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martes, 6 de junio de 2017

¿Por trece razones? No: por una razón


¿Por qué hay que ver la serie de Netflix Por trece razones? Por una sola razón: porque muchos de nuestros adolescentes (hijos y alumnos) la están viendo.

Antes, la televisión se veía en familia. Hoy en día, el espectador elige una programación a la carta en un dispositivo propio; su consumo se está convirtiendo en algo individual, por lo que los padres no siempre sabemos qué es lo que nuestros hijos ven. A este cambio de hábito, hay que sumar la facilidad con la que, en la actualidad, se puede acceder a cantidad de contenidos, no siempre adecuados para ellos (sé de alguna niña de doce años que ha visto la serie). Por eso, hay que interesarse por lo que ven.

Además, esta serie aporta una buena excusa para reflexionar sobre temas muy importantes en la educación: la desorientación de los adolescentes, el acoso escolar, las agresiones sexuales, las drogas, los secretos, las relaciones entre iguales, y con los adultos (más en concreto, con los padres) la amistad, la homosexualidad... y, en general, la convivencia, no siempre sana, en los centros educativos. Tenemos ante nosotros una ocasión única de charlar de temas trascendentales con los jóvenes, y de conocer su punto de vista. Deberíamos aprovecharla. Como se demuestra en la serie, en el último capitulo, la mejor manera de encontrar soluciones a los problemas es una buena colaboración entre adultos y adolescentes.

La protagonista de los trece capítulos, Hannah Baker, nos habla, a través de unas cintas que ha dejado grabadas, de personas, de motivos y de circunstancias que la han llevado a rendirse, y a no ver otra salida que suicidarse.

Así, que el tema más importante del que hay que hablar, efectivamente, es el suicidio. En mi opinión, el caso de Hannah puede llevar a una idea equivocada sobre el suicidio si no se explica adecuadamente: que la muerte voluntaria puede ser una salida válida y justificada ante los problemas. Algunos de los personajes a los que iban destinadas las cintas se creen culpables de la muerte de Hannah. Puede que fuesen la causa o el origen de muchos de sus problemas, pero la única responsable de acabar con su vida, y de no seguir buscando una salida es la propia Hannah. Eso no quiere decir que los demás actuaran correctamente con ella, ni que hubieran podido hacer caso a las señales.

A pesar de que el suicidio es la primera causa por muerte no natural entre la población, según la OMS, todavía es un tema que se esconde y del que se evita hablar. Incluso hay quien aún cree que es mejor no hablarlo por el llamado "efecto contagio" o "efecto Werther". Hablar del suicidio ADECUADAMENTE ayuda a prevenirlo. Y si nos parece que la serie puede resultar peligrosa, razón de más para hablar de ello: para neutralizar el impacto de la escena escabrosa del baño, y explicar que el suicidio nunca es un acto heroico, sino un acto desesperado de una persona angustiada.

La forma adecuada de tratar el suicidio es hablar de ello con información concisa, sin dar detalles ni caer en el morbo.

Cito las palabras de la psicóloga Montserrat Montaño Fidalgo en un artículo sobre el suicidio:
El silencio en torno a este problema también provoca que ciertos mitos y tabús se mantengan en el tiempo y, sobre todo, que la población general no sepa identificar ni actuar adecuadamente cuando el riesgo de suicidio está cerca.
Esta falta de información hace que muchas personas tengan unas creencias equivocadas sobre lo que puede llevar a una persona a suicidarse. 
Sin embargo, pensar en el suicidio no lleva a una persona a suicidarse, ni siquiera aunque haya problemas psicológicos o psiquiátricos. Es más, es normal que si tenemos noticia de un acto autolítico, todos pensemos más en ello, pero eso dista mucho de que lleguemos a tomar la decisión de quitarnos la vida y la llevemos a cabo. Tenemos que normalizar que nuestro pensamiento se centre más en este tema después de noticias tan impactantes pero, igual que oír hablar de robos no nos lleva a robar aunque estemos económicamente mal, oír hablar de suicidios tampoco nos lleva a suicidarnos aunque no estemos pasando por un buen momento anímico.
Es comprensible que una persona que está atravesando una mala racha caiga en la tentación de perder la esperanza. La adolescencia es una época delicada por ser propia de inestabilidad y cambios, pero hay que recordar a nuestros jóvenes que un mal día o una mala racha no significan una mala vida, que se puede salir, y que cuantos más apoyos y recursos se les proporcionen, les será más llevadero. Es importante que tengan un lugar o una persona a quien acudir, y que, cuando esto ocurra, se sientan escuchados.

No nos tiene que dar miedo hablar de nada con nuestros hijos y alumnos. Lo que tendría que darnos miedo es que algún día ya no podamos hablar con ellos por haberlo silenciado durante demasiado tiempo, o por no haber escuchado cuando acudieron a nosotros.

Educar es estar presente, y escuchar es atender las señales. Creo que el éxito de esta serie entre los jóvenes es una señal que debemos atender.

Días después de publicar esta entrada, leo la siguiente entrevista:

“El suicidio probablemente sea el mayor problema de salud pública en España"

El estilo de vida a fuerte velocidad unido a la crisis ha provocado un aumento del número de suicidios en España, alcanzando en el año 2014 su máximo histórico con 3.900 casos registrados, según datos del INE. El psicólogo Antoni Anseán preside la Sociedad Española de Suicidología, institución que dedicada al estudio y prevención de esta problemática que, para el psicólogo, no recibe la visibilidad que debería.
La infancia y la adolescencia son siempre poblaciones particularmente sensibles a los cambios internos y a la influencia del entorno. Es por ello por lo que hay que estar especialmente alerta y establecer una vigilancia de la salud mental que permita detectar precozmente posibles trastornos para que puedan abordarse también de forma temprana.
El suicidio siempre ha sido un tabú social sobre el que pesa un oscurantismo mediático, social y político que impide, no ya su adecuado abordaje, sino el mero conocimiento de su impacto y magnitud epidemiológica. El suicidio probablemente sea el mayor problema de salud pública que posea actualmente el Sistema Nacional de Salud en España.
Esa es una pregunta que nos gustaría hacer a los propios profesionales de los medios. Creemos que es por miedo al contagio de la conducta suicida al informar de ella, pero, por otro lado, vemos cómo se divulgan noticias bastante alarmistas sobre fenómenos como La ballena azul o la serie 13 razones, que parecen anunciar pandemias de suicidio que, afortunadamente, no se van a producir. En este sentido, es importante hacer un llamamiento a la tranquilidad y decir a los padres que, aunque siempre hay que estar alerta a posibles ideas y conductas autolíticas, tampoco hay que alarmarse por sensacionalismos mediáticos.

jueves, 23 de febrero de 2012

¿Pór qué no hacemos algo diferente este fin de?

Heart


Me ha llegado este mensaje de la FAD, a través del colegio de mis hijos:


La FAD inaugura una nueva línea de comunicación dirigida a los usuarios más jóvenes de las redes sociales. Para ello ha elaborado el primero de una serie de vídeos de animación que pretenden fomentar la reflexión en torno al consumo de alcohol y sus consecuencias. “¿Por qué no hacemos algo diferente este finde?” es el eslogan elegido para la primera pieza.

El lanzamiento de este spot se enmarca en el intento de la FAD por sensibilizar y propiciar la reflexión sobre el consumo de alcohol, una sustancia que el 62% de los adolescentes de 14 años ya ha probado y que es consumida por más de uno de cada tres españoles todos o casi todos los fines de semana.

El vídeo quiere transmitir a los jóvenes el mensaje de que hacer lo mismo todos los fines de semana –salir de marcha y consumir copas– acaba por no ser divertido. Según diversas investigaciones de la FAD, los jóvenes mantienen expectativas muy altas con respecto a sus fines de semana y, sin embargo, casi nunca las cumplen. Muchos afirman que, en realidad, se aburren porque los ingredientes son siempre los mismos: la misma gente, la misma actividad, los mismos lugares...

Hazte socio de la FAD y ayúdanos a que nuestros niños y adolescentes cuenten con las herramientas y habilidades necesarias para enfrentarse al consumo de alcohol de forma crítica, responsable, libre y autónoma. Con sólo 10€ al mes, la FAD podrá ayudar a un adolescente a lo largo de todo un curso escolar para que sea capaz de enfrentarse de forma responsable y crítica a todos estos riesgos que le rodean.

También puedes colaborar con nosotros reenviando este mensaje a tus conocidos y amigos o difundiéndolo a través de tus redes sociales. Para Twitter hemos creado el hashtag #algodiferenteestefinde. Puedes utilizarlo si quieres publicar algo al respecto. ¡¡Cuanta más difusión, mejores serán sus resultados!!

Agradecemos tu colaboración.

viernes, 19 de agosto de 2011

El Rey Transparente

Una de las cosas que más me gusta del verano es el tiempo que me proporciona para leer, y ponerme al día con las lecturas atrasadas. De hecho, suelo asociar algunos viajes o momentos con determinados libros, o al revés. Son momentos de verdadero placer, sobre todo, si el libro me apasiona.

Acabo de terminar este libro de Rosa Montero, que me recomendaron hace tiempo, y que puede servir perfectamente para acercar la Edad Media a los adolescentes (buenos lectores, o a partir de Bachillerato, eso sí).

Es Leola, una joven campesina que se convierte en caballero para salvar su vida, quien nos lo cuenta. "Soy mujer y escribo. Soy plebeya y sé leer. Nací sierva y soy libre" Así empieza la historia; es difícil que el lector suelte la novela hasta que desvele estas dos incógnitas, y las que se plantean a continuación, en la primera página. También desde el principio, está presente la idea que se repite varias veces a lo largo de la novela: la defensa del uso de la palabra frente a la violencia para defender las propias ideas. "Es mi mayor victoria, mi conquista, el don del que me siento más orgullosa; y aunque las palabras están siendo devoradas por el gran silencio, hoy consituyen mi única arma".

A lo largo de sus seiscientas páginas, nos adentramos en una época histórica mil años alejada de la nuestra, y conocemos cómo se organizaba la sociedad, cómo vivían los distintos estamentos, cómo era la vida en las incipientes ciudades, en los palacios, en los castillos, en las posadas, en las guerras... tanto de poderes civiles como religiosos, que, desafortunadamente, acaban siendo uno mismo; cómo nace la Inquisición; cómo se forjaban un caballero o una dama; además de ilustrarnos sobre personajes históricos tan apasionantes como la reina Leonor, o hacernos soñar con la isla legendaria de Avalon.

El papel de la mujer es muy importante en el libro. No es casual que Rosa Montero elija el siglo XII, época en que la mujer adquirió un gran protagonismo. Aun así, no sé si es suficiente para convencernos de la verosimilitud del personaje. Claro que si Leola no se hubiese convertido en caballero, difícilmente habría podido ser testigo de los sucesos que nos narra, ya que si algo queda claro en la novela es que la vida en aquel entonces no tenía ningún valor, pero mucho menos si se trataba de la de una mujer, y, además, sierva.


Para mi gusto, la autora ha querido recopilar demasiados acontecimientos, costumbres, personajes, leyendas... que hacen cuestionar de nuevo la verosimilitud. Aunque también se ahonda en los sentimientos de los personajes, y estos adquieren cierta complejidad (describe muy bien, por ejemplo, la lucha que se establece entre las dos facetas de Leola: la de mujer y la de caballero), yo echo de menos que profundice algo más en algunos aspectos. Por ejemplo, en la relación entre la propia Leola y Nyneve, la mujer que se convierte en protectora de la chica, y que la acompaña en sus aventuras. Poco sabemos en realidad de este misterioso personaje, que es la instructora, la maestra, la consejera de Leola, además de un testigo privilegiado de toda la época, y conciencia de la misma.

De lo que no cabe duda es de que la novela consigue transportarnos a las convulsiones de la época, y hasta a sus olores, a sus sabores, sus tactos, o al dolor de las heridas, tanto las del cuerpo como las del alma. Logra asimismo atraparnos en la tensión de los momentos más dramáticos de la trama; sentimos cómo la vida  y la felicidad penden de un hilo muy frágil, que se puede romper violentamente en cualquier momento.

Resulta un balcón privilegiado para asomarnos a una etapa trascendental de la Historia, y al corazón del ser humano, cuya naturaleza es universal. Podríamos haber aprendido de los errores del pasado, pero parece que, por desgracia, esto se cumple en pocas ocasiones.

miércoles, 25 de mayo de 2011

La recuperación de la autoridad


Portada del libro
en la editorial Versátil
Este es un libro de José Antonio Marina. Su lectura puede ser muy esclarecedora tanto para padres, como para profesores. Tal vez, el título asuste un poco a algunos a priori, pero hay que leerlo, para entender que hay muchos tipos de autoridad, y que no es lo mismo autoridad (que es la postura que se defiende) que autoritarismo.



Extraigo algunas citas jugosas:


La autoridad era la capacidad de producir respeto, de conciliar voluntades. La distinción principal entre potestad y autoridad estriba en que el poder puede utilizar la coacción, y la autoridad, no. Esta actúa mediante el respeto o la admiración que despierta en otras personas. (Pág. 22)
El docente recibe una autorización y una autoridad de la sociedad. Pero, en este momento, el prestigio de la institución escolar es bajo, y esto hace que la fuerza institucional que reciben los docentes sea escasa, lo que les produce con frecuencia un sentimiento de desamparo o de impotencia.

La autoridad recibida se esfuma si la institución entra en crisis, si pierde prestigio, si deja de ser reconocida por la sociedad, si su dignidad, su valor intrínseco, deja de percibirse. Cuando uno de sus miembros se comporta “indignamente”, es decir, hace mal uso de la autoridad recibida, no sólo la pierde, sino que su comportamiento afecta al prestigio de la institución. (25,26)

La autoridad personal no se recibe de nadie, sino que se alcanza por méritos propios, es una autoridad conquistada, un poder legítimo, personal, ganado por el propio esfuerzo, y que no usa medios coactivos para imponerse. Es la irrupción de la razón, del saber, de la valía personal, de la capacidad de convencer, en el mundo del poder puro y duro. No provoca la obediencia ni el miedo, sino el respeto, la admiración, la escucha. No pretende imponerse. Su influjo es la manifestación de la excelencia. Es la autoridad merecida. La autoridad personal es la irradiación de la calidad interior. Y por ello, una sociedad que no quiere admitir las diferencias en mérito, que defiende un igualitarismo miope o resentido, no puede reconocer ningún tipo de autoridad personal. Una sociedad necesita saber admirar. (26)

Haber pasado de la tiranía del elitismo a la tiranía del igualitarismo ha instaurado un nuevo tipo de injusticia. (27)

Portada del libro
en la Editorial Sello
La autoridad procede de la libertad que cumple sus deberes, es decir, de la libertad responsable, que conoce lo que hace y por qué lo hace. Una persona responsable, un juez responsable, un político responsable, es el que sabe adecuar su libertad a los deberes. Es el que puede responder de su comportamiento en todo momento, porque es dueño de su acción, y porque sabe lo que debe hacer y lo hace. La autoridad es, fundamentalmente, la responsabilidad llevada hasta la excelencia. (122)

Una de las tareas más urgentes para recuperar la sensatez educativa es quitar muchos miedos a los padres. Repetirles una y otra vez que tienen dos grandes herramientas educativas: la ternura y la exigencia. La ternura es acogimiento  sin reservas. La exigencia es firmeza en las expectativas. Ambas herramientas son necesarias. Sin ternura, el niño crece en un ambiente duro que puede provocar todo tipo de miedos y rigideces; sin exigencia, el niño no aprende a dirigir su conducta adecuadamente, no sabe lo que se espera de él, hasta dónde puede llegar. (137)


Estos son los principales puntos o ideas que desarrolla: El niño aprende obedeciendo; la autoridad merecida se logra con la búsqueda de la excelencia; la autonomía es un equilibrio entre derechos y deberes; la autoestima es el resultado de un logro, y no al revés; hay que enseñar a afrontar la frustración; hay que crear hábitos; el reflejo de un modelo noble (el ejemplo); la resiliencia o capacidad humana de asumir dificultades y sobreponerse a ellas; la responsabilidad de los padres.

miércoles, 23 de marzo de 2011

A tres metros sobre el cielo

No sé si conocéis el fenómeno "literario" de Federico Moccia. Si no es así, y tenéis hijos adolescentes, os aconsejo que os familiaricéis con él. Perdonad la extensión de la entrada, pero creo que merece la pena:

Ha escrito una serie de libros (la película sobre el primero, A tres metros sobre el cielo, se ha estrenado hace poco en España) que arrasan entre los adolescentes, bueno, creo que, sobre todo, entre las adolescentes.

Mis alumnas están empeñadas desde hace tiempo en que ponga uno de sus libros. Yo les dije que sin leerlo, ni loca, que si me dejaban uno, me comprometía a leerlo. Y, como me lo dejaron (A tres metros sobre el cielo), como llevo unos cuantos días de convalecencia por un virus, y como lo prometido es deuda... lo he leído. Y, aunque tiene poco valor literario, y no pienso recomendarlo jamás como lectura, me alegro de haberlo leído, porque creo que es importante saber cuáles son las referencias de los adolescentes, qué es lo que les llega. Me parece elemental ponernos en su lugar, para comprenderlos mejor.

Dicho esto, el libro me ha horrorizado, y me ha hecho reflexionar sobre la ética de su autor: una chica buena, de familia rica (viste de Valentino y esas cosas) y un chico malo, que está como un tren gracias a horas de gimnasio, que pertenece a una banda de gamberros con motos que se dedican a montar peleas allí a donde van, a robar, y a destrozar casas. La chica, al principio, lo aborrece, pero, previsiblemente, acaba cayendo rendida a sus pies, porque, en el fondo, el chico es así por acontecimientos que lo marcaron en el pasado.

De acuerdo, hasta aquí, es la típica historia, nada nuevo (Rebelde sin causa, Grease, West Side Story...) Lo malo es el ambiente que la rodea.
Primero, la violencia brutal del protagonista, y de sus amigos. La chica, que se supone que aborrece la violencia acaba encubriéndola, y justificándola (el chico le rompió la nariz sin ninguna razón a un conocido de los padres de ella, y en el libro lo ridiculizan), e incluso protagonizando su propia pelea. Los amigos son todos unos cafres, sobre todo, el mejor amigo de él, al que te lo imaginas como una auténtica bestia sin cerebro.
Segundo, el mundo "irreal" en el que viven, lleno de lujo: coches, ropa, relojes, motos, joyas, gafas, restaurantes, casas... Al principio, estuve a punto de dejarlo porque era una sucesión de una marca tras otra, la mayoría, desconocidas para mí. Además, llevan una vida secreta, en mi opinión, difícil de creer: engañan continuamente a los padres, se escapan por la noche, carreras ilegales, corren por la ciudad a 200 por hora, vuelven empapados en agua o en estiércol, o borrachos, y los padres ni se enteran... Vale, eso puedes hacerlo una noche de vez en cuando, pero, ¿todas? Claro, que podría ser si también nos creemos que sus padres se iban todas las noches a sus propias “juergas”...

Eso sin hablar de cómo se aborda la sexualidad. Sin entrar en moralizaciones, podía haber tenido el detalle de que los protagonistas usasen preservativo (no dice que no lo usasen, pero tampoco que sí)
Federico Moccia
Tercero, y, en mi opinión, lo peor: el mundo de los adultos. Un truco barato para ganarse el favor de los adolescentes. No salvan a ninguno. La familia de él, desestructurada. Los padres apenas aparecen ejerciendo como tales, y, si salen, es para quedar mal. Al hermano mayor, se le deja como a un “panoli”. Los padres de ella podrían tener puntos salvables, pero no se aprovechan. La madre es el estereotipo de mujer frívola y con temperamento fuerte, que sabe lo que quiere; el padre, un calzonazos con poco carácter, y con crisis de madurez. Las escenas del padre fantaseando con otras mujeres, especialmente, con una camarera que podría ser su hija, son vergonzosas. La profesora con mayor protagonismo es un bruja a la que se utiliza para presentar a la protagonista como una heroína ante todo el colegio, pero, en especial, ante su hermana pequeña, en una escena bochornosa que se podía haber resuelto sin tanta prepotencia por parte de la chica (claro que, si no, se queda sin pretexto para la trama posterior)

Al final, la chica le echa un discursito pseudomoralizante a la madre para justificar su propia conducta del todo inmoral. Se supone que esta es la excusa para la falta de ética que predomina en todo el libro: criticar la educación hipócrita que les han dado los padres. Pero es que llega a equiparar el valor evangélico de ayudar al prójimo con el perjurio en un juicio por agresión...

No sé si he conseguido explicarme bien. No es el clásico enfrentamiento entre padres e hijos, o la crítica a la falta de valores que imprimen los padres, que hay historias muy buenas (estoy pensando ahora en Historias del Kronen, por ejemplo). Es justificar los contravalores, incluso ensalzarlos, acogiéndose a la hipocresía de los padres ricos. Al final, los protagonistas pagan las consecuencias, pero, ¿de qué sirve si, a esas alturas, en su corazón, la adolescente que está leyendo el libro ya ha convertido a Babi en una heroína, y a Step, en el prototipo de hombre que espera encontrar?
Puede que, si habéis leído mi reflexión, muchos no queráis ni locos que vuestros hijos lean sus libros. Yo creo que si lo leen a una edad adecuada, si tienen unos valores claros, si saben distinguir que lo que leen es ficción, si no identifican el mundo de los adultos de la novela con el de su entorno, no hay mayor problema que una moda a seguir, y unos temas y unos personajes por los que todos nos hemos sentido atraídos en la adolescencia. Además, ya se sabe que lo prohibido es mucho más atractivo.

Pero, con todo esto, lo que quiero transmitir es que es fundamental saber lo que nuestros adolescentes leen (y ven), para estar prevenidos, y para poder conversar con ellos, y aclarar algunos puntos.