Estoy leyendo un libro que me regalaron hace unos meses de Mario Benedetti: El amor, las mujeres y la vida.
Yo soy más de leer novelas que poesía habitualmente, por eso de la rapidez y de la acción, pues la poesía te obliga a hacer una lectura más resposada, más reflexiva, menos voraz. Pero, como estoy aprendiendo a vivir despacio, y a practicar la atención plena, me he puesto el libro en la mesita y me leo uno o varios poemas antes de mis descansos.
Copio uno que puede resultar un poco triste, pero que me ha llamado la atención porque describe muy bien la incomunicación en la pareja por ambas partes, y sintetizado en estos dos versos paralelos y tristes: Pero no llamas./ Pero no llamo.
¿Tanto cuesta llamar? Yo creo que no, es sólo cuestión de intentarlo por todos los caminos posibles. Y así, podríamos terminar el poema diciendo: Pero yo llamo./ Y tú me abres o Pero tú llamas./ Y yo abro.
Me acaba de llegar este poema de Eduardo Galeano en un mensaje que anuncia la Semana Solidaria por Haití del Mercado de la Esperanza (del 14 al 20 de marzo) Me apresuro a colgarlo en el blog porque, al leerlo, he encontrado las palabras para expresar lo que siente mi corazón muchas veces cuando emprendo alguna tarea que no sé muy bien a dónde me llevará. Creo que este es el sentido de mi vida, caminar por una utopía, aunque no la alcance. A mi paso (aunque seguro que alguno caminará más rápido), pero, por lo menos, estar en marcha.