 

Cosas que disminuyen la autoestima

Lo que realmente es tener baja autoestima


Asimismo, podemos escucharla en este capítulo del proyecto de Aprendemos juntos:


V. Completa. La importancia de saber decir: "Me quiero, te quiero". María Esclapez, psicóloga


También ha elaborado esta guía para trabajar el contenido del libro con adolescentes.


Este es su Instagram: María Esclapez



domingo, 14 de febrero de 2021

Ni por favor, ni por favora, de María Martín, o lo que es y no es el lenguaje inclusivo.

    Me he traído este libro a una entrada aparte porque creo que se la merece.    

    Lleva como subtítulo "Cómo hablar con lenguaje inclusivo sin que se note (demasiado)"


    Como tanta gente que se ha visto contaminada por los señoros de la RAE y sus acólitos y acólitas, yo tenía un concepto equivocado del lenguaje inclusivo. No consiste en un trabalenguas de duplicaciones de palabras y términos imposibles que no existen (aunque a algunos, a fuerza de usarlo, nos vamos acostumbrando: jueza, médica, ingeniera...), como han querido creer y hacernos creer. Tampoco es llenar los textos de equis o de arrobas imposibles de leer.

    Se trata de hacer visible a la mitad femenina de la población (el neutro, artificial de momento, no lo hace) a la que se ha ocultado durante siglos por una cultura machista. Consiste en incluirla, o en no excluirla del lenguaje. Es evidente que decir una eminencia científica y pensar en un hombre aunque se trate de una mujer, no es un problema del lenguaje, porque la palabra es femenina, sino de la realidad a la que se ha acostumbrado nuestro cerebro. He aquí el interesante experimento que llevaron a cabo una professora y un profesor de Plástica; me parece altamente ilustrativo, tanto por los resultados como por el análisis posterior: Masculino genérico: un experimento de lenguaje inclusivo con dibujos.

    Pero, mientras esta realidad cambia a paso de tortuga, quizás podríamos usar el lenguaje para visibilizar a niñas, jóvenes, mujeres adultas y ancianas que forman parte de dicha realidad. Y, a veces, sí, es necesario duplicar si no hay alternativas (que las hay, y muy buenas: Guía de lenguaje no sexista), igual que cuando se abre un evento con "Señores y señoras" o te dan a elegir en un documento administrativo entre "don" y "doña". En el contexto académico, se puede hablar de "alumnado", de "grupos", de "profesorado", de "familias", de "personal de limpieza", pero si se quiere mandar un comunicado a los tutores, se tendrá que nombrar también a las tutoras, porque, si no se hace, no son visibles, por muy igualitario que se sea y que se tenga en cuenta su labor. Es cuestión de ponerse una vez más las gafas violetas para descubrir dónde no se visibiliza al sexo femenino y de aprender a incluirlo sin que distorsione el discurso en exceso.

    María Martín no es lingüista, pero lleva estudiando los diccionarios desde pequeña porque los ama, y hace una labor ingente estudiando el lenguaje y sus escondites sexistas. No sólo en el masculino genérico (expresión paradójica donde las haya), sino, en las definiciones y en las palabras que se incluyen.

    Por ejemplo, se ha tenido que esperar 98 años para incluir la palabra sororidad desde que Unamuno la propuso. Y entró a la vez que selfi, meme, escrache y viagra que no tuvieron que esperar tanto. No aparece gigolo, pero hay más de ciento cincuenta sinónimos de puta. Y, si alguien tiene curiosidad, que busque en el diccionario de la RAE cunnilingus y felación a ver si encuentra las diferencias.

    Recomiendo: sacudirse los prejuicios, leer a María Martín (que además es una mujer con mucha guasa, no da puntada sin hilo) e interesarse por la labor del perfil Golondrinas a la RAE en Twitter.

    Por cierto, el título del libro siempre me recuerda al monólogo de Luis Piedrahíta sobre las madres:


sábado, 13 de febrero de 2021

Mis lecturas de otoño/invierno (las que recuerdo): A corazón abierto, Los asquerosos, La buena suerte, La nena, Sí puedes.

A corazón abierto, de Elvira Lindo.


    Este y los tres siguientes, los he leído en eBiblio.

    Lo empecé en verano, y no lo acabé porque no me enganchaba. Su lectura me dejaba mal sabor de boca y el padre no me caía nada simpático. Lo cual quiere decir que la autora ha tenido que hacer un esfuerzo enorme para escribirlo; de ahí el título, no sólo por la operación de su madre.

    No es un biografía edulcorada ni siempre amable con quienes fueron sus padres. Pero hay mucho amor y respeto; simplemente, no ha disfrazado la realidad. Ha contado la verdad, su verdad (cada cual tiene su versión). Y ha tratado de darse respuestas a preguntas que la han formado como personaje de la novela  y de su propia vida, a ella y a su familia. Hace unas semanas lo retomé y lo terminé.

Los asquerosos, de Santiago Lorenzo.

    Con este libro, como con el anterior y con muchos otros, que no acaban de llenarme, he ejercido los Derechos del lector de Pennac. Me habían hablado muy bien de él, y, lo siento, pero no me ha gustado. Reconozco su mérito como experimento antropológico y narrativo, su originalidad, las curiosidades que experimenta Manuel... Sin embargo, seré muy simple, a mí un libro me tiene que conmover de alguna manera, o conseguir que me encariñe con sus personajes, que me atrapen. Desde luego, a través de las líneas de esta novela y de sus dos personajes sólo llegan emociones muy contenidas.

    El derecho que he ejercido esta vez es el de, a mitad de libro, o un poco más allá, saltar directamente al final para ver qué ocurría finalmente con el dichoso sobrino prófugo de la justicia.

La buena suerte, de Rosa Montero.

    

    Cuando escuché la entrevista a la autora por esta novela en De Pe a Pa, no me atrajo demasiado la historia. Pero, luego, vi que Patrica Ramírez, que ha empezado un club de lectura, estaba enganchada y me animé. Al acabar el libro, volví a a escuchar la entrevista anterior y cobró otro sentido para mí.

    La curiosidad de la escritora al ver desde el tren un cartel cutre de "Se vende" en una casa fea, en el pueblo más feo que se pueda imaginar, da pie a toda una novela con un entramado de historias y de personajes.

    He aquí uno de los misterios de la escritura y de la inspiración. Otro es cómo un personaje (Raluca, la vecina del protagonista) al que la autora quería secundario en un principio, se acaba comiendo la novela como si tuviera vida propia. Aunque al principio me rechinan un poco sus monólogos, va cogiendo fuerza y personalidad a lo largo de las páginas y termina por conquistar el corazón del lector.

    Algo que me admira de Rosa Montero es su capacidad para investigar los temas y los asuntos más variopintos, y dotar a sus novelas de verosimilitud, y, a sus personajes, de rasgos singulares. Como la obsesión del protagonista por saber cómo se sobrevive en situaciones de peligro extremo, por ejemplo, al caer en aguas movedizas, o el relato de crímenes atroces para reflexionar sobre el bien y el mal.

    Tenemos un protagonista, Pablo, atractivo, inteligente, interesante, misterioso, con un pasado difícil de digerir. Es un personaje cerrado que se va quitando capas poco a poco hasta quedarse totalmente al desnudo. Me entra la duda de que alguien que ha reprimido tanto sus emociones y sus relaciones pueda llegar a cambiar aunque sea de la mano de un ángel como Raluca.

    Por último, está  Felipe, un secundario cuyo papel se vuelve imprescindible en la historia. Ahora que lo pienso, me recuerda un poco al archivero Yiannis de la trilogía de Bruna Husky: por la edad, por su vulnerabilidad y por suplir en parte a los padres que les faltan a los protagonistas.

   Además de una novela de intriga, es, como todas las de Rosa Montero, una novela de emociones, de reflexiones sobre la sociedad, sobre el ser humano y sobre las relaciones humanas, y sobre la familia. Y, como el título indica, sobre la buena suerte: qué decide cada persona qué es buena suerte, y cómo construye su vida con las cartas que le han tocado.


La nena, de Carmen Mola.


    Por lo visto, estamos ante la inspectora y la trilogía de moda, pero yo no me había enterado. Tuve que entrar en el blog de A libro por mes, en busca de materia prima que llevarme a los ojos, para saber de su existencia. Ana ya había leído los dos anteriores en abril. Lo cual no se si es mérito o masoquismo.

    Un buen libro policiaco siempre es "fácil" de leer porque te atrapa y no te deja soltarlo. Si bien con la trilogía del Baztán, pensé que se habían colmado todos los horrores que la imaginación puede alcanzar en territorio español, al leer los crímenes de La nena, no puedo evitar preguntarme cómo se le ocurren a nadie semejantes barbaridades, y tiene el estómago de describirlas con pelos y señales.

    Me cuenta una amiga que oyeron en audiolibro creo que La novia gitana durante un viaje, y que una sobrina suya todavía recuerda pasajes de aquella audición con horror. No me extraña.

    Resulta que me entero por Voy a ver qué leo que la autora no es tal, sino que se trata del seudónimo de un conocido escritor. Pues me enfadé, y mucho. ¿Por qué para escribir novelas en que se tortura a mujeres y a niños tiene que llamarse Carmen y no Carlos? Ya sé que es una estrategia para vender más. Pero no me gusta. Conmigo que no cuente más.

Sí puedes, de Ramiro Calle

    "Una sabiduría práctica" lleva por subtítulo esta recopilación de los artículos del maestro de yoga en el periódico La Vanguardia. Con ellos, responde a los problemas que le planteaban distintos lectores. Regalo de mi amiga Pilar en 2013.

   
    Lo he recuperado de la estantería con el propósito de leer cada vez un artículo a modo de píldora saludable. El crecimiento personal es un trabajo diario con el que se van adquiriendo recursos, logros y hábitos que no podemos dar por consolidados, que tenemos que seguir practicando como si del cepillado de dientes se tratara. No por lavarte los dientes una vez de forma perfecta, tu dentadura está sana y limpia para siempre.

    La meditación, el ego, la confianza, el vivir el momento presente, conocer nuestras emociones... son constantes en los consejos del autor.

    Querer es poder. Este artículo sobre el cambio es especialmente bueno: "No se enciende la lámpara con sólo pronunciar la palabra luz. Es necesario darle al interruptor." 









miércoles, 10 de febrero de 2021

Mis lecturas de verano (las que recuerdo): Autoestima automática, Americanah y Una educación.

 Autoestima automática, de Silvia Congost.

    Es el único libro de esta psicóloga, a la que sigo en Instagram, que está disponible en eBiblio.

    Me estoy dando cuenta de que tengo que repasarlo porque, en el momento, me sirvió y me ayudó, pero, estas herramientas, si no las tienes presente y las refrescas cada poco tiempo, se olvidan.

    Inserto imágenes de fragmentos que subrayé, y el enlace a una carpeta de Drive donde las guardé, por si alguien quiere leer más.

    Algo importante en psicología cognitiva y conductual es conocer el PEC: un Pensamiento provoca una Emoción y esta, una Conducta. El origen de nuestras acciones y de nuestras emociones es el cerebro, pero no solemos ser conscientes del pensamiento que las provoca. A veces, es la conducta o la emoción la que nos hace llegar al pensamiento. Se puede cambiar la conducta "inadecuada" y modificar así la emoción y el pensamiento, según la escuela conductual; o, identificar el pensamiento que nos hace sufrir, y cambiarlo por otro más positivo, para modificar la emoción y la conducta, según la escuela cognitiva. Esta es mi explicación de "andar por casa", que me perdonen los profesionales.





Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie.

    Tenía muchísimas ganas de leer esta novela desde hace tiempo, y me la regalé en el libro electrónico a final del curso pasado. Véase la reseña de Voy a ver qué leo

    Chimamanda, es una escritora nigeriana de enorme belleza, con una gran fuerza y mucho sentido del humor: una diosa. Hace tiempo que vi sus charlas TED que recomiendo encarecidamente, también disponibles en sus libros correspondientes: El peligro de la historia única y Todos deberíamos ser feministas. Véase la reseña de A libro por mes.


    El libro de Americanah no defraudó mis ilusiones. Lo leí, además, en pleno apogeo del #BlackLivesMatter, con lo que cobró aún más sentido. Su protagonista, Ifemelu, no se había dado cuenta nunca del color de su piel hasta que fue a estudiar desde Nigeria a Estados Unidos. Se plasma además la diferencia que existe en este país entre negros africanos y negros afroamericanos.

   
    Aparte de ser una narración que te atrapa, tiene un poco de todo: AMOR, familia, intriga, corrupción, migración, multiculturalidad, inseguridad personal y autoestima, suicidio, feminismo... Se trata de una historia personal de gran complejidad en que la protagonista trata de hacerse y rehacerse a sí misma. También, de un dibujo de la sociedad norteamericana y sus muchos recovecos a través de los ojos y de la experiencia de Ifemelu. Y de una aproximación a la sociedad nigeriana, un país con una gran riqueza cultural, que quiere modernizarse, pero que ancla a sus mujeres al patriarcado, con fuertes cadenas.

    Algo que me impresionó fue conocer el sufrimiento que los tratamientos para trenzar y alisar el pelo causan a las mujeres de raza negra. No tenía ni idea. Es algo que va mucho más allá de la moda o de la estética. Es una carta de presentación que te puede abrir o cerrar puertas. Si el sexo femenino, en general, es esclavo de la imagen en nuestra sociedad sexista, en este caso, la esclavitud se convierte en auténtica tortura. De hecho, hay un movimiento "civil" para recuperar el pelo afro:



    Americanah es, en mi opinión, un libro de obligada lectura. Nos ayuda a abrir el objetivo de nuestra mirada a otra cultura que no es la nuestra, a otros problemas que no son los nuestros, pero que afectan a seres humanos que se emocionan y sufren igual que cualquiera y que tienen sueños igual que cualquiera. TODO EL MUNDO SUFRE Y QUIERE SER FELIZ, esto es, en la meditación de la compasión, lo que nos iguala a los seres humanos. No es justo que por pertenecer a una raza o a otra,  por nacer en un país o en otro, se arrebaten derechos y se hagan diferencias.

Una educación, de Tara Westover.

    Este es un recuerdo a Asun, mi suegra, que murió a los 86 años, el 28 de septiembre de 2020. Aunque no cursó estudios superiores, era una gran lectora y conservó la afición hasta el final. Este libro se lo regalé en Reyes de 2020. Lo leyó dos veces. Algo que no me explico, porque ella era muy sensible para las escenas escabrosas, y la historia está basada en hechos reales, con escenas muy, muy duras (alguna no pude leerla completa) sobre accidentes y agresiones que sufrieron la protagonista o su familia. Todos ellos causados por la educación que les dio el padre (mormón extremista, y víctima de un trastorno bipolar probablemente) y el tipo de vida que los obliga a seguir.

   
     Escuché la recomendación a Amaya Ascunce (quien también recomienda a Chimamanda) en uno de sus programas con Cristina Mitre.

    El mismo país que visita Ifemelu como inmigrante, es en el que nace Tara, pero tampoco es el Estados Unidos que solemos ver en las películas, sobre todo, teniendo en cuenta que la mayor parte de su vida transcurre en las preciosas montañas que la vieron crecer.


Tara Westover, autora y protagonista.

    Es una historia durísima como ya he dicho. Me dejó mal cuerpo. Pero es otra lectura muy aconsejable porque, contra todo pronóstico, la educación salvó la vida de Tara. Literalmente; si no hubiese seguido la vía de los estudios, no sé si habría sobrevivido a las barbaridades que tenía que soportar en su casa. El efecto que la educación tiene en ella queda maravillosamente reflejado en esta frase: "La palabra y el modo en que la pronunciaba Shawn no había cambiado; mis oídos, sí". La educación le abre los ojos y los oídos, le hace ver el mundo que la rodea desde otro punto de vista que ya no podrá cambiar. Cuando el efecto Pigmalión empieza, no hay quien lo pare.

    Aunque el camino, que acabará llevándola a Cambridge, no es fácil ni recto ni corto precisamente. Afortunadamente, en el trayecto, encontró gente buena que la ayudó, incluso uno de sus hermanos y una tía. Porque el calvario de Tara no sólo tiene secuelas físicas, que esas se curan, sino, sobre todo, emocionales, que le costará más reconocer y mirar cara a cara. El precio que tiene que pagar es muy alto. No quiero destripar el final, sólo diré que, por mucho que una familia y unos padres sean malos, los peores, es la única familia que se tiene (aunque se puedan elegir y crear familias nuevas en la edad adulta), y con la única que se ha creado un vínculo o un apego en la infancia, y tiene que ser muy duro no encajar o que te hagan sentir que no encajas.

    Termino con una bonita metáfora de la propia Tara cuando sube a un campanario en Inglaterra: "Aguanto este viento porque no intento aguantarlo. Soportamos estas ráfagas en el suelo, de modo que también podemos soportarlas estando en lo alto. No hay diferencia. Salvo la que establecemos en la mente. (...) Yo me limito a estar de pie. Usted y los demás tratan de mantener el equilibrio, de inclinar el cuerpo porque les asusta la altura. Pero agacharse y caminar de lado no es natural. De esa forma se vuelven vulnerables. Con solo controlar el pánico, se consigue que el viento no sea nada."
 







Escribiendo la entrada, he recordado otro libro que leí también en verano. Todo cuanto amé, de Siri Hustvedt. Lo recomiendo, pero no es una lectura tan fácil narrativamente como la de las otras dos novelas. He aquí el artículo sobre la autora en Voy a ver qué leo. 


lunes, 8 de febrero de 2021

Ella pisó la luna. Ellas pisaron la luna, de Belén Gopegui.

    Hace mucho que no hablo de libros. Aunque leo (no tanto como quisiera), mi cerebro no da para reflexiones sabias y ágiles. Así que haré una breve reseña de esta última lectura. Está disponible en eBiblio.



    Soy una recién llegada a la coeducación, y estoy descubriendo un mundo  sobre el que toda la ciudadanía tendría que tener formación. Una vez que te pones las gafas violetas, ya no te las quieres quitar, por mucho que te digan que no hacen falta, que no te favorecen, o que son incómodas. Intentando entender un poco mejor todos los aspectos de lo que implica la coeducación, me apunté a un curso del CEP de Santander en el que están participando figuras de referencia. En la última sesión, la asesora y otra compañera recomendaron este libro que traigo a la entrada.

    Se trata de una lectura fácil por su fluidez narrativa, corta y diferente. Trata sobre mujeres de las que no se habla, pero que no por ello dejaron de jugar un papel importante en la sociedad, como la madre de la autora. Una historia dolorosa y triste, pero, también, alegre y valiente.

    El origen del texto es una conferencia para el ciclo de "Ni ellas musas ni ellos genios" de Clásicas y modernas.

    Como la historia de la madre es larga y se cuenta en varias fases, copio a continuación la historia dramática de otra madre, junto con la petición de la autora de que rescatemos más narraciones de mujeres invisibles de nuestro entorno.