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martes, 4 de junio de 2019

Incertidumbre y cambio

Hoy, hablando con unas amigas sobre problemas de salud que les están dando la lata y les provocan  preocupación e inquietud, he hecho una reflexión que últimamente me recuerdo con frecuencia: es difícil vivir con la incertidumbre sobre la que no tenemos control.


Muchas son las situaciones en la vida que nos provocan sufrimiento. En la meditación que yo practico (Entrenamiento de la Compasión con Base Cognitiva, o CBCT, las siglas en inglés), se explica el origen de nuestro sufrimiento en torno a cuatro dicotomías:

  1. Entre el apego al control y el miedo al caos.
  2. Entre el apego a las posesiones y el miedo a la pérdida.
  3. Entre el apego a la aprobación de los demás y el miedo a la crítica.
  4. Entre el apego al bienestar y el miedo al dolor.

Cuando sufrimos, ayuda pararse a pensar cuál de estos cuatro apegos o miedos es el que nos está haciendo sufrir, e intentar aceptarlo. A la vez, recordar los momentos difíciles que superaste, similares al que vives; saber que puedes lograrlo de nuevo, aunque no sea ahora mismo. Todo el mundo sufre y quiere ser feliz. Eso es lo que todos los seres humanos tenemos en común.

En la meditación en la compasión, también se tiene presente que la vida es cambio:

  • Lo que sube baja.
  • Lo que se congrega se dispersa.
  • Lo que se acumula se agota.
  • Lo que nace muere.


Necesitamos serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las cosas que podemos cambiar y sabiduría para conocer la diferencia.

Esta conocida cita es el lema permanente de un psicólogo que colabora en un podcast que he descubierto hace poco y que me gusta mucho: Entiende tu mente. Tienen muchos programas, y muchos de ellos, muy recomendables, pero aquí dejo el enlace a este que precisamente habla sobre la "Gestión de la incertidumbre".

miércoles, 7 de junio de 2017

Debate abierto sobre Por trece razones


Con el fin de crear una plataforma de encuentro entre jóvenes seguidores de la serie, y adultos interesados, he abierto el siguiente grupo.

Entra con tu cuenta de Gmail y solicita participar.

Os animo a visitarlo, a participar y a compartirlo:

Enlace al grupo de debate

domingo, 4 de junio de 2017

Distintos tiempos, la misma noche


Con la lectura de La noche de los tiempos de Muñoz Molina, de 2009, me vienen a la mente las imágenes actuales de los campos de refugiados, así como las historias que habrá detrás.

Gente desorientada que no esperaba ser protagonista de una guerra, cansada de viajar con la misma ropa y de buscar la manera de llegar a un territorio seguro donde les sea posible reanudar sus vidas. Personas mal alimentadas, con bultos en las espaldas​ y  sombras en sus rostros. La ropa, la apariencia​ y las costumbres de algunos pueden despertar rechazo a los modernos, acomodados y desarrollados ojos occidentales. No entienden por qué los policías los miran con desconfianza e incluso les demuestran hostilidad o antipatía. Ellos son las víctimas, y se sienten tratados como delincuentes. La vida, tal y como la conocían hasta hace poco, ha desaparecido por completo.

Las mismas escenas y sensaciones que vivimos a través de la historia del español Ignacio Abel, y de su paso de la frontera con Francia, en esta novela sobre los inicios de la guerra civil española.

Distintos tiempos, distintas guerras y distintos escenarios, pero los mismos comportamientos y sentimientos humanos.




miércoles, 2 de abril de 2014

Niños con discapacidad


Hace poco, con motivo del Día Internacional del Síndrome de Down, envié a mis conocidos un vídeo que me pareció precioso.


Alguien me sorprendió con la siguiente respuesta:

Hay veces que un aborto es necesario por la salud de la madre. Y ninguna madre tiene el corazón tan duro como para no sufrir con ello. Anuncios como este son crueles para gente que ha tenido que tomar una decisión que no se la deseo a nadie.

Aparte de algo engañosos. La calidad de vida media de un Down no se corresponde con lo que sale en el anuncio. Hay muchos grados de discapacidad, y niños que sólo nacen para sufrir, algo muy injusto que no sale en los anuncios antiabortistas. No todo es tan "normal".

Al ver este vídeo yo no había pensado en el aborto, ni se me había ocurrido que fuese antiabortista. No lo envié con esa  intención. 

Cuando lo vi, me emocioné mucho porque tuve muy presente un caso cercano a nosotros. Tener un hijo así es un drama, sí, y un sacrificio, pero también una superación para todos.

Además, al ver el vídeo, pensé que yo antes tenía reparos para tratar a chicos con discapacidad, porque no sabía cómo hacerlo, porque tenía el prejuicio social de que hay que sentir lástima de ellos, pero he aprendido que no es así, y que necesitan y dan cariño como todo el mundo, que no hay que tratarlos de forma muy diferente a otras personas (sin olvidar que son diferentes).

Hace poco el padre de un niño con otro tipo de discapacidad me dijo algo que me hizo reflexionar. Fue hablando de un chico Asperger que no se relaciona con nadie en su centro educativo; al principio de curso, una compañera lo intentó, pero él no le hizo caso. El padre citado me comentó que no hay que cansarse de acercarnos a ellos aunque no nos hagan caso, que, seguramente, si esa chica siguiese  insistiendo, a la larga, entablaría una relación con él, pero que rendimos enseguida (¿habéis visto el corto de Cuerdas?). Creemos que están solos porque quieren; por lo tanto, no nos acercamos a ellos; por lo tanto, siguen estando solos.

La integración es fundamental para que todos estos niños puedan tener referencias positivas de niños sin discapacidad que les ayuden a superarse a sí mismos.

Cada uno ve la realidad desde su punto de vista, como el cuento de los tres ciegos que tocaban al elefante y no se ponían de acuerdo en qué era lo que habían tocado. La realidad nunca es lo que pensamos, es el compendio de distintos ángulos. Siempre me resulta curioso comprobar las distintas formas que tenemos las personas de contemplar una misma realidad. Yo no lo había visto desde el punto de vista de mi amigo, y me abrió un nuevo ángulo.

sábado, 6 de abril de 2013

El viaje definitivo

Hoy, por la mañana, leía la curiosa reflexión de abajo. Unas horas después, me traían esta foto que me ha parecido adecuada para ilustrar el cuento.
Antiguo cementerio en La Cavada, Cantabria

Un hombre murió.
Al darse cuenta, vio que se acercaba Dios y que llevaba una maleta consigo. Y Dios le dijo:
Bien, hijo, es hora de irnos.
El hombre,  asombrado, preguntó:
¿Ya?. ¿Tan pronto?. Tenía muchos planes....
Lo siento pero es el momento de tu partida.
¿Qué traes en la maleta?, preguntó el hombre.
Y Dios le respondió,
¡¡¡Tus pertenencias!!!...
¿Mis pertenencias?. ¿Traes mis cosas, mi ropa, mi dinero?
Dios le respondió:
Eso nunca te perteneció; eran de la tierra.
¿Traes mis recuerdos?
¿Esos nunca te pertenecieron; eran del tiempo.
¿Traes mis talentos?
Esos no te pertenecieron; eran de las circunstancias.
¿Traes a mis amigos, a mis familiares?
Lo siento, ellos nunca te pertenecieron; eran del camino.
¿Traes a mi mujer y a mis hijos?
Ellos nunca te pertenecieron; eran de tu corazón.
¿Traes mi cuerpo?
Nunca te perteneció; ese era del polvo.
Entonces traes mi alma?
¡No!; Esa es mía.
Entonces el hombre, lleno de miedo, le arrebató a Dios la maleta, y al abrirla, se dio cuenta que estaba vacía.....Con una lágrima de desamparo brotando de sus ojos, el hombre dijo:
¿Nunca tuve nada?
Así es. Cada uno de los momentos que viviste fueron solo tuyos. ¡¡La vida es solo un momento... !! ¡¡¡Un momento solo tuyo!!! Por eso, mientras estés a tiempo, disfrútalo en su totalidad. Que nada de lo que crees que te pertenece te detenga.... ¡Vive el ahora!. ¡¡¡Vive tu vida...!!! Y no te olvides de SER FELIZ; es lo único que realmente vale la pena! Las cosas materiales y todo lo demás por lo que luchaste, se quedan aquí ¡ NO TE LLEVAS NADA! Valora a quienes te valoran, no pierdas el tiempo con alguien que no tiene tiempo para ti.
Regala esta hermosa reflexión a todos los que quieras en este mundo y disfruta cada segundo que vivas. Eso es lo que te vas a llevar.

viernes, 15 de febrero de 2013

El tiempo y la eternidad


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El tiempo no es sino el arroyo en el que voy a pescar. Bebo en él, pero mientras bebo, veo el fondo arenoso y advierto lo poco somero que es. Su delgada corriente se desliza, pero la eternidad permanece. Querría beber en lo profundo, pescar en el cielo, cuyo fondo está empedrado de estrellas.
THOREAU, Walden

Jon Kabat-Zinn, Mindfulness en la vida cotidiana

viernes, 11 de enero de 2013

Me siento indignada

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Últimamente, cada vez que oigo la radio, veo o leo las noticias, la indignación, la rabia y la impotencia me invaden, y sólo se me ocurre decir... pero ¿por qué?

¿Por qué nos hacen esto? ¿Quién se han creído que son? ¿Por qué juegan así con nuestro dinero? ¿Por qué nos roban con tanto descaro? ¿Por qué nos denigran día a día? ¿Por qué siempre pagan los más débiles e indefensos? ¿Por qué nadie lo para? ¿Es que no hay nadie con sentido común en el poder? ¿Es que se creen que somos tontos? ¿Por qué nos lo llaman a la cara todos los días?

El jueves oí parte de una entrevista a Miguel Arias Cañete en RNE.

Me revuelve el estómago oír a muchos políticos, pero, especialmente, a los que tienen más poder. No entiendo por qué los medios de comunicación les ceden tanto espacio para "lucir" sus mentiras y su demagogia en estos tiempos que hay tanta gente pasándolo mal y viendo peligrar su puesto de trabajo (que para el ministro es pasarlo un poco mal... el sí que sabe lo que es pasar necesidades, ¿eh?)

En fin, decir que es una "señal esperanzadora" que estemos exportando proyectos de edificación a países árabes porque se dan cuenta de que el aire acondicionado funciona y los alicatados no se caen... es lo más vergonzoso que he oído últimamente para justificar todo el dinero que se ha desperdiciado durante años, y que ha dejado sin obra ni edificación a nuestro país, además de obligar a emigrar  (digámoslo claramente) a muchísimos ingenieros de caminos, arquitectos... y de ahí para abajo en el gremio, claro. Muchos de ellos pasada la cuarentena, y padres y madres de familia ¿Eso es mejorar la exportación?

Tan graciosa o más es su segunda "señal esperanzadora". Según él, después de que ayuden a las autonomías, que también han desperdiciado dinero a manos abiertas, se ayudará a las pequeñas y medianas empresas... Es decir que, después de que el sistema autonómico, que son tan cobardes que no se atreven a reformarlo, termine de arruinarnos definitivamente, "ayudarán" a las pocas pequeñas empresas que no se hayan hundido por el camino, claro...

¿Es que este señor no se pasea por el centro de las ciudades? ¿Es que no ve la cantidad de locales cerrados, la cantidad de carteles de SE ALQUILA, SE TRAPASA, SE VENDE...?

Por favor, que se pongan a trabajar en serio, y que no insulten a nuestra inteligencia haciendo esas declaraciones demagógicas en antena.

jueves, 4 de octubre de 2012

Celebrar la vida



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A mi tío, René Sarrat
(1937-2012)
In memoriam

Hemos perdido a un pilar fundamental de nuestra familia. Con dulzura, su memoria se fue alejando de nosotros poco a poco, hasta que se sumió en el silencio total.

Deja un gran vacío difícil de llenar, especialmente, a Ana, a Neli, a Rebeca y a Marco. Suele ocurrir con  las personas especiales. Por eso,  recordemos la vida que compartió con nosotros. Lloremos por su ausencia, y por el dolor de una esposa, de una hermana y de unos hijos, pero agradezcamos la vida de la que fuimos testigos.

Celebremos su sonrisa amplia y generosa que lucía siempre que podía, con conocidos y desconocidos, acompañada de una palabra amable o de un comentario gracioso. Celebremos su planta de hombre moreno,  alto, de frente despejada y tez bronceada.

Celebremos su amor por el estudio que lo condujo hasta la cátedra. Celebremos su amor por la docencia que dejó huella en los muchos futuros médicos que pasaron por sus manos. Celebremos su palabra de elegante cadencia tanto para explicar Anatomía como para ilustrar cualquier otro conocimiento.

Celebremos al hombre de pueblo, al que hablaba catalán en la intimidad de su familia natal, al que salía en busca de conejos, perdices y algún “jaalí”, al que daba paseos hasta la Torre.

Celebremos al hombre de familia: esposo enamorado, padre orgulloso, cuidadoso con sus mayores, cariñoso con sus sobrinos, efusivo con su hermana y con sus cuñados, generoso con todos.

Celebremos la simpatía que nos regalaba en las reuniones familiares, su risa contagiosa hasta las lágrimas, la gracia con que contaba anécdotas que no nos cansábamos de oír, su sonrisa socarrona tomándonos el pelo, para, al segundo siguiente, fingir seriedad o arrepentimiento, acompañados de algún que otro maullido. Tantos y tantos gestos, expresiones y palabras que nos han quedado grabados en la memoria, asociados a su persona.

Celebremos que ahora VIVE para siempre, que nada le falta.

Alegrémonos por los años que completó junto a nosotros, para que su recuerdo siga acompañándonos.

viernes, 31 de agosto de 2012

Cuatro décadas



Me paro a pensarlo, y me parece mentira. A pesar de mis limitaciones físicas, yo no aprecio que tenga tantos años; todavía me siento más cerca de los treinta que de los cuarenta. Aunque hace tiempo que noté que me hacía "mayor" cuando dejé de ser la más joven de mi centro, cuando dejaron de confundirme con una alumna (aunque aún todavía me ocurre ;-), cuando empezaron a llamarme "señora"; cuando llegaron profesores más jóvenes que yo, y me sorprendía saber su edad porque, inconscientemente, yo me quitaba años... Más que ser ellos muy jóvenes, pensaba que cómo podía ser yo tan mayor... Imposible. Lo mismo cuando me paro a pensar en los años que se cumplen del fin de carrera, o de una amistad, o de cuando que empecé a trabajar, o que me casé, o cuando miro a mis hijos y los veo "tan mayores".

Pero lo años no pasan en balde, como se dice, y he acumulado vivencias, conocimientos (se supone), experiencia, amor, amistades, relaciones varias, momentos alegres, momentos tristes, momentos que me gustaría borrar de mi memoria... alguna arruga, algún kilo...

Sin embargo, sin tiempo, es imposible madurar, y todavía menos, seguir ni aprendiendo, ni, mucho menos, viviendo. Es bueno hacerse mayor, y poder mirar hacia atrás. Y una cosa es cierta, nunca seremos más jóvenes de lo que somos ahora. Lo que envidiamos de la juventud ya lo tuvimos entonces; lo que nos toca es disfrutar nuestro momento, y seguir sintiendo la ligereza de edad en el corazón. Nunca es tarde para hacer lo que siempre quisimos hacer, ni para aprender, ni para cambiar de actitud ante la vida, ni para renovar ilusiones.

Los cumpleaños pueden ser nostálgicos, como la Navidad o el fin de año, pero ayer, cuando miraba las fotos de las vacaciones, me vi guapa, y lo que es más importante, feliz, y me alegré de cumplir cuarenta años. En muchas de ellas, estoy rodeada de mis dos tesoros: Jesús y Jaime. Mi mejor huella en el mundo. Merece la pena cumplir años.



viernes, 17 de agosto de 2012

Síndrome de Fatiga Crónica (II)

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El Síndrome de Fatiga Crónica es una enfermedad rara que está reconocida por la OMS desde hace veinte años. Sin embargo, hay médicos que desconocen esta enfermedad, e incluso dudan de su existencia. Un virus, un accidente de tráfico, un traumatismo, o una situación fuerte de estrés podrían ser su origen.

Yo no sé si se trata de un saco sin fondo donde nos meten a muchos pacientes por exclusión de otras enfermedades o no. Lo que sé es que los que la padecemos somos personas con nombre y apellidos; muchos tenemos familia y trabajo. Necesitamos que se nos dé la importancia que nos merecemos como cualquier otro paciente de cualquier otra enfermedad. Pues, como dicen en la página del Instituto Ferrán, el impacto del SFC en la vida del enfermo es demoledor, tanto por la enfermedad en sí misma (hay quien no se puede levantar de la cama ni vestir solo), como por el aislamiento e incomprensión del entorno.

La mayor parte de la información se encuentra en Internet, aunque hay quien te aconseja que no entres. Muy bien, si yo me fío más de un buen médico que de Internet, pero si llevo meses con mi vida aparcada en una esquina, y, en la consulta, no me dan ninguna explicación… ¿qué otra cosa puedo hacer?

Para quien tenga dudas, me gustaría aclarar varios puntos:
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1.    Yo sé lo que es estar cansada. He estudiado una carrera, he salido de noche, he viajado, me he pateado grandes ciudades, he practicado senderismo, natación, yoga; he preparado oposiciones a la vez que trabajaba, las he sacado embarazada de siete meses, y tras algún disgusto; he trabajado lejos de mi ciudad, he tenido dos hijos bastante seguidos, les he dado el pecho a demanda, el pequeño ha dormido fatal durante años, soy una persona muy responsable y perfeccionista… Vamos, que he estado cansada muchas veces en mi vida, pero he podido seguir adelante a pesar del cansancio. Cuando ahora digo que estoy cansada, no he hecho ninguno de los esfuerzos anteriormente mencionados (llevo año y medio de baja laboral), me canso de hacer un recado cerca de mi casa, de comer con unas amigas, de ir a recoger a mis hijos a la salida del cole, de hacer la comida… y, proporcionalmente, el cansancio es infinitamente mayor al esfuerzo realizado, pudiendo alargarse varios días, e impidiéndome realizar otras actividades. Primero, porque no puedo, segundo, porque a más esfuerzo> más cansancio>  más tiempo de recuperación.

2.   Tengo buena cara. Sí, muchas veces tengo muy buena cara. Nadie diría que estoy enferma. He adelgazado, no puedo estar mucho tiempo de pie, y cuando tengo crisis, palidezco y me salen ojeras, pero, si no, parezco normal. Pero… a pesar de mi buena cara, estoy enferma.

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3.       No sé cómo estoy. Me quedo en blanco cuando me preguntan “¿Qué tal estás?” porque, en mayor o en menor medida, siempre estoy cansada. Si respondo bien, estoy faltando a la verdad, porque para mí bien, no es estar como estoy; si respondo mal, asusto al que me lo pregunta, porque me imagina tirada en el suelo… entonces, opto por el “Parecido” o “Hoy tengo un buen día” Tampoco me conviene analizar con cada persona que me encuentro si estoy más o menos cansada que el día, la semana, el mes o el año anterior, porque bastante vueltas le doy yo en mi cabeza. Pero entiendo que tanto el punto anterior como este son inevitables y bien intencionados, pues yo misma lo hago. Mi colmo de preguntar “¿Qué tal?” es a una persona a quien se le acaba de morir alguien. Alternativas, “¿Qué haces?”, “¿Cómo te va?”, “¿Qué has hecho hoy?”, “¿Has hecho algo especial?”, “Me alegra oírte/verte”… O, mejor, cuéntame algo de ti, porque, a veces, yo no tengo mucho que contar.

4.       Yo puedo hacer cualquier cosa si me fuerzo. No es cuestión de voluntad. Es que no debo forzarme porque eso me provoca más cansancio. En un día bueno, se me olvida que estoy enferma, y, si me apuras, me puedo comer el mundo: “Estoy andando/comprando/trabajando/cocinando… ¡y no me canso!” Uyyyy, peligro, si no es ese día, el siguiente, o el siguiente… lo pagaré. Y, si te tienes que forzar estando cansada: cefalea, dolor de piernas, de espalda, falta de concentración, irritabilidad… Lo más difícil, decirte no a ti mismo y ante los demás… Lo confieso, no me gusta que los demás piensen que soy débil. No me gusta disculparme ni justificar mi cansancio ante los demás.

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5.       Lo mío no es de la cabeza. En fin, tengo unos cuantos cables pelados, para qué negarlo, pero como mucha gente. Por supuesto que sé que el cerebro está muy unido al resto del organismo, y que existen enfermedades psicosomáticas, pero, ¿hay algo más psicosomático que un infarto en una persona estresada? ¿A que los médicos no le dicen, anda majo, vete a casa, trabaja menos, tómate las cosas con calma, y no le des tantas vueltas a la cabeza, que lo tuyo es todo psicológico? Sé que tengo que cambiar mi forma de pensar y mi forma de vivir, pero lo mismo que tendrá que hacer el del infarto cuando le den el alta. Por supuesto, muchas veces estoy triste porque no puedo bailar, no puedo subir escaleras, ya no puedo ni hacer yoga, ni excursiones, ni nadar, ni jugar con mis hijos a la pelota, no puedo cocinar grandes banquetes (de acuerdo… tampoco lo hacía antes), ni pasar el aspirador o limpiar los baños (sí… esto también me cansaba antes), no puedo organizar tantas reuniones ni actividades como me gustaría, ni acudir a cursos, conferencias, reuniones, manifestaciones… tengo miedo a viajar, no digamos a un museo… ¿Quién no se pondría triste? Ah, y que, ¿cómo está mi marido? Muy contento, os podéis imaginar. La mujer con que se casó se le ha estropeado, y no tiene a quién reclamar. Sé que hay enfermos a los que los abandona su pareja… Aaaah, se siente, “en lo bueno y en lo malo”, “en la salud y en la enfermedad”… El amor es lo que tiene.

6.       La parte positiva. Sí, hay una parte positiva. A la fuerza, he tenido que prescindir de muchas tareas que antes creía necesarias, y que he comprobado que, en realidad, no lo son tanto. Hay recados y labores que pueden esperar horas, semanas o meses a hacerse. He aprendido a relajarme y a aceptarlo. Por el contrario, me he tenido que formar en otras ocupaciones que son vitales: practicar el autoconocimiento, la autoayuda y la meditación. Esto me está enseñando a controlar mis emociones, a ser más tolerante conmigo misma y con los demás, a que es imposible conseguir resultados diferentes si haces siempre lo mismo, a prestar menos atención a mis pensamientos, “a que si estoy allí cuando estoy aquí, tampoco estaré allí cuando llegue”… También a aceptar que decir no o pedir ayuda, o tener límites no son signos de debilidad. Empresas difíciles que lleva asentarlas toda una vida. Además, he tenido tiempo para hacer un taller de plantas y huertos, taichí, chi-kung, atender al blog… Y, sobre todo, como explicaba en la entrada anterior, descubrir la cantidad de gente que me aprecia, que me quiere, que me apoya, que me sostiene.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Síndrome de Fatiga Crónica (I)

Cansado


Mi cuerpo está enfermo.

Si algo agradezco en mi camino de año y medio enferma, es haberme encontrado a tanta gente comprensiva y empática. Acostarse y levantarse cansada es algo difícil de explicar. Como una vez me dijo mi buena amiga María, “es que lo que tú tienes no es cansancio, no hay una palabra para definir lo que a ti te pasa”.

Da vergüenza decir que te has tumbado después de desayunar, y que no has podido levantarte antes de las once/doce. Un ratito resulta placentero, pero, a lo que yo me refiero es a perder el control sobre tu cuerpo, porque, cuando esto me ocurre (en las peores épocas de mi enfermedad) ni me entero de que me duermo, no oigo el despertador aunque lo tenga pegado a la oreja (¡literalmente!), me cuesta mucho levantarme; luego, estoy atontada, además de haber perdido toda la mañana.

Me hace sentir culpable tener una enfermedad que me convierte en una vaga ante los demás.

Todo empezó el 3 de marzo de 2011, con un virus como otro cualquiera que afectó a los cuatro de la familia, pero, en mí, se alargó más de lo esperado. Una mononucleosis que, en adultos, puede dejar una fatiga crónica.

No entendía lo que me estaba pasando; mi mayor preocupación eran las consecuencias externas, en vez de centrarme en los mensajes de mi cuerpo, de dejarle actuar, de ser mi prioridad.

Me acompañaba la música de Snatam Kaur, que me mecía el alma. La cama era mi refugio, el lugar que me acogía, y donde aliviaba mi cansancio, porque no podía ni leer, hasta pensar me dolía. Mis talismanes: un forro polar y la manta con que me arropaba.

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Recuerdo la alegría del primer día que me sentí bien. Y la tristeza de pagar el esfuerzo de ese día en que creía haberme curado, dos días después, al no poder limpiar a Jaime. Recuerdo sus palabras, su carita de susto, sus manitas acariciándome, sus besos, sus abrazos que me hacían llorar todavía más de la emoción de que mi hijo pequeño me viese sufrir.

En mi prisa por recuperarme, no me di cuenta de que las mejorías eran una trampa, de que mi cuerpo me pedía sosiego, calma, dosificación. Creía que podía recuperarme rápido, que lo importante era recuperarme, no escuchar a mi cuerpo.

En primavera, descubrí los paseos, y asientos al sol, y el placer de indagar sobre mi situación, sobre cómo había llegado a ella, y cómo me estaba proporcionando un punto de descanso, para hacer “inventario”, como dice Judith.

Mataleñas, bajo las mimosas, el tacto de los bancos de madera. La playa de La Arnía, con el ruido de las olas, el calor del sol; las vistas del paseo de Mogro: mar, arena, caballos corriendo por la playa, campos verdes, vacas, pájaros, huertos, flores, árboles… un café frente al mar…

 My+Lonely+Island+-+Niijima+Coast+at+Sundown

Me tocó aceptar que esto se estaba prolongando más de lo “previsto”. Es difícil aceptar que tienes una enfermedad crónica, de origen desconocido, y convivir con ella.

En septiembre, al comprobar que no podía trabajar, a mí recaída física, se sumó una depresión. Pero, a veces, hay que tocar fondo, para poder dar una patada, y salir de nuevo a la superficie.

Me he puesto en manos de buenos especialistas (incluidos psicólogos y psiquiatras) y me han mirado de arriba abajo. Es desesperante comprobar que tienes muy buena salud a pesar de que te encuentras fatal. Es frustrante ir de consulta en consulta, y de prueba en prueba, deseando que te localicen algo que te puedan curar, o, por lo menos, algo que tenga un nombre conocido, poder ponerle una etiqueta a lo que te ocurre.

He tenido mucha suerte porque no he estado sola, porque el primer médico que me vio, aparte del de cabecera, me mencionó ya el SFC, al igual que mi hermana Inés, que también es médico, y porque la vida te da por un lado lo que te quita por otro. Me encontré en el camino a una nueva amiga que había pasado por esto antes que yo; tuvo la generosidad de cederme la información que ella tenía, además de transmitirme su experiencia y sus ánimos.

 Chris+%26+Jessica+Engagement+-+Falling

Soy afortunada porque mi familia, mis amigos, mis compañeros me conocen, y se dieron cuenta de que lo que me pasaba no era normal, no era una depresión encubierta, como algunos puedan creer, era algo más. Ellos me han ayudado a permanecer cuerda, a confirmar que no me he vuelto loca, a quererme más, a apreciar a la persona que siempre he sido, y que no he dejado de ser.

Tengo momentos y épocas de decaimiento, de desánimo, pero, también de mucho aprendizaje. Supongo que como cualquiera que padezca una enfermedad que se prolonga en el tiempo. Pero sé que la desesperanza no me lleva a ningún lado, que la vida sigue siendo hermosa, y sigue ofreciéndome oportunidades de disfrutar de ella. Estoy aprendiendo a vivir más despacio, a aceptar mis límites, a quitar hierro a lo que realmente no tiene importancia, a disfrutar más… en momentos concretos, a practicar la paciencia.

No ignoro que mi cuerpo me ha querido decir algo, pero no muy diferente a lo que le pueda decir a alguien con una úlcera de estómago, con un colon irritable, con un infarto o con un cáncer… y, sin embargo, nadie duda de que sus enfermedades sean “reales”.

Con mis palabras, aparte de explicar mi experiencia, me gustaría ayudar a la gente a conocer esta enfermedad, especialmente a aquellos que la padezcan y a los que los rodean.

La medicina debería ser algo más que evidencias, estadísticas y tratamientos. Un paciente que sufre nunca debería sentirse mal delante de un médico porque éste no puede constatar objetivamente sus síntomas o porque no existe un tratamiento. La comprensión y el apoyo del médico ya representan un tratamiento. Un paciente nunca debería sentirse un “farsante”, padezca lo que padezca.

viernes, 1 de junio de 2012

¡Qué valiente!

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Hace tiempo que quería reflexionar sobre esta frase que decimos a menudo a los niños.

Unos meses atrás, llevé a Jaime (cinco años), al médico a un tres por uno: tapón de cera, conjuntivitis y herpes zóster.

Tenemos un enfermero encantador y maravilloso, Chema, que es amigo de todos los niños. Era la segunda vez que le quitaban un tapón de cera, así que Jaime ya sabía lo que era, y, esta vez, no lloró. Lo que nos salió a todos los que estábamos en la consulta (madre, enfermero y dos estudiantes de enfermería) fue elogiarlo por lo valiente que había sido, e incluso le pusieron una pegatina que era una medalla  al más valiente, "por haber llorado poquito".

La cuestión es que con las gotas que nos dieron para la conjuntivitis, no nos fue tan bien. No dejaba ponérselas (cada ocho horas durante seis días...) El pobre lloraba, nos quitaba la cara, y decía: "Yo quiero ser valiente, pero no puedo" Esto me hizo caer en la cuenta de la importancia de las etiquetas, en las que tanto se insiste en pedagogía. Algo que nosotros habíamos interpretado como positivo, le estaba haciendo sufrir porque pensaba que así dejaba de ser valiente. Por más que yo le explicaba, que no pasaba nada, que era normal que le asustase, que a su padre tampoco le gustaba, y que seguía siendo valiente, no logré convencerlo.

La semana pasada, la hija de casi seis años de una amiga tuvo que ir a hacerse una resonancia magnética. Hablando con la madre, le conté los recursos que usaba mi enfermero, y a ella, se le ocurrió disfrazarse para ir a la prueba.

Este fue el resultado:


Yo les mandé esta foto, y un vídeo que no he podido subir, con una careta de león, en el que le confesaba que los leones también nos asustábamos:



Mi amiga me dijo que, aunque agotada, salió contenta.

P.D. Truco para echar las gotas a un niño que cierra los ojos cual "culo de pollo": si hay que echarle dos gotas, echar cuatro, y cuando abra el ojo, se supone que le entrarán dos. Me lo explicó mi médico... a posteriori

martes, 24 de abril de 2012

El abuelo Ángel


En mi entrada de Recuerdos ancestrales, mi padre aclaraba, en los comentarios, que mi abuelo paterno había muerto cuando él era joven, por lo que ninguno de sus nietos llegó a conocerlo.

Pero eso no quiere decir que no me acuerde de él, ni que no haya dejado huella en mi persona, y, en mi memoria. Primero, porque siempre he oído contar que era un hombre muy bueno, y que mi padre se parecía mucho a él. Así que lo supongo muy parecido a mi padre en muchos aspectos, tanto de su bondad, como de su gusto por la música. Porque mi abuelo era músico (de una banda de un pueblo pequeñito de Teruel, pero músico); de él, heredaron sus hijos el buen oído, y en casa de mis padres, siempre se cultivó el gusto por la música clásica.

Y tengo un recuerdo ancestral ligado a él. Mi abuela contaba que ella cantaba fatal, y que mi abuelo, les cantaba a mi padre y a mis tíos canciones para dormir, y no se dormían porque siempre querían más. Sin embargo, mi abuela, les hacía "Aaaaaaaaaaaaaaa", y, en dos minutos, se quedaban fritos sin reclamo de bises. Así, que cuando oigo a alguien mecer a un niño con el "Aaaaaaaaaaa", me acuerdo de mi abuelo Ángel.

Tengo una imagen lejana y difusa de su casa, en el casco antiguo de Zaragoza, y su piano. Yo era muy pequeña, pero me admiraba saber que mi abuelo desaparecido había acariciado esas teclas y había dejado su huella en ellas.

También sé que le gustaban mucho los niños, como a mi padre, y mi abuela siempre se lamentaba de lo que hubiese disfrutado de sus nietos. Así que, muchas veces, mirando esta foto, intentaba imaginar cómo hubiese sido tener un abuelo como él.

Mi padre cuenta muchas anécdotas de lo que les decía, de bromas que les gastaba; de la ilusión con que preparaba los Reyes, que ya empezaba a comprarlos al día siguiente de la misma celebración para el próximo año; de lo que sufrió en sus fracasos empresariales, y en su enfermedad.

También he pensado muchas veces en el dolor de mi padre muy joven, al perder a una persona tan maravillosa. Me lo imagino a través de los ojos de mi madre, que fue al velatorio acompañando a una hermana, una de mis tías maternas, con quien mi padre cantaba en una coral; nos lo describió paseando por la casa con gafas oscuras.

Curiosamente, porque mi padre necesitaba el dinero para la familia, dadas las circunstancias, mi madre se acordó de él cuando le ofrecieron un puesto de trabajo en Mequinenza como profesora, donde también buscaban a otro profesor para la parte de ciencias (profesión para la que en realidad no tenía vocación, y que no tardaría en abandonar). Fue allí donde se conocieron,  se enamoraron y empezaron a recorrer un camino de más de 50 años, sin el cual, yo no estaría aquí, ni estaría escribiendo esta entrada del abuelo al que no conocí.

lunes, 9 de abril de 2012

Recuerdos "ancestrales"

while+the+city+sleeps

Llevo una temporada sin tiempo ni ganas de escribir en el blog, y hasta se me están escapando frases célebres que no sé si recordaré más tarde.

Pero estos días, estoy pensando que es curioso de qué manera te llegan muchas veces los recuerdos del pasado.

El otro día, Jesús, que estaba ya en la cama, me llamó porque, aunque estaba tapado, tenía frío en la espalda al girarse. Entonces yo le moldeé el contorno con la manta, tal y como hacía mi padre cuando venía a darnos las buenas noches (de pequeñas, y de mayores, je, je). Lo ha cogido de costumbre, así que todas las noches, me acuerdo de mi padre.

Cuando les duele la tripita o la cabeza, les cuento que mi madre nos ponía las manos, como a un centímetro del cuerpo, nos producía un calorcito muy agradable, y nos aliviaba. Así, que me acuerdo de mi madre cuando lo hago. Las manos de una madre nunda se olvidan, y más, si son unas manos bonitas como las de la mía.

Hay unos calcetines muy estrechos que cuesta mucho ponerle a Jaime. Yo doblo el elástico hacia afuera, lo introduzco en el pie, ensanchando la punta, y, luego, desdoblo el calcetín desde el elástico hacia la pierna. Entonces, me acuerdo de mi abuela paterna porque fue un truco que me enseñó ella. También, cuando como caramelos de tofe, que le encantaban. O cuando me equivoco, y pongo los zapatos al revés en mis pies o en los de los niños, porque contaba la historia de uno de su pueblo al que le ocurrió, y, como no se dio cuenta, fue todo un camino quejándose de lo incómodos que eran los zapatos...

Cada vez que me pongo unas sandalias o zapatos de hebilla, me acuerdo de mi otra abuela, que siempre me pedía que se las atase porque le costaba mucho agacharse, y a mí me gustaba sentirme útil.

Mis abuelos vivían en Zaragoza, y pasaban el verano en Santander; así que cuando nos montábamos los siete en el coche (¡oh!), yo, como era la pequeña, y muy menudita, iba delante con mi abuelo; él tenía la costumbre de dejar una pierna fuera para que yo pudiese entrar, y sentarme entre las dos. Así que, muchas veces, cuando me siento en el asiento del copiloto, me acuerdo de mi abuelo. Y, por supuesto, cuando como galletas Reglero, que nos traían de regalo.

Hace poco les gasté a J&J una broma habitual de él: nos cogía la mano, y nos preguntaba, mientras la apretaba: "¿A quién quieres más, a tu padre, a tu madre o al ay, ay, ay?" Jaime, lo tuvo claro, y resistió: "A mamá" Jesús, también resistió, por muchas veces que lo repetí, como siempre, diplomático, repetía una y otra vez, tronchándose de risa: "¡A papá y a mamá!". Debe de ser que no tengo la mano tan grande ni tan fuerte como la de mi abuelo :-)

Cuando íbamos a Zaragoza en invierno, mis abuelos sólo tenían estufas de butano. ¡Menudo frío hacía al levantarnos! Mi madre nos dejaba la ropa delante de la estufa de la cocina para que calentase, y nos vestíamos allí. A veces, por la noche, yo hago lo mismo con el pijama; lo dejo delante de la estufa del baño mientras me lavo los dientes. Entonces, me acuerdo de la cocina de mis abuelos.

Y lo mismo con los sugus y las galletas de barquillo, que comíamos casi en exclusiva en su casa.

Cuántas excusas aparentemente insignificantes te da la vida para traerte recuerdos de tus seres queridos. A algunos hasta les dio para escribir un libro, ¿no?

Más recuerdos: El abuelo Ángel

lunes, 30 de enero de 2012

Aniversario en paz

No hay camino para la paz, la paz es el camino. Gandhi

Camelia en la Isla de la Toja. 2003




Después de llevar tiempo leyendo varios blogs que me gustaban, me planteé ¿por qué no intentarlo yo?, y me lancé "a la red".

Coincidiendo de nuevo con el Día de la Paz, y habiendo superado las diez mil visitas, escribo esta entrada al cumplirse un año desde que emprendí esta aventura bloguera.
Entonces, no sabía muy bien hacia dónde me dirigía, ni cuánto iba a durar, ni si iba a hacer el ridículo. La cuestión es que parece que he encontrado un público, modesto y familiar. Modesto, por el número de seguidores; familiar, porque sé que me sigue mucha gente cercana, empezando por mis padres (que parecen la madre de la Pantoja si leéis sus comentarios, ja, ja...), por mis amigos (no puedo evitar nombrar a Sandra: mi primera y más fiel seguidora), y por parte de la tribu de la UP. También se me han ido incorporando seguidores "desconocidos" que se muestran muy cercanos a través de sus visitas y de sus palabras.

Muchísimas gracias a todos por vuestro cariño, por vuestro respeto, e incluso admiración, por acompañarme, por seguirme y por elevar mi autoestima :-)

En fin, después de un año, sigo sin saber del todo hacia dónde me dirijo, ni cuánto perduraré, ni si hago el ridículo. Pero, sé que es un entretenimiento que me gusta, que me permite practicar de vez en cuando la afición de escribir, almacenar contenidos de la red que en algún momento me llegaron al corazón, me hicieron reflexionar o, simplemente, reír. Además, he podido dedicarle más tiempo "gracias" a un año sabático que "me ha regalado" un problema de salud que mi cuerpo no acaba de superar.

Ya sabéis que algunos de estos contenidos a los que me refería antes, los he ido desviando hacia otro blog en el que colaboro: Esperanza verde y azul.

Como decía la Madre Teresa de Calcuta, somos una pequeña gota de agua en el inmenso mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota. Todos somos gotas en el océano de este mundo embravecido; quien más y quien menos puede contribuir a amansar sus aguas.

Copio el lema que encabeza El mundo de Armandillo:

Cuando era un niño, quería cambiar el mundo;
cuando fui joven, me di cuenta que tenía que cambiar mi país;
de adulto, mi familia;
y ahora que voy a morir, he comprendido que si hubiera cambiado YO, habría cambiado el mundo.

No quiero llegar al último momento sin haber comprendido lo esencial. Por eso, cada día, intento trabajar mi crecimiento personal para que esto se proyecte en mi familia, en mi entorno, en mi país... y, quién sabe, en el mundo.
¿Soy muy ambiciosa?

Descanso campestre. Agosto de 2011
P.D. Me falta añadir que detrás de una pequeña mujer, hay un gran hombre, que me sigue y me admira en la sombra ;-), y que contribuye a ilustrar el blog gracias a muchas de las fotografías. Está ahí, detrás de la cámara, discreto, como es él.

sábado, 7 de enero de 2012

Incomunicarse para comunicarse...

Angry+Bird+Coaching

Me han traído los Reyes un regalo que me ha hecho mucha ilusión: un smartphone. Yo no uso mucho el móvil, y no me gusta la dependencia que crea, o los usos tantas veces innecesarios que hacemos de ellos, recordando un artículo de Pérez Reverte, cuando todavía la tecnología no había avanzado tanto. Pero estos aparatitos me atraen mucho, y tenía ganas de estar conectada con seres queridos que hace años veía a diario, y, ahora los veo de año en año...

Sin embargo, mi mente se resistía porque me daba miedo no tener voluntad para controlar al teléfono, y que el teléfono controle mi vida... Con la ilusión del segundo día, claro, he mandado avisos a mis amigas.

Hoy, cuando hemos conseguido arrancar a los niños de los juguetes para aprovechar el solecito tan rico que llevaba brillando desde la mañana, hemos ido a dar un paseo por la playa. Estaba tranquila y el mar, precioso, empezando a teñirse del sol del atardecer.


Entonces, he recibido un aviso al Whatsapp de una buena amiga; ya sólo tenía ojos para el teclado, y oídos para el "plin" de los mensajitos que me iban llegando. Además, claro, mis hijos también querían compartir "el juguetito de mamá". No quería dejar de hablar con ella, pero me ha dado miedo parecerme a las personas de este anuncio cuyo enlace nos dejaron el curso pasado en la UP:


Bueno, después de un ratito de chat, he conseguido despedirme, y disfrutar del paisaje de mi alrededor. Mientras volvíamos al coche, los cuatro hemos podido admirar las nubes de estorninos que iban y venían creando figuras de muy distintas formas, tamaños y grosores: un espectáculo realmente increíble. Ha habido un momento en que se han posado en un árbol totalmente desnudo, al que parecía que le habían brotado repentinamente cientos de hojas. Al poco rato, todos han vuelto a emprender el vuelo al unísono en un nuevo efecto sorprendente, dejando al árbol tan solitario como antes.


Lo que se observa en la parte superior
del árbol son pájaros, no hojas
 Consejos para usar el smartphone

P.D. Quiero aclarar que las fotos no están hechas con la cámara del móvil, aunque hice una para mandársela a mi amiga, y no quedó mal.