domingo, 26 de junio de 2022

La clave: volver a levantarse

"Lo más importante no es no haberse caído nunca, sino levantarse después de cada caída."

Suena a tópico, pero es así. No hay un secreto de la felicidad. No hay una fórmula que se aprenda y que garantice el bienestar permanente. Por supuesto, hay muchas enseñanzas valiosas, pero lo más importante es encontrar las que sirven a cada persona, y tenerlas presentes cuando vengan "mal dadas". Lo más importante es volver a intentarlo aunque se haya caído de nuevo en los errores que se querían evitar. Si se cae: se acepta, te das permiso para el error, te perdonas, lo dejas ir y lo intentas de nuevo. Las veces que haga falta.

Ocurre a menudo que se lee un libro, una frase, se hace un curso, se escucha una charla que abre los ojos, que señala el camino con claridad, pero, luego, se vuelve a la rutina, baja el entusiasmo y se olvida.

O se empieza a practicar y, al primer momento flojo, se cree que no funciona, por lo que se regresa a las antiguas costumbres, a los antiguos surcos del cerebro sin haber dado tiempo a crear los nuevos. Entonces, se extrae la conclusión de que esos cambios no son para ti, que no funcionan contigo, se tira la toalla y se desconfía de cualquier enseñanza porque "no sirvió de nada" en el pasado.

Los cambios de hábitos, o su nueva adquisición, requieren tiempo y esfuerzo. Si se quiere mejorar la autoestima, se tiene que cuidar cada día, un día tras otro, poniendo mucha atención a las caídas y a los momentos de baja forma. Transitarlos, darles espacio, y, al mismo tiempo, recordar que un día o un momento bajos son pasajeros, y confiar en que habrá nuevas oportunidades de volver a intentarlo.

Si se quieren combatir los pensamientos dañinos, hay que trabajarlos: identificarlos, buscar estrategias para ponerlos a raya, cambiarlos por otros que sean constructivos. Requiere consciencia y cierta disciplina.

El problema no está en el método, ni en la persona. No hay fallo: hay oportunidades. Vuelve a intentarlo cada vez que surjan.

Esto en cuanto al trabajo personal se refiere, aquel que depende única y exclusivamente de uno mismo. Pero, en situaciones de convivencia que implican a terceras personas, igual de importante es saber cuándo decir basta. Se han dado muchas oportunidades que no dependen de una o de uno mismo, y no han funcionado. Entonces, la clave quizás no sea volver a intentarlo, sino dejar de intentarlo con esa persona, cambiar de estrategia porque está claro que esa no ha funcionado. Que se intentó muchas veces y es hora de probar algo diferente que aún no se hizo.

Tampoco es fácil. Hay que tener los límites muy claros y darte prioridad.


domingo, 14 de febrero de 2021

Ni por favor, ni por favora, de María Martín, o lo que es y no es el lenguaje inclusivo.

    Me he traído este libro a una entrada aparte porque creo que se la merece.    

    Lleva como subtítulo "Cómo hablar con lenguaje inclusivo sin que se note (demasiado)"


    Como tanta gente que se ha visto contaminada por los señoros de la RAE y sus acólitos y acólitas, yo tenía un concepto equivocado del lenguaje inclusivo. No consiste en un trabalenguas de duplicaciones de palabras y términos imposibles que no existen (aunque a algunos, a fuerza de usarlo, nos vamos acostumbrando: jueza, médica, ingeniera...), como han querido creer y hacernos creer. Tampoco es llenar los textos de equis o de arrobas imposibles de leer.

    Se trata de hacer visible a la mitad femenina de la población (el neutro, artificial de momento, no lo hace) a la que se ha ocultado durante siglos por una cultura machista. Consiste en incluirla, o en no excluirla del lenguaje. Es evidente que decir una eminencia científica y pensar en un hombre aunque se trate de una mujer, no es un problema del lenguaje, porque la palabra es femenina, sino de la realidad a la que se ha acostumbrado nuestro cerebro. He aquí el interesante experimento que llevaron a cabo una professora y un profesor de Plástica; me parece altamente ilustrativo, tanto por los resultados como por el análisis posterior: Masculino genérico: un experimento de lenguaje inclusivo con dibujos.

    Pero, mientras esta realidad cambia a paso de tortuga, quizás podríamos usar el lenguaje para visibilizar a niñas, jóvenes, mujeres adultas y ancianas que forman parte de dicha realidad. Y, a veces, sí, es necesario duplicar si no hay alternativas (que las hay, y muy buenas: Guía de lenguaje no sexista), igual que cuando se abre un evento con "Señores y señoras" o te dan a elegir en un documento administrativo entre "don" y "doña". En el contexto académico, se puede hablar de "alumnado", de "grupos", de "profesorado", de "familias", de "personal de limpieza", pero si se quiere mandar un comunicado a los tutores, se tendrá que nombrar también a las tutoras, porque, si no se hace, no son visibles, por muy igualitario que se sea y que se tenga en cuenta su labor. Es cuestión de ponerse una vez más las gafas violetas para descubrir dónde no se visibiliza al sexo femenino y de aprender a incluirlo sin que distorsione el discurso en exceso.

    María Martín no es lingüista, pero lleva estudiando los diccionarios desde pequeña porque los ama, y hace una labor ingente estudiando el lenguaje y sus escondites sexistas. No sólo en el masculino genérico (expresión paradójica donde las haya), sino, en las definiciones y en las palabras que se incluyen.

    Por ejemplo, se ha tenido que esperar 98 años para incluir la palabra sororidad desde que Unamuno la propuso. Y entró a la vez que selfi, meme, escrache y viagra que no tuvieron que esperar tanto. No aparece gigolo, pero hay más de ciento cincuenta sinónimos de puta. Y, si alguien tiene curiosidad, que busque en el diccionario de la RAE cunnilingus y felación a ver si encuentra las diferencias.

    Recomiendo: sacudirse los prejuicios, leer a María Martín (que además es una mujer con mucha guasa, no da puntada sin hilo) e interesarse por la labor del perfil Golondrinas a la RAE en Twitter.

    Por cierto, el título del libro siempre me recuerda al monólogo de Luis Piedrahíta sobre las madres:


sábado, 13 de febrero de 2021

Mis lecturas de otoño/invierno (las que recuerdo): A corazón abierto, Los asquerosos, La buena suerte, La nena, Sí puedes.

A corazón abierto, de Elvira Lindo.


    Este y los tres siguientes, los he leído en eBiblio.

    Lo empecé en verano, y no lo acabé porque no me enganchaba. Su lectura me dejaba mal sabor de boca y el padre no me caía nada simpático. Lo cual quiere decir que la autora ha tenido que hacer un esfuerzo enorme para escribirlo; de ahí el título, no sólo por la operación de su madre.

    No es un biografía edulcorada ni siempre amable con quienes fueron sus padres. Pero hay mucho amor y respeto; simplemente, no ha disfrazado la realidad. Ha contado la verdad, su verdad (cada cual tiene su versión). Y ha tratado de darse respuestas a preguntas que la han formado como personaje de la novela  y de su propia vida, a ella y a su familia. Hace unas semanas lo retomé y lo terminé.

Los asquerosos, de Santiago Lorenzo.

    Con este libro, como con el anterior y con muchos otros, que no acaban de llenarme, he ejercido los Derechos del lector de Pennac. Me habían hablado muy bien de él, y, lo siento, pero no me ha gustado. Reconozco su mérito como experimento antropológico y narrativo, su originalidad, las curiosidades que experimenta Manuel... Sin embargo, seré muy simple, a mí un libro me tiene que conmover de alguna manera, o conseguir que me encariñe con sus personajes, que me atrapen. Desde luego, a través de las líneas de esta novela y de sus dos personajes sólo llegan emociones muy contenidas.

    El derecho que he ejercido esta vez es el de, a mitad de libro, o un poco más allá, saltar directamente al final para ver qué ocurría finalmente con el dichoso sobrino prófugo de la justicia.

La buena suerte, de Rosa Montero.

    

    Cuando escuché la entrevista a la autora por esta novela en De Pe a Pa, no me atrajo demasiado la historia. Pero, luego, vi que Patrica Ramírez, que ha empezado un club de lectura, estaba enganchada y me animé. Al acabar el libro, volví a a escuchar la entrevista anterior y cobró otro sentido para mí.

    La curiosidad de la escritora al ver desde el tren un cartel cutre de "Se vende" en una casa fea, en el pueblo más feo que se pueda imaginar, da pie a toda una novela con un entramado de historias y de personajes.

    He aquí uno de los misterios de la escritura y de la inspiración. Otro es cómo un personaje (Raluca, la vecina del protagonista) al que la autora quería secundario en un principio, se acaba comiendo la novela como si tuviera vida propia. Aunque al principio me rechinan un poco sus monólogos, va cogiendo fuerza y personalidad a lo largo de las páginas y termina por conquistar el corazón del lector.

    Algo que me admira de Rosa Montero es su capacidad para investigar los temas y los asuntos más variopintos, y dotar a sus novelas de verosimilitud, y, a sus personajes, de rasgos singulares. Como la obsesión del protagonista por saber cómo se sobrevive en situaciones de peligro extremo, por ejemplo, al caer en aguas movedizas, o el relato de crímenes atroces para reflexionar sobre el bien y el mal.

    Tenemos un protagonista, Pablo, atractivo, inteligente, interesante, misterioso, con un pasado difícil de digerir. Es un personaje cerrado que se va quitando capas poco a poco hasta quedarse totalmente al desnudo. Me entra la duda de que alguien que ha reprimido tanto sus emociones y sus relaciones pueda llegar a cambiar aunque sea de la mano de un ángel como Raluca.

    Por último, está  Felipe, un secundario cuyo papel se vuelve imprescindible en la historia. Ahora que lo pienso, me recuerda un poco al archivero Yiannis de la trilogía de Bruna Husky: por la edad, por su vulnerabilidad y por suplir en parte a los padres que les faltan a los protagonistas.

   Además de una novela de intriga, es, como todas las de Rosa Montero, una novela de emociones, de reflexiones sobre la sociedad, sobre el ser humano y sobre las relaciones humanas, y sobre la familia. Y, como el título indica, sobre la buena suerte: qué decide cada persona qué es buena suerte, y cómo construye su vida con las cartas que le han tocado.


La nena, de Carmen Mola.


    Por lo visto, estamos ante la inspectora y la trilogía de moda, pero yo no me había enterado. Tuve que entrar en el blog de A libro por mes, en busca de materia prima que llevarme a los ojos, para saber de su existencia. Ana ya había leído los dos anteriores en abril. Lo cual no se si es mérito o masoquismo.

    Un buen libro policiaco siempre es "fácil" de leer porque te atrapa y no te deja soltarlo. Si bien con la trilogía del Baztán, pensé que se habían colmado todos los horrores que la imaginación puede alcanzar en territorio español, al leer los crímenes de La nena, no puedo evitar preguntarme cómo se le ocurren a nadie semejantes barbaridades, y tiene el estómago de describirlas con pelos y señales.

    Me cuenta una amiga que oyeron en audiolibro creo que La novia gitana durante un viaje, y que una sobrina suya todavía recuerda pasajes de aquella audición con horror. No me extraña.

    Resulta que me entero por Voy a ver qué leo que la autora no es tal, sino que se trata del seudónimo de un conocido escritor. Pues me enfadé, y mucho. ¿Por qué para escribir novelas en que se tortura a mujeres y a niños tiene que llamarse Carmen y no Carlos? Ya sé que es una estrategia para vender más. Pero no me gusta. Conmigo que no cuente más.

Sí puedes, de Ramiro Calle

    "Una sabiduría práctica" lleva por subtítulo esta recopilación de los artículos del maestro de yoga en el periódico La Vanguardia. Con ellos, responde a los problemas que le planteaban distintos lectores. Regalo de mi amiga Pilar en 2013.

   
    Lo he recuperado de la estantería con el propósito de leer cada vez un artículo a modo de píldora saludable. El crecimiento personal es un trabajo diario con el que se van adquiriendo recursos, logros y hábitos que no podemos dar por consolidados, que tenemos que seguir practicando como si del cepillado de dientes se tratara. No por lavarte los dientes una vez de forma perfecta, tu dentadura está sana y limpia para siempre.

    La meditación, el ego, la confianza, el vivir el momento presente, conocer nuestras emociones... son constantes en los consejos del autor.

    Querer es poder. Este artículo sobre el cambio es especialmente bueno: "No se enciende la lámpara con sólo pronunciar la palabra luz. Es necesario darle al interruptor." 









miércoles, 10 de febrero de 2021

Mis lecturas de verano (las que recuerdo): Autoestima automática, Americanah y Una educación.

 Autoestima automática, de Silvia Congost.

    Es el único libro de esta psicóloga, a la que sigo en Instagram, que está disponible en eBiblio.

    Me estoy dando cuenta de que tengo que repasarlo porque, en el momento, me sirvió y me ayudó, pero, estas herramientas, si no las tienes presente y las refrescas cada poco tiempo, se olvidan.

    Inserto imágenes de fragmentos que subrayé, y el enlace a una carpeta de Drive donde las guardé, por si alguien quiere leer más.

    Algo importante en psicología cognitiva y conductual es conocer el PEC: un Pensamiento provoca una Emoción y esta, una Conducta. El origen de nuestras acciones y de nuestras emociones es el cerebro, pero no solemos ser conscientes del pensamiento que las provoca. A veces, es la conducta o la emoción la que nos hace llegar al pensamiento. Se puede cambiar la conducta "inadecuada" y modificar así la emoción y el pensamiento, según la escuela conductual; o, identificar el pensamiento que nos hace sufrir, y cambiarlo por otro más positivo, para modificar la emoción y la conducta, según la escuela cognitiva. Esta es mi explicación de "andar por casa", que me perdonen los profesionales.





Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie.

    Tenía muchísimas ganas de leer esta novela desde hace tiempo, y me la regalé en el libro electrónico a final del curso pasado. Véase la reseña de Voy a ver qué leo

    Chimamanda, es una escritora nigeriana de enorme belleza, con una gran fuerza y mucho sentido del humor: una diosa. Hace tiempo que vi sus charlas TED que recomiendo encarecidamente, también disponibles en sus libros correspondientes: El peligro de la historia única y Todos deberíamos ser feministas. Véase la reseña de A libro por mes.


    El libro de Americanah no defraudó mis ilusiones. Lo leí, además, en pleno apogeo del #BlackLivesMatter, con lo que cobró aún más sentido. Su protagonista, Ifemelu, no se había dado cuenta nunca del color de su piel hasta que fue a estudiar desde Nigeria a Estados Unidos. Se plasma además la diferencia que existe en este país entre negros africanos y negros afroamericanos.

   
    Aparte de ser una narración que te atrapa, tiene un poco de todo: AMOR, familia, intriga, corrupción, migración, multiculturalidad, inseguridad personal y autoestima, suicidio, feminismo... Se trata de una historia personal de gran complejidad en que la protagonista trata de hacerse y rehacerse a sí misma. También, de un dibujo de la sociedad norteamericana y sus muchos recovecos a través de los ojos y de la experiencia de Ifemelu. Y de una aproximación a la sociedad nigeriana, un país con una gran riqueza cultural, que quiere modernizarse, pero que ancla a sus mujeres al patriarcado, con fuertes cadenas.

    Algo que me impresionó fue conocer el sufrimiento que los tratamientos para trenzar y alisar el pelo causan a las mujeres de raza negra. No tenía ni idea. Es algo que va mucho más allá de la moda o de la estética. Es una carta de presentación que te puede abrir o cerrar puertas. Si el sexo femenino, en general, es esclavo de la imagen en nuestra sociedad sexista, en este caso, la esclavitud se convierte en auténtica tortura. De hecho, hay un movimiento "civil" para recuperar el pelo afro:



    Americanah es, en mi opinión, un libro de obligada lectura. Nos ayuda a abrir el objetivo de nuestra mirada a otra cultura que no es la nuestra, a otros problemas que no son los nuestros, pero que afectan a seres humanos que se emocionan y sufren igual que cualquiera y que tienen sueños igual que cualquiera. TODO EL MUNDO SUFRE Y QUIERE SER FELIZ, esto es, en la meditación de la compasión, lo que nos iguala a los seres humanos. No es justo que por pertenecer a una raza o a otra,  por nacer en un país o en otro, se arrebaten derechos y se hagan diferencias.

Una educación, de Tara Westover.

    Este es un recuerdo a Asun, mi suegra, que murió a los 86 años, el 28 de septiembre de 2020. Aunque no cursó estudios superiores, era una gran lectora y conservó la afición hasta el final. Este libro se lo regalé en Reyes de 2020. Lo leyó dos veces. Algo que no me explico, porque ella era muy sensible para las escenas escabrosas, y la historia está basada en hechos reales, con escenas muy, muy duras (alguna no pude leerla completa) sobre accidentes y agresiones que sufrieron la protagonista o su familia. Todos ellos causados por la educación que les dio el padre (mormón extremista, y víctima de un trastorno bipolar probablemente) y el tipo de vida que los obliga a seguir.

   
     Escuché la recomendación a Amaya Ascunce (quien también recomienda a Chimamanda) en uno de sus programas con Cristina Mitre.

    El mismo país que visita Ifemelu como inmigrante, es en el que nace Tara, pero tampoco es el Estados Unidos que solemos ver en las películas, sobre todo, teniendo en cuenta que la mayor parte de su vida transcurre en las preciosas montañas que la vieron crecer.


Tara Westover, autora y protagonista.

    Es una historia durísima como ya he dicho. Me dejó mal cuerpo. Pero es otra lectura muy aconsejable porque, contra todo pronóstico, la educación salvó la vida de Tara. Literalmente; si no hubiese seguido la vía de los estudios, no sé si habría sobrevivido a las barbaridades que tenía que soportar en su casa. El efecto que la educación tiene en ella queda maravillosamente reflejado en esta frase: "La palabra y el modo en que la pronunciaba Shawn no había cambiado; mis oídos, sí". La educación le abre los ojos y los oídos, le hace ver el mundo que la rodea desde otro punto de vista que ya no podrá cambiar. Cuando el efecto Pigmalión empieza, no hay quien lo pare.

    Aunque el camino, que acabará llevándola a Cambridge, no es fácil ni recto ni corto precisamente. Afortunadamente, en el trayecto, encontró gente buena que la ayudó, incluso uno de sus hermanos y una tía. Porque el calvario de Tara no sólo tiene secuelas físicas, que esas se curan, sino, sobre todo, emocionales, que le costará más reconocer y mirar cara a cara. El precio que tiene que pagar es muy alto. No quiero destripar el final, sólo diré que, por mucho que una familia y unos padres sean malos, los peores, es la única familia que se tiene (aunque se puedan elegir y crear familias nuevas en la edad adulta), y con la única que se ha creado un vínculo o un apego en la infancia, y tiene que ser muy duro no encajar o que te hagan sentir que no encajas.

    Termino con una bonita metáfora de la propia Tara cuando sube a un campanario en Inglaterra: "Aguanto este viento porque no intento aguantarlo. Soportamos estas ráfagas en el suelo, de modo que también podemos soportarlas estando en lo alto. No hay diferencia. Salvo la que establecemos en la mente. (...) Yo me limito a estar de pie. Usted y los demás tratan de mantener el equilibrio, de inclinar el cuerpo porque les asusta la altura. Pero agacharse y caminar de lado no es natural. De esa forma se vuelven vulnerables. Con solo controlar el pánico, se consigue que el viento no sea nada."
 







Escribiendo la entrada, he recordado otro libro que leí también en verano. Todo cuanto amé, de Siri Hustvedt. Lo recomiendo, pero no es una lectura tan fácil narrativamente como la de las otras dos novelas. He aquí el artículo sobre la autora en Voy a ver qué leo. 


lunes, 8 de febrero de 2021

Ella pisó la luna. Ellas pisaron la luna, de Belén Gopegui.

    Hace mucho que no hablo de libros. Aunque leo (no tanto como quisiera), mi cerebro no da para reflexiones sabias y ágiles. Así que haré una breve reseña de esta última lectura. Está disponible en eBiblio.



    Soy una recién llegada a la coeducación, y estoy descubriendo un mundo  sobre el que toda la ciudadanía tendría que tener formación. Una vez que te pones las gafas violetas, ya no te las quieres quitar, por mucho que te digan que no hacen falta, que no te favorecen, o que son incómodas. Intentando entender un poco mejor todos los aspectos de lo que implica la coeducación, me apunté a un curso del CEP de Santander en el que están participando figuras de referencia. En la última sesión, la asesora y otra compañera recomendaron este libro que traigo a la entrada.

    Se trata de una lectura fácil por su fluidez narrativa, corta y diferente. Trata sobre mujeres de las que no se habla, pero que no por ello dejaron de jugar un papel importante en la sociedad, como la madre de la autora. Una historia dolorosa y triste, pero, también, alegre y valiente.

    El origen del texto es una conferencia para el ciclo de "Ni ellas musas ni ellos genios" de Clásicas y modernas.

    Como la historia de la madre es larga y se cuenta en varias fases, copio a continuación la historia dramática de otra madre, junto con la petición de la autora de que rescatemos más narraciones de mujeres invisibles de nuestro entorno.







lunes, 6 de julio de 2020

Muévete, y el camino aparecerá


He tomado mi primera clase de spinning, y he sobrevivido. Nunca jamás me lo había planteado, soy poco de cardio y más de meditación y pilates. Y, lo que son las cosas, se lo debo a una desconocida. Coincidí con ella la semana pasada en  una clase de pilates en un sitio nuevo al que me he apuntado en verano, y me lo sugirió. Yo no sabía si mi cuerpo lo iba  a resistir; la verdad es que me apetecía probar, pero me daba vergüenza. Volví a coincidir con ella otro día, y me volvió a animar, así que gracias a su empujón, he salido de mi zona de confort, y creo que repetiré.

Nunca he hecho entrenamiento de cardio más que pasear a ritmo ligero (que no sé si cuenta). Pero, de un tiempo a esta parte, estoy escuchando que los  estudios apuntan a que para llegar a mayor con una buena calidad de vida, la clave está en hacer mucho ejercicio; pero, no sólo eso, cuanto más se desarrolle la fuerza, mejor es la masa ósea al envejecer. La primera vez que lo escuché fue en este podcast: Cómo mantenerse en forma pasados los 50 con Loles Vives.

Por otro lado, el año pasado fui con mi madre a un fisioterapeuta que me recomendaron debido a un problema de salud que no acababa de superar. Y, curiosamente, lo  que le trató fue el sedentarismo. Le mandó caminar cinco minutos cada hora y, a las 24 horas, su ánimo había mejorado notablemente. También le insistió en trabajar las sentadillas (fundamental para levantarse sin ayuda) y la fuerza en los brazos porque se ha comprobado que los ancianos con más fuerza en las manos, viven más porque se agarran mejor y previenen accidentes.

Yo llevo con problemas de espalda desde la adolescencia. He visitado desde entonces traumatólogos, fisioterapeutas, ostéopatas... Hace ya unos cuantos años, me apunté a pilates y me viene muy bien, pero, aun así, de vez en cuando, tengo contracturas y dolores. Pero, claro, es que, como me explicó este fisio, de 168 horas que tiene la semana (24 por siete días), dedico dos nada más íntegramente a mi cuerpo.

Conclusión: hay que entrenar, sí, pero también hay que moverse más a lo largo del día. Pasamos muchas horas sentados e inactivos, y luego, cuando metemos una carga intensa corriendo, paseando, en el gimnasio, en bici... nuestro cuerpo se queja. 

Espero que no sea casualidad, pero, desde que lo visité por última vez por una tortícolis, y sigo el consejo de moverme cada poco (estiramientos, y algún ejercicios con banda elástica y pesas de kilo), estoy mejor. También me he comprado un zafu (el del enlace, aunque es muy duro) para trabajar y leer, y me apoyo sobre una mesa baja como se ve en la imagen. Cuando tengo una molestia, intento arreglarla con estiramientos, que no está mal, pero el fisio me explicó que muchas veces lo que hacemos es irritar más la zona. La clave está en combatir el sedentarismo, y esto significa moverse con frecuencia, no sólo en momentos de intensidad aislados en el día o en la semana.

Durante el confinamiento, estuve muy bien porque seguí los programas de entrenamiento a diario (píldoras saludables  o healthy pills) de Beatriz Crespo que sabe mucho. Los días que estaba más cargada por las horas al ordenador, me venía genial. Ella insiste en trabajar los glúteos para prevenir lesiones de espalda  y de rodilla, y la musculatura profunda. A veces, son pequeños movimientos con los que aparentemente no parece que estés haciendo gran cosa, pero que son fundamentales para tener una espalda sana. Tiene una lista de reproducción precisamente dedicada a estiramientos, cadenas  musculares, musculatura profunda, cervicales... que está muy bien. También tiene píldoras dirigidas a mayores, pero que sirven para todo el mundo.

Las actividades que más me han ayudado en la cuarentena a motivarme (y me consta que a más gente) han sido la música, el ejercicio y la meditación. Habilidades o disciplinas que se trabajan minoritariamente en la enseñanza. Da que pensar.

Conocemos poco de nuestra mente, pero también poco de nuestro cuerpo. La educación física es muy necesaria para leer nuestro cuerpo y cuidarlo. El sedentarismo es peligroso: cuanto más lo practicas, más te lo pide tu cerebro. Se convierte en un círculo vicioso. Ya se sabe: quien quiere algo encontrará el medio, quien no, una excusa. Busquemos medios para movernos y el camino aparecerá, porque excusas nos sobran.

Mi profesora de pilates tiene la siguiente frase del creador del método en la pared de entrada del estudio:


martes, 4 de junio de 2019

Incertidumbre y cambio

Hoy, hablando con unas amigas sobre problemas de salud que les están dando la lata y les provocan  preocupación e inquietud, he hecho una reflexión que últimamente me recuerdo con frecuencia: es difícil vivir con la incertidumbre sobre la que no tenemos control.


Muchas son las situaciones en la vida que nos provocan sufrimiento. En la meditación que yo practico (Entrenamiento de la Compasión con Base Cognitiva, o CBCT, las siglas en inglés), se explica el origen de nuestro sufrimiento en torno a cuatro dicotomías:

  1. Entre el apego al control y el miedo al caos.
  2. Entre el apego a las posesiones y el miedo a la pérdida.
  3. Entre el apego a la aprobación de los demás y el miedo a la crítica.
  4. Entre el apego al bienestar y el miedo al dolor.

Cuando sufrimos, ayuda pararse a pensar cuál de estos cuatro apegos o miedos es el que nos está haciendo sufrir, e intentar aceptarlo. A la vez, recordar los momentos difíciles que superaste, similares al que vives; saber que puedes lograrlo de nuevo, aunque no sea ahora mismo. Todo el mundo sufre y quiere ser feliz. Eso es lo que todos los seres humanos tenemos en común.

En la meditación en la compasión, también se tiene presente que la vida es cambio:

  • Lo que sube baja.
  • Lo que se congrega se dispersa.
  • Lo que se acumula se agota.
  • Lo que nace muere.


Necesitamos serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las cosas que podemos cambiar y sabiduría para conocer la diferencia.

Esta conocida cita es el lema permanente de un psicólogo que colabora en un podcast que he descubierto hace poco y que me gusta mucho: Entiende tu mente. Tienen muchos programas, y muchos de ellos, muy recomendables, pero aquí dejo el enlace a este que precisamente habla sobre la "Gestión de la incertidumbre".