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viernes, 5 de agosto de 2022

¿Por qué me gusta This is us?


Hace tiempo, escuché por primera vez a Amaya Ascunce hablar de esta serie en un podcast de Cristina Mitre. Decía que en un episodio pasaba de la risa al llanto a partes iguales. Me interesó.

Dejo bien claro que es una serie con una buena dosis de ñoñería o sensiblería que a mucha gente le puede "tirar pa'tras", y que, evidentemente, es ficción.

Otro factor a tener en cuenta: no te puedes fiar de los primeros capítulos. La serie se construye a medida que van pasando episodios y temporadas. Para mi gusto, las cuatro primeras son las mejores, una historia redonda; la quinta y la sexta temporadas creo que son un estiramiento del éxito de las anteriores (aunque no dejan de tener capítulos y momentos maravillosos).

El ingrediente que más me atrae es, sin duda, el emocional. Se abordan las emociones de cada personaje a lo largo de su vida, y se ve cómo condicionan las relaciones con el resto de la familia, y viceversa. En cada episodio, suele haber dos o tres zonas temporales, incluso a veces cuatro, con un hilo temático o de argumento que las vertebra. Sin duda, la manera en que se entreteje la trama es el ingrediente que te atrapa de un capítulo a otro. El guion da  giros totalmente inesperados entre capítulos, entre temporadas, o, dentro del mismo episodio. Los guionistas van soltando miguitas (aparentemente sin importancia) que van recogiendo tiempo después y revelando que aquel detalle insignificante era crucial.

Es sorprendente ver la caracterización de cada actor desde el inicio de la vida adulta hasta la madurez, así como el asombroso parecido entre los actores que representan a los tres hermanos Pearson en las distintas etapas de su infancia, adolescencia y juventud.

La serie es la vida (como dice el cartel, "This is real"). Crea un universo en el que estoy a gusto. Es una serie en la que me siento segura porque sé  que todos los conflictos se acaban resolviendo aunque no sea siempre de la "mejor" manera. Vives emociones y situaciones a través de sus personajes, los acompañas en sus problemas y en sus caminos personales (cada uno muy duro) como si fueran algo tuyo, como si una parte de ti lo estuviera viviendo y superando también.

Toca todos los problemas posibles de la vida actual (incluida la pandemia) y del ser humano: las adicciones, la obesidad, la ansiedad, el duelo, la diversidad sexual, el racismo... por nombrar algunos. Y todos, para mi gusto, con gran sensibilidad, profundidad y acierto. Pero el que sobrevuela por encima de todos es el de las relaciones personales: en la pareja, con el padre (con el otro), con la madre (con la otra), con un hermano, con el otro, con la otra, con un hijo, con el otro, con la otra... Y la más importante: de cada personaje consigo mismo: con sus luces, y con todas y cada una de sus sombras.

Mi personaje preferido es Beth. Por su belleza, su elegancia y su preciosa sonrisa. También, por su sensibilidad, su humanidad, su vulnerabilidad, su fuerza, su cariño y su sentido del humor. La complicidad que establece con William (el padre biológico de su marido) nos regala alguno los momentos más bonitos de la serie. La pareja que forma con Randall (al igual que la de Rebecca y Jack) está basada en el respeto, la comunicación y la confianza. Es un amor incondicional que soporta los embistes de la vida.

Como decía, con cada personaje aprendes una lección, pero hay uno que me parece especialmente bien construido en este sentido: Kate, la chica de los "súper tres". Puede que sea el que más evoluciona desde la infancia. La razón por la que también me parece todo un acierto es la estética de la actriz, que  rompe los estereotipos a los que estamos acostumbrados en personajes protagonistas. Con lo cual, se demuestra que se puede tener éxito con personajes que se alejan de los cánones de una sociedad que encasilla a las personas en una belleza convencional. Vemos a Kate pasar de ser una niña dulce, alegre y feliz, a sentirse discriminada por su peso  y empezar a tener miedos. Así, llega a una adolescencia y juventud complicadas que la convierten en huraña. Luego, en la edad adulta, la vemos crecer también sufriendo un proceso de trasformación enorme que la llevará a convertirse en la mariposa que estaba destinada a ser.

Me comentaba una amiga a quien también le encanta la serie, que los personajes no dejan de evolucionar. A través de ellos, te das cuenta de cómo evolucionas tú y lo que aún puedes hacer. Es un serie que te reconcilia con el ser humano. A pesar de las muchas dosis de drama, te deja buen sabor de boca. Ver This is us es volver al hogar.

Disponible en Amazon Prime Video, Movistar, y RTVE Play (creo que la primera temporada de momento).

miércoles, 27 de julio de 2022

Abrazar las emociones

    Abrazar, transitar, surfear las emociones... son términos que se usan para gestionar la ansiedad, la tristeza o el miedo.

Soledad Voulgaris
   
    ¿Cómo se hace? A continuación, comparto recursos que a mí me ayudan.

  Las emociones no se pueden elegir. Podemos elegir qué hacemos con ellas; buscar los pensamientos que las producen, y cambiarlos; darnos tiempo para responder en vez de reaccionar; pero no podemos elegir la emoción que un hecho o un pensamiento nos producen porque es algo automático del cerebro. Entender esto nos descarga de "culpa" ante emociones "desagradables" y nos invita a ser responsables de ellas, es decir a aceptarlas.

   Dicho de otra manera, abrazar o aceptar es lo mismo que no resistirse a la emoción. Primero, ayuda mucho identificar cuál es y ponerle nombre. Escuchar qué nos dice, localizar dónde se siente, y mandar aire a esa zona con la respiración. Yo la verbalizo y respiro. También se puede decir algo del tipo "Siento miedo. Así está bien. Le hago espacio. Yo no soy mi miedo". Visualiza que estás en el mar y en vez de resistirte a las olas, te dejas llevar por ellas a la vez que respiras.

    Otro recurso es escribir. Comprar una libreta bonita y escribir todo lo que viene a la cabeza. Esto me dijo una amiga muy sabia cuando compré mi cuaderno: "El más bonito que encuentres. Es importante para que lo que salga después del proceso de escritura también sea bonito."

    María Esclapez explica en Me quiero, te quiero que hay tres niveles de expresión: pensar, hablar y escribir. El último es un nivel de conciencia superior. Se necesita gastar más energía y recursos cognitivos. Hace que lo pensado y sentido pueda entenderse mejor, no solamente por lo que conlleva expresarlo y plasmarlo, sino por la impresión que nos invade a golpe de vista, una vez que lo hemos reflejado todo. Y un nivel aún superior es dibujar. A mí también me ha ayudado este libro de cómo dibujar mapas mentales que escuché recomendado en el podcast De piel a cabeza. Voy escribiendo palabras que me vienen a la cabeza ese día, haciendo ramificaciones y acompañándolo de dibujos (esquemáticos porque yo no sé dibujar, y aun así, me cuesta) y colores.

    En la película Inside out, Alegría no dejaba que Tristeza tomara el poder en el cerebro de la protagonista, pero ella no recuperó lo que había perdido hasta que actuó Tristeza. Y fue posible porque se dio permiso para abrazar esa emoción.

    A veces, hay que hacer la plancha: dejarse estar, no hundirse más en el pozo, pero, no luchar contra la emoción. Si estás triste, pues ese día o ese rato, quizás toca estar triste, bajar el ritmo, no exigirse, darse permiso. Yo me escribí algo en una carta a mi niña interior: "Me doy permiso para enfadarme y estar triste. Sé que no me dejaron. Yo me dejo. Estoy a mi lado. Me apoyo y me quedo conmigo hasta que esté mejor. Me doy tiempo." Se puede formular en segunda persona también, como le llegue mejor a cada uno. "Me importa mi dolor. Me importan mi sentimientos. Me cojo en brazos. Me agarro de la mano. Me quedo conmigo. Me sostengo."

    Es angustioso no poder controlar la ansiedad. Los ansiolíticos y los antidepresivos (bajo supervisión médica siempre) ayudan a dormir y a no sentir ese descontrol que es muy desagradable y limitante. Pero, a la vez, es importante escuchar qué nos dice la ansiedad y aprender recursos para cuando vuelva y que no te desborde.

  El año pasado, fui a una psicóloga que practica EMDR, que es una técnica que se usa con el shock postraumático. No creía nada mientras lo hacía, pero, al día siguiente, me había desaparecido la angustia. Me contó mi hermana que ella conoce a una profesional que la usó con niños soldado y, al poco tiempo de empezar la terapia, dejaron de hacerse pis en la cama y de tener pesadillas. 

    Consiste en conectar los hemisferios cerebrales mediante el estímulo del tacto, de la vista o del oído. Yo creo que es lo que hace la técnica del tapping, como el abrazo de la mariposa, al dar golpes en cada lado del cuerpo. O la música 8D que se usa con auriculares, y la respiración alterna del yoga.

    De todas formas, está bien llorar en el trabajo, está bien llorar delante de nuestras hijas e hijos (y, por lo visto, se libera cortisol, la hormona del estrés). Hay que normalizar que somos seres humanos que sufrimos y a veces no podemos con todo. Desde la pandemia, se habla mucho de salud mental. Por eso, hay personajes públicos que están compartiendo sus experiencias y exponiendo sus historias personales.

    Hablemos de emociones; hablemos de tristeza, de miedo, de ansiedad... hablemos de salud mental. En general, pero también de la nuestra. No nos escondamos más. Guardar "la mierda" debajo de la alfombra sólo hace que se acumule y que tropecemos.

    Aprovecho para recomendar a otra psicóloga en Instagram que me encanta: lapsicologajaputa (lo siento, se llama así, jeje).

domingo, 26 de junio de 2022

La clave: volver a levantarse

"Lo más importante no es no haberse caído nunca, sino levantarse después de cada caída."

Suena a tópico, pero es así. No hay un secreto de la felicidad. No hay una fórmula que se aprenda y que garantice el bienestar permanente. Por supuesto, hay muchas enseñanzas valiosas, pero lo más importante es encontrar las que sirven a cada persona, y tenerlas presentes cuando vengan "mal dadas". Lo más importante es volver a intentarlo aunque se haya caído de nuevo en los errores que se querían evitar. Si se cae: se acepta, te das permiso para el error, te perdonas, lo dejas ir y lo intentas de nuevo. Las veces que haga falta.

Ocurre a menudo que se lee un libro, una frase, se hace un curso, se escucha una charla que abre los ojos, que señala el camino con claridad, pero, luego, se vuelve a la rutina, baja el entusiasmo y se olvida.

O se empieza a practicar y, al primer momento flojo, se cree que no funciona, por lo que se regresa a las antiguas costumbres, a los antiguos surcos del cerebro sin haber dado tiempo a crear los nuevos. Entonces, se extrae la conclusión de que esos cambios no son para ti, que no funcionan contigo, se tira la toalla y se desconfía de cualquier enseñanza porque "no sirvió de nada" en el pasado.

Los cambios de hábitos, o su nueva adquisición, requieren tiempo y esfuerzo. Si se quiere mejorar la autoestima, se tiene que cuidar cada día, un día tras otro, poniendo mucha atención a las caídas y a los momentos de baja forma. Transitarlos, darles espacio, y, al mismo tiempo, recordar que un día o un momento bajos son pasajeros, y confiar en que habrá nuevas oportunidades de volver a intentarlo.

Si se quieren combatir los pensamientos dañinos, hay que trabajarlos: identificarlos, buscar estrategias para ponerlos a raya, cambiarlos por otros que sean constructivos. Requiere consciencia y cierta disciplina.

El problema no está en el método, ni en la persona. No hay fallo: hay oportunidades. Vuelve a intentarlo cada vez que surjan.

Esto en cuanto al trabajo personal se refiere, aquel que depende única y exclusivamente de uno mismo. Pero, en situaciones de convivencia que implican a terceras personas, igual de importante es saber cuándo decir basta. Se han dado muchas oportunidades que no dependen de una o de uno mismo, y no han funcionado. Entonces, la clave quizás no sea volver a intentarlo, sino dejar de intentarlo con esa persona, cambiar de estrategia porque está claro que esa no ha funcionado. Que se intentó muchas veces y es hora de probar algo diferente que aún no se hizo.

Tampoco es fácil. Hay que tener los límites muy claros y darte prioridad.


sábado, 13 de febrero de 2021

Mis lecturas de otoño/invierno (las que recuerdo): A corazón abierto, Los asquerosos, La buena suerte, La nena, Sí puedes.

A corazón abierto, de Elvira Lindo.


    Este y los tres siguientes, los he leído en eBiblio.

    Lo empecé en verano, y no lo acabé porque no me enganchaba. Su lectura me dejaba mal sabor de boca y el padre no me caía nada simpático. Lo cual quiere decir que la autora ha tenido que hacer un esfuerzo enorme para escribirlo; de ahí el título, no sólo por la operación de su madre.

    No es un biografía edulcorada ni siempre amable con quienes fueron sus padres. Pero hay mucho amor y respeto; simplemente, no ha disfrazado la realidad. Ha contado la verdad, su verdad (cada cual tiene su versión). Y ha tratado de darse respuestas a preguntas que la han formado como personaje de la novela  y de su propia vida, a ella y a su familia. Hace unas semanas lo retomé y lo terminé.

Los asquerosos, de Santiago Lorenzo.

    Con este libro, como con el anterior y con muchos otros, que no acaban de llenarme, he ejercido los Derechos del lector de Pennac. Me habían hablado muy bien de él, y, lo siento, pero no me ha gustado. Reconozco su mérito como experimento antropológico y narrativo, su originalidad, las curiosidades que experimenta Manuel... Sin embargo, seré muy simple, a mí un libro me tiene que conmover de alguna manera, o conseguir que me encariñe con sus personajes, que me atrapen. Desde luego, a través de las líneas de esta novela y de sus dos personajes sólo llegan emociones muy contenidas.

    El derecho que he ejercido esta vez es el de, a mitad de libro, o un poco más allá, saltar directamente al final para ver qué ocurría finalmente con el dichoso sobrino prófugo de la justicia.

La buena suerte, de Rosa Montero.

    

    Cuando escuché la entrevista a la autora por esta novela en De Pe a Pa, no me atrajo demasiado la historia. Pero, luego, vi que Patrica Ramírez, que ha empezado un club de lectura, estaba enganchada y me animé. Al acabar el libro, volví a a escuchar la entrevista anterior y cobró otro sentido para mí.

    La curiosidad de la escritora al ver desde el tren un cartel cutre de "Se vende" en una casa fea, en el pueblo más feo que se pueda imaginar, da pie a toda una novela con un entramado de historias y de personajes.

    He aquí uno de los misterios de la escritura y de la inspiración. Otro es cómo un personaje (Raluca, la vecina del protagonista) al que la autora quería secundario en un principio, se acaba comiendo la novela como si tuviera vida propia. Aunque al principio me rechinan un poco sus monólogos, va cogiendo fuerza y personalidad a lo largo de las páginas y termina por conquistar el corazón del lector.

    Algo que me admira de Rosa Montero es su capacidad para investigar los temas y los asuntos más variopintos, y dotar a sus novelas de verosimilitud, y, a sus personajes, de rasgos singulares. Como la obsesión del protagonista por saber cómo se sobrevive en situaciones de peligro extremo, por ejemplo, al caer en aguas movedizas, o el relato de crímenes atroces para reflexionar sobre el bien y el mal.

    Tenemos un protagonista, Pablo, atractivo, inteligente, interesante, misterioso, con un pasado difícil de digerir. Es un personaje cerrado que se va quitando capas poco a poco hasta quedarse totalmente al desnudo. Me entra la duda de que alguien que ha reprimido tanto sus emociones y sus relaciones pueda llegar a cambiar aunque sea de la mano de un ángel como Raluca.

    Por último, está  Felipe, un secundario cuyo papel se vuelve imprescindible en la historia. Ahora que lo pienso, me recuerda un poco al archivero Yiannis de la trilogía de Bruna Husky: por la edad, por su vulnerabilidad y por suplir en parte a los padres que les faltan a los protagonistas.

   Además de una novela de intriga, es, como todas las de Rosa Montero, una novela de emociones, de reflexiones sobre la sociedad, sobre el ser humano y sobre las relaciones humanas, y sobre la familia. Y, como el título indica, sobre la buena suerte: qué decide cada persona qué es buena suerte, y cómo construye su vida con las cartas que le han tocado.


La nena, de Carmen Mola.


    Por lo visto, estamos ante la inspectora y la trilogía de moda, pero yo no me había enterado. Tuve que entrar en el blog de A libro por mes, en busca de materia prima que llevarme a los ojos, para saber de su existencia. Ana ya había leído los dos anteriores en abril. Lo cual no se si es mérito o masoquismo.

    Un buen libro policiaco siempre es "fácil" de leer porque te atrapa y no te deja soltarlo. Si bien con la trilogía del Baztán, pensé que se habían colmado todos los horrores que la imaginación puede alcanzar en territorio español, al leer los crímenes de La nena, no puedo evitar preguntarme cómo se le ocurren a nadie semejantes barbaridades, y tiene el estómago de describirlas con pelos y señales.

    Me cuenta una amiga que oyeron en audiolibro creo que La novia gitana durante un viaje, y que una sobrina suya todavía recuerda pasajes de aquella audición con horror. No me extraña.

    Resulta que me entero por Voy a ver qué leo que la autora no es tal, sino que se trata del seudónimo de un conocido escritor. Pues me enfadé, y mucho. ¿Por qué para escribir novelas en que se tortura a mujeres y a niños tiene que llamarse Carmen y no Carlos? Ya sé que es una estrategia para vender más. Pero no me gusta. Conmigo que no cuente más.

Sí puedes, de Ramiro Calle

    "Una sabiduría práctica" lleva por subtítulo esta recopilación de los artículos del maestro de yoga en el periódico La Vanguardia. Con ellos, responde a los problemas que le planteaban distintos lectores. Regalo de mi amiga Pilar en 2013.

   
    Lo he recuperado de la estantería con el propósito de leer cada vez un artículo a modo de píldora saludable. El crecimiento personal es un trabajo diario con el que se van adquiriendo recursos, logros y hábitos que no podemos dar por consolidados, que tenemos que seguir practicando como si del cepillado de dientes se tratara. No por lavarte los dientes una vez de forma perfecta, tu dentadura está sana y limpia para siempre.

    La meditación, el ego, la confianza, el vivir el momento presente, conocer nuestras emociones... son constantes en los consejos del autor.

    Querer es poder. Este artículo sobre el cambio es especialmente bueno: "No se enciende la lámpara con sólo pronunciar la palabra luz. Es necesario darle al interruptor." 









martes, 4 de junio de 2019

Incertidumbre y cambio

Hoy, hablando con unas amigas sobre problemas de salud que les están dando la lata y les provocan  preocupación e inquietud, he hecho una reflexión que últimamente me recuerdo con frecuencia: es difícil vivir con la incertidumbre sobre la que no tenemos control.


Muchas son las situaciones en la vida que nos provocan sufrimiento. En la meditación que yo practico (Entrenamiento de la Compasión con Base Cognitiva, o CBCT, las siglas en inglés), se explica el origen de nuestro sufrimiento en torno a cuatro dicotomías:

  1. Entre el apego al control y el miedo al caos.
  2. Entre el apego a las posesiones y el miedo a la pérdida.
  3. Entre el apego a la aprobación de los demás y el miedo a la crítica.
  4. Entre el apego al bienestar y el miedo al dolor.

Cuando sufrimos, ayuda pararse a pensar cuál de estos cuatro apegos o miedos es el que nos está haciendo sufrir, e intentar aceptarlo. A la vez, recordar los momentos difíciles que superaste, similares al que vives; saber que puedes lograrlo de nuevo, aunque no sea ahora mismo. Todo el mundo sufre y quiere ser feliz. Eso es lo que todos los seres humanos tenemos en común.

En la meditación en la compasión, también se tiene presente que la vida es cambio:

  • Lo que sube baja.
  • Lo que se congrega se dispersa.
  • Lo que se acumula se agota.
  • Lo que nace muere.


Necesitamos serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las cosas que podemos cambiar y sabiduría para conocer la diferencia.

Esta conocida cita es el lema permanente de un psicólogo que colabora en un podcast que he descubierto hace poco y que me gusta mucho: Entiende tu mente. Tienen muchos programas, y muchos de ellos, muy recomendables, pero aquí dejo el enlace a este que precisamente habla sobre la "Gestión de la incertidumbre".

jueves, 30 de mayo de 2019

Escritura y convivencia

Hoy he encontrado estas páginas de un cuaderno que comencé hace casi dos años (y que no continué, jeje):

A menudo, me vienen pensamientos que me gustaría plasmar en el papel. Lo malo es que cuando tengo el tiempo o la ocasión para sentarme a hacerlo, esos pensamientos que pudieron parecerme ingeniosos o lúcidos en su momento, ya se han esfumado. Lo mismo que el momento que me inspiró como las palabras que me dictaba el pensamiento. Es curioso cómo el simple acto de empuñar el lápiz ya hace que se desvanezca el discurso que había imaginado instantes antes, junto con las palabras que lo hilvanaban.

Ahora mismo recuerdo a Lope de Vega. No sé si "Un soneto me manda hacer Violante" empezaría así. Si, sin estar inspirado para escribir, se sentó a ello. Y, "burla, burlando", ya lleno mi primera cara del cuaderno, y comienzo la segunda.

Podría escribir sobre la dificultad que encierra la convivencia; sobre las trabas que nos ponemos unos a otros a pesar de que nadie conscientemente quiere hacer daño a otro (nadie emocionalmente equilibrado, quiero decir). La convivencia podría resultar muy sencilla si nos parásemos a pensar unos segundos, y decidiéramos qué es mejor: elegir defender nuestro orgullo, aunque esto pueda generar conflicto, o elegir defender la buena convivencia con nuestros seres queridos, y no tan queridos.

En realidad, no hay tantas causas, circunstancias o motivos que merezcan nuestro enfado, o, mejor dicho, que merezcan sacrificar la paz. Tal vez, sólo cuando atacan nuestros principios o nuestros valores, o a otro ser humano, especialmente, si es un ser querido.

Pero, incluso si atacan nuestras ideas, tampoco merece la pena perder la paz interior, pues la mayoría de las veces, la otra persona no quiere o no va a escucharnos; no vamos a conseguir que cambie de opinión y puede que ni de actitud. Nuestros principios no van a desparecer  porque alguien los ataque. Entonces, sólo merecería la pena arriesgar nuestra paz interior si alguien nos obliga a hacer algo que vaya contra nuestros principios.

¿Qué es más importante? ¿Ser feliz o tener razón?


¿Quién es más fuerte? ¿Quien se enfrenta al otro por sus actos o por sus ideas o quien consigue mantener la calma sin sentirse atacado? Yo lo tengo claro: el que conserva la calma; a mí, me cuesta mucho más esfuerzo. Cuando nos enfadamos por las palabras o  los actos de otra persona, estamos perdiendo poder sobre nosotros mismos y otorgándoselo a esa persona. Tenemos la ocasión de elegir y decidir cómo podemos responder al respecto, e incluso, decidir no responder.

Por supuesto, que no es fácil, pero es posible. Lo que es imposible es lograrlo sin intentarlo.

Se me quedó grabada una anécdota que me contó una amiga querida y sabia de un niño que había roto una figura en casa de la abuela. Esta se enfadó muchísimo con él. Debió de ponerse de tal manera, que mi amiga se planteó la siguiente reflexión: "¿Qué es más importante? ¿La figura o el niño?" Y no se me olvida. Intento hacer pensar a mis hijos cuando se enfadan mucho. Les pregunto: "¿Qué es más importante? ¿Lo que te ha provocado el enfado o la persona con la que te has enfadado?".

Somo, 4 de junio de 2017


viernes, 27 de mayo de 2016

¿Qué es el éxito?



Hace unas semanas, acudí a una fiesta de antiguos alumnos del colegio al que asistí desde los cuatro hasta los dieciséis años. A algunos compañeros, hacía más de veinte años que no había vuelto a verlos.

Como educadora (madre y docente), he estado dándole vueltas a algo que me ocurrió con uno de estos compañeros. Al verme, le costó reconocerme, y no recordaba mi nombre. Recordaba que era "chiquitina" (aunque según él, he crecido, jaja) y buena estudiante. Como dice Elsa Punset, "Podrás olvidar lo que las personas dijeron; podrás olvidar lo que las personas hicieron, pero no podrás olvidar lo que te hicieron sentir". En fin, eso es lo que yo había hecho sentir a mi compañero: "chiquitina y estudiosa". Yo recordaba de él que era muy simpático; una temporada que nos sentaron juntos, me lo pasé muy bien. Nos contó que sus hijos se andaban intercambiando la etiqueta de "malo" el uno a la otra, y que le preocupaba que se les encasillara de tan pequeños, porque una vez que arrastras una etiqueta no te la quitan nunca.

Supongo que cada uno guarda sus propios sinsabores personales de la época del colegio y de la infancia. Yo no dejé más huella porque no era una alumna "popular", y esa es una de las razones por las que he tardado en decidirme a acudir a estas reuniones, no quería volver a sentirme igual de poco popular e insignificante que me sentía a veces en el colegio. Sin embargo, creo que a este compañero, aunque era popular, y yo guardo buena impresión de él, todavía le pesa la etiqueta de mal estudiante. Es decir, que cada uno tiene su propia insatisfacción de aquella época.

Una reflexión suya me llamó la atención: que las personas que han sido buenas estudiantes en el colegio son las que tendrán éxito en el futuro. No puedo estar menos de acuerdo con esta afirmación, y pienso que lo que se sabe hoy en día sobre psicología y educación lo justifica. Hay muchos tipos de inteligencia que el sistema educativo no potencia y que, sin embargo, contribuyen al éxito de las personas. Es verdad que los niños con autonomía, con una buena resiliencia y resistencia a la frustración son más propensos al éxito en la vida adulta, pero esto no sólo se consigue teniendo buenas notas. De hecho, conozco tanto casos de muy buenos estudiantes en su etapa escolar, que fracasaron posteriormente, como otros que despuntaron cuando al fin pudieron centrarse en aquello que se les daba bien. No es sólo ser buen estudiante lo que te encamina al éxito en la vida. Pienso que, afortunadamente, es un conjunto de muchos factores.

¿Qué es tener éxito en la vida? ¿Hacer lo que te gusta? ¿Tener una familia? ¿Ser un buen padre? ¿No atarte a nada? ¿Tener tu propia empresa? ¿Viajar por el mundo? ¿Bailar? ¿Escribir? ¿Escalar? ¿Pilotar aviones? ¿Tener dinero? ¿Ayudar a los demás? ¿Ser un buen profesional? ¿Lograr tus sueños? ¿Reinventarte a ti mismo? ¿Salir de la zona de confort? ¿Superar los golpes de la vida? ¿Ser feliz? ¿Ser famoso?...

¿Quién mide el éxito que has tenido? ¿Tú mismo? ¿Los demás? ¿Tus antiguos profesores? ¿La universidad? ¿Tu jefe? ¿El gobierno? Desde mi punto de vista, el éxito debería medirlo uno mismo porque, si no, siempre se estará a expensas de la opinión ajena, y nunca sentirás haber logrado ningún éxito. Ser feliz con lo que se haya logrado, sea "mucho" o "poco".

Todo es relativo, en Etiopía o en Siria, se conformarían con sobrevivir a una hambruna o a una guerra, ¿no? Que unas cuantas células se juntaran para formar un ser único e irrepetible ya es un éxito en sí. Puede que no seas perfecto, pero no hay ninguna otra persona en el mundo tan valiosa ni tan especial como tú. Que cada uno desarrolle su propio potencial porque sus éxitos son suyos, de nadie más, y nadie puede apropiarse de los ajenos.

Todos (altos, bajos, guapos, feos, rubios morenos, populares, impopulares, más listos, menos listos, más estudiosos o menos...) estamos hechos del mismo material: de sentimientos, de emociones. Por eso, a todos nos duele lo que nos hace daño, y nos alegra lo que nos hace felices. Por eso, recordamos lo que las personas nos hicieron sentir, aunque no recordemos ni sus palabras ni sus actos. Por eso, nos preocupamos de nuestros hijos y de su felicidad. Por eso, es fundamental trabajar la más importante de las inteligencias en nosotros y en nuestros hijos: la inteligencia emocional. Dominar esta inteligencia sí que es todo un éxito.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Sólo tenemos momentos para vivir

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¡Oh! He tenido mis momentos y, si tuviese que hacerlo todo otra vez, me gustaría tener más. De hecho, intentaría no tener nada más que eso. Sólo momentos, uno detrás de otro, en lugar de vivir tantos años por delante de cada día. Nadine Stair, ochenta y cinco años (Louisville, Kentucky)
Jon Kabat-Zinn, Vivir con plenitud las crisis

lunes, 19 de septiembre de 2011

Centro Niemeyer


La torre Niemeyer vista a través de la pasarela de acceso

La sorpresa de nuestro último viaje a Asturias ha sido Avilés. En parte, porque lo demás ya lo conocíamos; en parte, por la remodelación que ha sufrido en los últimos años.

Como se puede apreciar en las fotos que publiqué el otro día, han restaurado el casco antiguo, que se ha convertido en una zona muy agradable para pasear o tomar algo, sobre todo, en su última calle, La Galiana.

Pero el proyecto más ambicioso es el centro Niemeyer, ubicado en la ría; se trata de zona industrial que se está recuperando para integrarla en la ciudad, al estilo de lo que se hizo en Bilbao con el Guggenheim. Se accede a través de una moderna pasarela de acero cortén y madera, a la que, por su forma, ya han bautizado en la ciudad como "la cremallera". En una amplia explanada, se encuentran cuatro edificios de hormigón blanco: una cúpula, un auditorio, una torre, y otro de servicios. En la cúpula, había una exposición de Carlos Saura sobre la luz, abordada desde distintos puntos de vista: la fotografía, el ojo humano, el cine, las sombras, los espejos... Muy adecuada para niños porque era interactiva y por su originalidad, además de ser didáctica.

El arquitecto que proyectó la ciudad de Brasilia, y que ha diseñado este centro con fines culturales, cumplirá en diciembre 104 años de edad; a él, también se deben los dibujos que decoran la fachada del auditorio y el interior de la cafetería. Lo cual me recuerda una anécdota creo que de Menéndez Pidal, que le oí contar a Julián Marías en una conferencia de la UIMP sobre la felicidad. Por lo visto, a los ochenta o noventa años fue a visitar a Gregorio Marañón para que le hiciese una revisión. Al terminar, le preguntó al médico cuántos años calculaba que podría vivir todavía porque tenía en mente uno o varios proyectos, y quería saber si le iba a dar tiempo de terminarlos. Julián Marías explicaba que en eso se basa la felicidad: en tener proyectos en la vida. Idea parecida a la que fundamenta el libro de Victor Frankl, El hombre en busca de sentido. Lo que hace que un hombre supere cualquier adversidad es tener un motivo que le haga desear seguir vivo. De hecho, la impactante pregunta que les hacía él a los pacientes cuando acudían a la consulta por primera vez era: "¿Por qué no se suicida usted?" para descubrir lo que motivaba a cada persona.

Si alguien se anima a realizar la visita, que no se vaya sin completarla con Los sueños de Alenia: una bonita libería infantil situada en el casco antiguo, en la que se puede disfrutar de una cuidada selección de cuentos, libros y juguetes. En ella, compramos este encantador libro de tela para el bebé que esperan unos amigos: Caritas de bebés.

jueves, 2 de junio de 2011

Nuestra realidad


El incendio de Magritte
"El incendio" de René Magritte
Se dice que nuestro cerebro selecciona la realidad que vemos. Dicho de otra manera, que lo que nosotros percibimos no coincide exactamente con la realidad, o que cada uno moldea la realidad de una manera diferente, según sus emociones, y sus pensamientos. Como en el cuento de los ciegos que tocaban al mismo elefante por distintas partes de su cuerpo, y, luego, no se ponían de acuerdo para describirlo.

El mediático libro de El secreto, se basa en la ley de la atracción. Sostiene la teoría de que cada uno atrae a su vida aquello en lo que piensa, que nuestros pensamientos condicionan nuestra realidad.

Si no os lo creéis, ved este vídeo. Tenéis que contar cuántas veces se pasan el balón los chicos del equipo blanco (aviso: si lo conocéis... ya no vale):


Nuestro cerebro estaba condicionado en este caso por el mandato recibido antes de ver el vídeo; por eso, es normal que  no hayamos visto otra cosa bastante evidente, porque no la estábamos buscando. Esa es también la razón por la que cuando una mujer está embarazada, no hace más que ver otras embarazadas por la calle, o porque cuando estás preocupado o interesado por algún tema, parece que todo el mundo habla de él, como explica Emilio Duró en sus conferencias sobre optimismo e ilusión.

Elsa Punset explicaba en su espacio de El hormiguero que no existen personas con buena o mala suerte, sino personas que buscan oportunidades, o personas que buscan obstáculos, miedos, peligros... ansiedad que les impide ver oportunidades. Una persona con éxito en la vida es aquella que tiene los ojos bien abiertos a cualquier oportunidad que le surja en el camino:

Para tener una vida con suerte,
fíjate en las oportunidades y créalas.

En los vídeos se pueden ver otros experimentos curiosos:

Versión corta:


Versión larga:


Más trucos del cerebro para descubrir la felicidad:


miércoles, 16 de febrero de 2011

La vida es bella

El otro día, gracias al programa de radio de Maite, una de las compañeras del curso del Teléfono, he conocido esta preciosa canción con la música de la película La vida es bella. Su letra me llegó al corazón, y me emocionó: "Soy el niño que ayer fui... si tú no dejas de luchar... nunca pierdas la ilusión... y un día la tristeza se irá sin avisar".


También me he enterado de que esta película está inspirada en  la vida de Viktor Frankl, autor de El hombre en busca de sentido. Era un psicólogo judío que estuvo en varios campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Allí, reescribió el manuscrito del libro, que le había sido arrebatado al llegar, taquigrafiando su esquema en una docena de trozos de papel. En él, dejó escrito "Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino".

Yo, al verte sonreír,
soy el niño que ayer fui.
Si yo velo por tus sueños,
el miedo no vendrá,
y, así, sabrás lo bello que es vivir.

Caen mil lágrimas al mar.
Tú no me verás llorar,
y es que solo tu alegría
amansa mi dolor,
y, así, yo sé lo bello que es vivir

Sí, mi corazón siempre estará
donde esté tu corazón
si tú no dejas de luchar.
Y nunca pierdas la ilusión,
 nunca olvides que, al final,
 habrá un lugar para el amor.

Tú no dejes de jugar,
no, no pares de soñar,
que una noche la tristeza
se irá sin avisar,
y, al fin, sabrás lo bello que es vivir.

Que una noche la tristeza
se irá sin avisar,
y, al fin, sabrás lo bello que es vivir.

lunes, 14 de febrero de 2011

Ahora lo entiendo

Tantos años oyendo que la felicidad está dentro de cada uno, que hay que aceptarse y quererse para poder aceptar y querer a los demás, que la paz es el camino… Yo no acababa de entenderlo, pero, este fin de semana, lo he entendido, por fin, después de 38 años… No está mal.
He tenido la gran oportunidad de conocerme a mí misma. Como si me hubiesen puesto un espejo delante (que también me lo han puesto), he visto exactamente cómo soy, por qué soy así, incluso por qué los demás actúan de determinadas maneras. Lo que es más importante, qué es lo que me hace sentir mal, y que, si dejo de hacerlo, me sentiré mejor. También me han enseñado que no hay prisa, que el camino se hace poco a poco. Si dejas salir las emociones que te aprisionan el corazón, abres espacio para las que te lo ensanchan. Y, entonces, como decía el profesor Kanamori de Pensando en los demás, cabe en él tanta gente como tú quieras. 
A veces, nos sentimos mal y no sabemos por qué; tratamos de distraernos, de buscar la solución fuera: viajando, practicando aficiones, haciendo deporte, viendo la tele, enganchándonos al ordenador… Pero el malestar sigue dentro, porque no tenemos que viajar hacia fuera, sino hacia nosotros mismos para encontrar la clave de la felicidad. Este viaje se convierte en un bálsamo para las heridas interiores que llevan años dentro. Y no hablo necesariamente de heridas graves, pues, afortunadamente, en mi vida, de momento, no me han puesto demasiado a prueba, sino de las heridas que nos vamos haciendo a nosotros mismos por no saber expresar lo que nos pasa, por no expresárselo a los demás, y por no entendernos a nosotros mismos.
Esta mañana, me he levantado con un “resacón” de ideas y de vivencias del fin de semana, después de un curso del Teléfono de la Esperanza en el que me he descubierto a mí misma. Estaba cansadísima, era lunes, y tenía que ir a trabajar… Entonces, al entrar en el baño, he visto en un jarrón las flores, el bambú, el romero… que me regalaron ayer Fátima, Soledad y Gloria, junto a la pequeña margarita de Mª José, y se me ha alegrado el corazón, porque lo que he vivido no es un sueño, está ahí. Luego, he bajado al coche, y al dejar la cartera en el asiento de al lado, me he encontrado un helecho que me regaló Carmen, y que se me había caído por descuido… y, de nuevo, se me ha alegrado el corazón. Y sé que cada vez que abra el cajón, veré los poemas, la frase de Vitola, el mando de Jose, atados por el cordel de lana color verde de Rosa, y se me volverá a alegrar el corazón.

Cada uno tiene su momento; sólo te puedes cambiar a ti mismo, y eres tú el que lo tiene que decidir.
Mi agradecimiento al Teléfono de la Esperanza por esta GRAN OPORTUNIDAD, al equipo que nos ha orientado en Santander, y a mis compañeros, a los que ya llevo conmigo, así como tantos momentos emocionantes que hemos vivido juntos.
GRACIAS de corazón