miércoles, 7 de junio de 2017

Debate abierto sobre Por trece razones


Con el fin de crear una plataforma de encuentro entre jóvenes seguidores de la serie, y adultos interesados, he abierto el siguiente grupo.

Entra con tu cuenta de Gmail y solicita participar.

Os animo a visitarlo, a participar y a compartirlo:

Enlace al grupo de debate

martes, 6 de junio de 2017

¿Por trece razones? No: por una razón


¿Por qué hay que ver la serie de Netflix Por trece razones? Por una sola razón: porque muchos de nuestros adolescentes (hijos y alumnos) la están viendo.

Antes, la televisión se veía en familia. Hoy en día, el espectador elige una programación a la carta en un dispositivo propio; su consumo se está convirtiendo en algo individual, por lo que los padres no siempre sabemos qué es lo que nuestros hijos ven. A este cambio de hábito, hay que sumar la facilidad con la que, en la actualidad, se puede acceder a cantidad de contenidos, no siempre adecuados para ellos (sé de alguna niña de doce años que ha visto la serie). Por eso, hay que interesarse por lo que ven.

Además, esta serie aporta una buena excusa para reflexionar sobre temas muy importantes en la educación: la desorientación de los adolescentes, el acoso escolar, las agresiones sexuales, las drogas, los secretos, las relaciones entre iguales, y con los adultos (más en concreto, con los padres) la amistad, la homosexualidad... y, en general, la convivencia, no siempre sana, en los centros educativos. Tenemos ante nosotros una ocasión única de charlar de temas trascendentales con los jóvenes, y de conocer su punto de vista. Deberíamos aprovecharla. Como se demuestra en la serie, en el último capitulo, la mejor manera de encontrar soluciones a los problemas es una buena colaboración entre adultos y adolescentes.

La protagonista de los trece capítulos, Hannah Baker, nos habla, a través de unas cintas que ha dejado grabadas, de personas, de motivos y de circunstancias que la han llevado a rendirse, y a no ver otra salida que suicidarse.

Así, que el tema más importante del que hay que hablar, efectivamente, es el suicidio. En mi opinión, el caso de Hannah puede llevar a una idea equivocada sobre el suicidio si no se explica adecuadamente: que la muerte voluntaria puede ser una salida válida y justificada ante los problemas. Algunos de los personajes a los que iban destinadas las cintas se creen culpables de la muerte de Hannah. Puede que fuesen la causa o el origen de muchos de sus problemas, pero la única responsable de acabar con su vida, y de no seguir buscando una salida es la propia Hannah. Eso no quiere decir que los demás actuaran correctamente con ella, ni que hubieran podido hacer caso a las señales.

A pesar de que el suicidio es la primera causa por muerte no natural entre la población, según la OMS, todavía es un tema que se esconde y del que se evita hablar. Incluso hay quien aún cree que es mejor no hablarlo por el llamado "efecto contagio" o "efecto Werther". Hablar del suicidio ADECUADAMENTE ayuda a prevenirlo. Y si nos parece que la serie puede resultar peligrosa, razón de más para hablar de ello: para neutralizar el impacto de la escena escabrosa del baño, y explicar que el suicidio nunca es un acto heroico, sino un acto desesperado de una persona angustiada.

La forma adecuada de tratar el suicidio es hablar de ello con información concisa, sin dar detalles ni caer en el morbo.

Cito las palabras de la psicóloga Montserrat Montaño Fidalgo en un artículo sobre el suicidio:
El silencio en torno a este problema también provoca que ciertos mitos y tabús se mantengan en el tiempo y, sobre todo, que la población general no sepa identificar ni actuar adecuadamente cuando el riesgo de suicidio está cerca.
Esta falta de información hace que muchas personas tengan unas creencias equivocadas sobre lo que puede llevar a una persona a suicidarse. 
Sin embargo, pensar en el suicidio no lleva a una persona a suicidarse, ni siquiera aunque haya problemas psicológicos o psiquiátricos. Es más, es normal que si tenemos noticia de un acto autolítico, todos pensemos más en ello, pero eso dista mucho de que lleguemos a tomar la decisión de quitarnos la vida y la llevemos a cabo. Tenemos que normalizar que nuestro pensamiento se centre más en este tema después de noticias tan impactantes pero, igual que oír hablar de robos no nos lleva a robar aunque estemos económicamente mal, oír hablar de suicidios tampoco nos lleva a suicidarnos aunque no estemos pasando por un buen momento anímico.
Es comprensible que una persona que está atravesando una mala racha caiga en la tentación de perder la esperanza. La adolescencia es una época delicada por ser propia de inestabilidad y cambios, pero hay que recordar a nuestros jóvenes que un mal día o una mala racha no significan una mala vida, que se puede salir, y que cuantos más apoyos y recursos se les proporcionen, les será más llevadero. Es importante que tengan un lugar o una persona a quien acudir, y que, cuando esto ocurra, se sientan escuchados.

No nos tiene que dar miedo hablar de nada con nuestros hijos y alumnos. Lo que tendría que darnos miedo es que algún día ya no podamos hablar con ellos por haberlo silenciado durante demasiado tiempo, o por no haber escuchado cuando acudieron a nosotros.

Educar es estar presente, y escuchar es atender las señales. Creo que el éxito de esta serie entre los jóvenes es una señal que debemos atender.

Días después de publicar esta entrada, leo la siguiente entrevista:

“El suicidio probablemente sea el mayor problema de salud pública en España"

El estilo de vida a fuerte velocidad unido a la crisis ha provocado un aumento del número de suicidios en España, alcanzando en el año 2014 su máximo histórico con 3.900 casos registrados, según datos del INE. El psicólogo Antoni Anseán preside la Sociedad Española de Suicidología, institución que dedicada al estudio y prevención de esta problemática que, para el psicólogo, no recibe la visibilidad que debería.
La infancia y la adolescencia son siempre poblaciones particularmente sensibles a los cambios internos y a la influencia del entorno. Es por ello por lo que hay que estar especialmente alerta y establecer una vigilancia de la salud mental que permita detectar precozmente posibles trastornos para que puedan abordarse también de forma temprana.
El suicidio siempre ha sido un tabú social sobre el que pesa un oscurantismo mediático, social y político que impide, no ya su adecuado abordaje, sino el mero conocimiento de su impacto y magnitud epidemiológica. El suicidio probablemente sea el mayor problema de salud pública que posea actualmente el Sistema Nacional de Salud en España.
Esa es una pregunta que nos gustaría hacer a los propios profesionales de los medios. Creemos que es por miedo al contagio de la conducta suicida al informar de ella, pero, por otro lado, vemos cómo se divulgan noticias bastante alarmistas sobre fenómenos como La ballena azul o la serie 13 razones, que parecen anunciar pandemias de suicidio que, afortunadamente, no se van a producir. En este sentido, es importante hacer un llamamiento a la tranquilidad y decir a los padres que, aunque siempre hay que estar alerta a posibles ideas y conductas autolíticas, tampoco hay que alarmarse por sensacionalismos mediáticos.

domingo, 4 de junio de 2017

Distintos tiempos, la misma noche


Con la lectura de La noche de los tiempos de Muñoz Molina, de 2009, me vienen a la mente las imágenes actuales de los campos de refugiados, así como las historias que habrá detrás.

Gente desorientada que no esperaba ser protagonista de una guerra, cansada de viajar con la misma ropa y de buscar la manera de llegar a un territorio seguro donde les sea posible reanudar sus vidas. Personas mal alimentadas, con bultos en las espaldas​ y  sombras en sus rostros. La ropa, la apariencia​ y las costumbres de algunos pueden despertar rechazo a los modernos, acomodados y desarrollados ojos occidentales. No entienden por qué los policías los miran con desconfianza e incluso les demuestran hostilidad o antipatía. Ellos son las víctimas, y se sienten tratados como delincuentes. La vida, tal y como la conocían hasta hace poco, ha desaparecido por completo.

Las mismas escenas y sensaciones que vivimos a través de la historia del español Ignacio Abel, y de su paso de la frontera con Francia, en esta novela sobre los inicios de la guerra civil española.

Distintos tiempos, distintas guerras y distintos escenarios, pero los mismos comportamientos y sentimientos humanos.




jueves, 10 de noviembre de 2016

Si no soy yo, ¿quién?



No hay día que pase sin preguntarme qué le ocurre a este mundo nuestro que permite que miles de seres humanos perezcan en las puertas de Europa sin hacer absolutamente nada.

Mientras pensamos que no va con nosotros, que no pueden entrar todos, que ya tenemos bastantes problemas internos, que es peligroso, que lo tienen que hacer otros... hay PERSONAS que, a diario, sufren y pierden sus vidas. Sólo en 48 horas, el mes pasado, entre el 3 y el 4 de octubre, Italia rescató a 11000 personas de las aguas del Mediterráneo.

Con excusas y e indiferencia, no es posible hallar solución al "problema"; tampoco esperando a que lo resuelvan quienes lo tienen que resolver.

Hace poco leía este artículo a propósito del problema que tiene un chico de Camerún a quien el Gobierno de Cantabria está tratando como un número en una lista sin ver la historia que hay detrás. Ante la indiferencia de personas que ignoran a este ser humano, el autor reflexionaba: "Quizás  tienen la mirada tan domesticada que ni siquiera lo vieron. Quizás un día lo vieron, pero poco a poco lo fueron perdiendo de vista y, a día de hoy, se escandalicen si se les acusa de no ver esa parte del cuadro que nos humaniza, que aún nos permite rebelarnos contra las injusticias."

Miremos el cuadro completo y no nos quedemos al margen. Es nuestra responsabilidad como seres humanos. Cuando en el futuro alguien pregunte cómo se pudo consentir esta catástrofe humanitaria, recuerda que tú formas parte de este momento histórico. Los civiles, durante la invasión nazi, pudieron elegir entre el conformismo y el inconformismo. Gracias a los segundos, se salvaron muchos judíos. ¿En qué lado elegimos estar? El inmovilismo también es una forma de elección.

Esta semana, veía con mis alumnos el maravilloso discurso de Emma Watson ante la ONU, como embajadora de las mujeres. Ella planteaba la siguiente reflexión: "Si no soy yo... ¿quién? Si no es ahora... ¿cuándo?" Y citaba al estadista Edmund Burke:

Todo lo que se necesita para que las fuerzas del mal triunfen es que los hombres y mujeres buenos no hagan nada.

Cuando se nos presenten oportunidades de actuar ante las injusticias, recordemos que nuestra labor es tan importante como la de cualquiera. Es más, si no nos salen al paso, busquemos oportunidades de dar voz y visibilidad a los que no tienen los medios, para que no caigan en el olvido.

Ayer mismo, nos hemos levantado sorprendidos y asustados ante los resultados de las últimas elecciones en EEUU, que nadie esperaba. Hace unos meses, ocurrió lo mismo con el Brexit. La extrema derecha va avanzando posiciones en países europeos. ¿Vamos a esperar sentados contemplando el panorama, hasta que no haya vuelta atrás? Por favor, pensemos seriamente qué podemos hacer cada uno. Por muy poco que sea, el océano estaría incompleto sin esa gota. Gandhi decía algo parecido a Edmund Burke:

  Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena. 

Termino con otro fragmento del artículo de El Faradio:

"Quizás haya quien piense que Samuel K solo es el personaje de una novela de Kafka, que existe tan solo en la literatura. Quizás no conozcan a Samuel K, porque aunque le tienen cara a cara no le ven. Les separa tantas excusas y justificaciones que hacen de Samuel K el culpable de estrellarse contra el suelo, de venir aquí buscando una tierra de acogida, de huir del dolor y la guerra, de la miseria o la persecución. De creerse palabras como derechos humanos, democracia o ese “bienvenidos” cosido a las lenguas de doble filo, esas que dicen una cosa pero hacen otra. De creer que aquí le darían esa oportunidad que otros le negaron. De pensar que iba a ser tratado como un ser humano y no como una mercancía, como otro número, como una pieza defectuosa y por eso desechada sin más en un “proceso” que ni siquiera es Kafkiano, sino inhumano."

miércoles, 12 de octubre de 2016

El debate sobre los deberes


En estos días, asistimos a un debate abierto sobre los deberes, que ha trascendido a las normas de inicio de curso de la Consejería, y por tanto, de los centros educativos. Aprovecho este momento para ordenar mis reflexiones al respecto, como madre y como docente.


  • La primera y principal reflexión es acerca del sistema educativo, donde creo que radica, tanto el origen del problema, como su solución:
    • No estimula las diferentes inteligencias.
    • Su base es tradicional tanto en la gestión de medios, como en el tiempo, en el espacio y en la metodología.
    • Es necesario bajar la ratio por grupos para poder garantizar una enseñanza de calidad.
    • La formación del profesorado resulta insuficiente para los cambios que demanda la sociedad.
    • Son ya varias las décadas que se lleva arrastrando un alto porcentaje de fracaso escolar que las distintas medidas propuestas hasta ahora no solucionan.
    • En Finlandia, pionera de la educación, no hay fracaso escolar, y no existen los deberes tal y como los entendemos aquí. No creo que los niños sean ni más inteligentes ni que estén peor preparados. Los que sí que están mejor preparados (y pagados) son los profesores.
  • Mi segunda reflexión es que mientras, desde las distintas administraciones, no se aporte ninguna solución a los problemas anteriores, la frustración de alumnos, padres y profesores continúa, y ha estallado en las iniciativas individuales de varios padres (recomiendo ver el vídeo del enlace si alguien no  lo conoce).
    • Nuestra consejería parece creer zanjarlo pidiendo deberes creativos e individualizados (¿para grupos de veinticinco alumnos en Primaria y treinta en Secundaria?) Desde mi punto de vista, opino que esta propuesta es muy imprecisa y nada factible; sólo origina más frustración y más confusión entre las partes.
    • José Antonio Marina (no se trata de una opinión más, sino de un experto que lleva años desarrollando su labor de investigación fuera de España, tanto en la educación como en el campo de la neurociencia para intentar arrojar algo de luz al sistema español) sostiene que seis horas de clase al día en el centro educativo son más que suficientes para el aprendizaje de un alumno. Si se necesita más fuera de las horas lectivas, es que algo está fallando en el sistema. Esto no quiere decir que se desprecien valores siempre necesarios como el esfuerzo, la responsabilidad, el hábito o la memoria. No se trata de una crítica a una profesión que merece todos los respetos de la sociedad sino de una reflexión a la que he llegado después de veinte años de docencia, y doce, de madre. Porque no concibo la vida como verdades estáticas, sino que procuro ir evolucionando día a día.
  • Entonces, ¿qué podemos hacer? Creo que sólo nos queda una alternativa a padres y profesores: aplicar el sentido común:
    • Por parte de los profesores:
      • No “mandar por mandar”, porque creen que es bueno hacer deberes porque sí, porque es lo que se ha hecho toda la vida, y si no, se está cayendo en la irresponsabilidad, y el niño fracasará en el instituto y en la universidad. Cuestionarse si realmente es necesario lo que se está mandando, si se trata de actividades sencillas y útiles que no frustren al alumno. ¿Cómo es posible que se diga que los niños absorben como esponjas y acaben aborreciendo la escuela desde muy tempranas edades? Es evidente que algo se está haciendo mal, y debe corregirse. El exceso de deberes o la propuesta de actividades que no se adaptan al alumno genera frustración y conductas de evitación; se convierte en un círculo vicioso que provoca que existan niños que acaben por no querer hacerlo. Así comienza el fracaso escolar. Cuando se detecta y se quiere corregir, ya es demasiado tarde.
      • Buscar métodos para coordinarse con los demás profesores, especialmente en Secundaria.
      • Entender que la necesidad de las actividades extraescolares (deportivas, artísticas, o de idiomas) viene motivada por las propias carencias de la escuela, que no abarca correctamente estas competencias.
    • Por parte de los padres:
      • Desvincular una buena educación de la dosis de deberes que hace el niño. Un estudiante finlandés de quince años dedica media hora diaria a los  deberes y el 71% realiza estudios universitarios; mientras que, en España, un estudiante de la misma edad dedica dos horas, y sólo llega a la Universidad el 50%. (Fluvium)
      • Ser consciente de las necesidades de los hijos y acompañarlos en su aprendizaje. “Mi escuela es mi segunda casa, pero mi casa es mi primera escuela”
      • Controlar que sea el niño quien elige las actividades extraescolares, que realmente desea ir o es necesario para él, y que no es un deseo (o una necesidad) exclusivo o mayoritario por parte de los padres.
    • Que tanto padres como profesores tengan presente que lo principal es que el alumno sea feliz, que evolucione, pero que sea feliz. Si notamos que se muestra infeliz de alguna manera, es que lo que estamos haciendo no está funcionando correctamente y hay que replanteárselo.
    • Por parte de la Administración: lograr cuanto antes un pacto educativo ajeno a gobiernos de los distintos partidos políticos, tomar como referencia otros sistemas educativos y escuchar a los expertos.


En conclusión, que un debate que conmueve a la sociedad evidencia un problema de base. Es necesario buscar propuestas que satisfagan a todas las partes mientras no se adopte una solución definitiva. Esto implica escucharnos unos a otros, comprendernos y hacer concesiones.




viernes, 27 de mayo de 2016

¿Qué es el éxito?



Hace unas semanas, acudí a una fiesta de antiguos alumnos del colegio al que asistí desde los cuatro hasta los dieciséis años. A algunos compañeros, hacía más de veinte años que no había vuelto a verlos.

Como educadora (madre y docente), he estado dándole vueltas a algo que me ocurrió con uno de estos compañeros. Al verme, le costó reconocerme, y no recordaba mi nombre. Recordaba que era "chiquitina" (aunque según él, he crecido, jaja) y buena estudiante. Como dice Elsa Punset, "Podrás olvidar lo que las personas dijeron; podrás olvidar lo que las personas hicieron, pero no podrás olvidar lo que te hicieron sentir". En fin, eso es lo que yo había hecho sentir a mi compañero: "chiquitina y estudiosa". Yo recordaba de él que era muy simpático; una temporada que nos sentaron juntos, me lo pasé muy bien. Nos contó que sus hijos se andaban intercambiando la etiqueta de "malo" el uno a la otra, y que le preocupaba que se les encasillara de tan pequeños, porque una vez que arrastras una etiqueta no te la quitan nunca.

Supongo que cada uno guarda sus propios sinsabores personales de la época del colegio y de la infancia. Yo no dejé más huella porque no era una alumna "popular", y esa es una de las razones por las que he tardado en decidirme a acudir a estas reuniones, no quería volver a sentirme igual de poco popular e insignificante que me sentía a veces en el colegio. Sin embargo, creo que a este compañero, aunque era popular, y yo guardo buena impresión de él, todavía le pesa la etiqueta de mal estudiante. Es decir, que cada uno tiene su propia insatisfacción de aquella época.

Una reflexión suya me llamó la atención: que las personas que han sido buenas estudiantes en el colegio son las que tendrán éxito en el futuro. No puedo estar menos de acuerdo con esta afirmación, y pienso que lo que se sabe hoy en día sobre psicología y educación lo justifica. Hay muchos tipos de inteligencia que el sistema educativo no potencia y que, sin embargo, contribuyen al éxito de las personas. Es verdad que los niños con autonomía, con una buena resiliencia y resistencia a la frustración son más propensos al éxito en la vida adulta, pero esto no sólo se consigue teniendo buenas notas. De hecho, conozco tanto casos de muy buenos estudiantes en su etapa escolar, que fracasaron posteriormente, como otros que despuntaron cuando al fin pudieron centrarse en aquello que se les daba bien. No es sólo ser buen estudiante lo que te encamina al éxito en la vida. Pienso que, afortunadamente, es un conjunto de muchos factores.

¿Qué es tener éxito en la vida? ¿Hacer lo que te gusta? ¿Tener una familia? ¿Ser un buen padre? ¿No atarte a nada? ¿Tener tu propia empresa? ¿Viajar por el mundo? ¿Bailar? ¿Escribir? ¿Escalar? ¿Pilotar aviones? ¿Tener dinero? ¿Ayudar a los demás? ¿Ser un buen profesional? ¿Lograr tus sueños? ¿Reinventarte a ti mismo? ¿Salir de la zona de confort? ¿Superar los golpes de la vida? ¿Ser feliz? ¿Ser famoso?...

¿Quién mide el éxito que has tenido? ¿Tú mismo? ¿Los demás? ¿Tus antiguos profesores? ¿La universidad? ¿Tu jefe? ¿El gobierno? Desde mi punto de vista, el éxito debería medirlo uno mismo porque, si no, siempre se estará a expensas de la opinión ajena, y nunca sentirás haber logrado ningún éxito. Ser feliz con lo que se haya logrado, sea "mucho" o "poco".

Todo es relativo, en Etiopía o en Siria, se conformarían con sobrevivir a una hambruna o a una guerra, ¿no? Que unas cuantas células se juntaran para formar un ser único e irrepetible ya es un éxito en sí. Puede que no seas perfecto, pero no hay ninguna otra persona en el mundo tan valiosa ni tan especial como tú. Que cada uno desarrolle su propio potencial porque sus éxitos son suyos, de nadie más, y nadie puede apropiarse de los ajenos.

Todos (altos, bajos, guapos, feos, rubios morenos, populares, impopulares, más listos, menos listos, más estudiosos o menos...) estamos hechos del mismo material: de sentimientos, de emociones. Por eso, a todos nos duele lo que nos hace daño, y nos alegra lo que nos hace felices. Por eso, recordamos lo que las personas nos hicieron sentir, aunque no recordemos ni sus palabras ni sus actos. Por eso, nos preocupamos de nuestros hijos y de su felicidad. Por eso, es fundamental trabajar la más importante de las inteligencias en nosotros y en nuestros hijos: la inteligencia emocional. Dominar esta inteligencia sí que es todo un éxito.

sábado, 30 de abril de 2016

Meditación o mindfulness con Intimind



Hace tiempo, me sirvieron de mucha ayuda las orientaciones de mi amiga virtual Imma para aprender a meditar, como ya conté en esta otra entrada. Resulta que Imma, por vueltas que da la vida, se reorientó profesionalmente y ha montado con otras personas una aplicación para meditar: Intimind.

De momento, sólo existe una versión para dispositivos de Apple. Es un curso de meditación estupendo. Para el que quiera aproximarse a este mundo, hay siete meditaciones gratuitas disponibles de las 21 del programa de introducción, y la primera de cada uno de los demás programas (equilibrio emocional, salud y estrés, trabajar mejor y relaciones personales). Ya sólo por esto, merece la pena descargarse la aplicación. Conseguir un programa completo cuesta como un libro: 24,99.

Se trata de meditaciones de mucha calidad en el contenido y en la reproducción. La voz de Imma nos saluda y acompaña con suavidad y dulzura, sin afectación ni palabrería innecesaria. El lenguaje asertivo con el que están elaboradas te anima a continuar y te hace entender que los "fallos" que puedas tener en la meditación son normales, le ocurren a todo el mundo. Sólo se consigue meditar de una manera: practicar, practicar y practicar. Si quieres notar sus efectos, hay que entrenar el músculo de la mente. Lo mismo que no puedes tonificar tu cuerpo sin hacer ejercicio, no puedes tonificar tu mente si no practicas.




Estoy mejorando aspectos que me costaban, como centrarme en la respiración; ahora entiendo por qué es tan importante. Pero, sobre todo, se trata de llevar a la práctica "un libro de autoayuda". Te enseña a enfrentar tus emociones, a aceptarlas, a aceptar la circunstancias de la vida, a aprender empatía, amabilidad y compasión con uno mismo y con los demás, a practicar la paciencia; a tomar distancia de la mente y sentir con claridad que "tú no eres tu mente".

Me ha hecho reflexionar sobre cuál es el objetivo de la meditación: indagar en los patrones de la mente que amargan tu vida; sólo si eres consciente, puedes hacer algo para cambiarlos. He caído en la cuenta de que a veces tiendo a "huir de mí misma", y por eso, acabo haciendo cosas improductivas o perjudiciales. Con la meditación, consigo estar conmigo misma en paz y armonía, aunque haya ocasiones más satisfactorias que otras. Desde que empecé a practicar, hará cinco años, no me centro hasta que hago la meditación. Mi cuerpo y mi mente necesitan ese momento para equlibrarse. Si algún día voy justa de tiempo, hago aunque sea dos, tres, cuatro o cinco minutos. Es un hábito que he incorporado a mi rutina matutina y del que ya no puedo prescindir. Y si puedo hacer varias al día, mucho mejor. Para mí el principal objetivo de la meditación es el bienestar. Además, gracias a imágenes y técnicas diferentes y originales, te transporta a momentos mágicos de paz, de armonía, de felicidad.

La meditación está al alcance de cualquiera. No es necesario seguir a ningún gurú ni levitar. Si algo se aprende precisamente al meditar, es que el objetivo no es dejar la mente en blanco, sino observar lo que ocurre mientras meditas, sin que te enrede, sin juzgar. Como repiten con frecuencia en Intimind, los momentos de distracción son "oportunidades" para volver a conectar con la respiración.

Asimismo, meditar no es exclusivo de los momentos de recogimiento, sino que la idea es llevarlo a la práctica en tu día a día.Todos los momentos son buenos para centrarte en la respiración, en tu cuerpo, en la aceptación, en la compasión, observar lo que ocurre, y distanciarte de tu mente. No existe la meditación perfecta, sólo existe la meditación de cada momento. El que no quiera pondrá todo tipo de excusas, pero no porque no puede, sino porque no quiere.

Yo diría que sólo se necesita una cosa para meditar: querer. Si quieres, puedes.


Es de los mejores regalos que he recibido en mi vida. Me parece un lujo tener a mi disposición este espléndido manual. Estoy eternamente agradecida a Imma por haberme introducido en la meditación hace años a través de Vicente Simón, y, por darme esta oportunidad ahora.