lunes, 20 de febrero de 2023

Middlesex, de Jeffrey Eugenides

      Acabo de terminar este libro que descubrí por recomendación de Amaya Ascunce hace tiempo.

    Me ha sorprendido muchísimo su temática tan de actualidad, tan moderna; sin embargo, la historia se ambienta en el siglo pasado. En concreto, el/la protagonista nació en 1960 (como el autor), y descubrió su verdadera identidad en 1974. El libro se publicó en 2002. Su escritor (Las vírgenes suicidas) obtuvo el premio Pulitzer 2003 por esta novela.

    La escritura es brillante, lo cual me hace valorar el trabajo del traductor (Benito Gómez Ibáñez) para preservar el texto original. Hay tanto donde escoger entre las casi 700 páginas del libro, que es imposible abarcarlo todo. La tensión narrativa se entreteje con las emociones, las esperanzas y las posteriores frustraciones de los numerosos personajes que desfilan por sus páginas. La excusa del drama de alguien a quien se privó de su verdadera identidad sexual, y a quien estuvieron a punto de mutilar. es una parte pequeña del libro, que, a la vez, sobrevuela todas sus páginas para acabar sobrecogiéndonos en los últimos capítulos. Conocemos el final no sólo de la historia del personaje, sino de la historia de su pueblo y de su familia que empezó varias generaciones atrás:

"No tenía la edad necesaria para comprender que la vida no remite a una persona al futuro, sino al pasado, a la infancia, al tiempo anterior a su nacimientos y, finalmente, a la comunicación con los muertos. Al envejecer, cuesta trabajo subir las escaleras, entra uno en el cuerpo de su padre. Desde ahí sólo hay un breve salto hasta los abuelos y entonces, antes de que uno se dé cuenta, se empieza a viajar en el tiempo. En esta vida crecemos hacia atrás."    

    Calíope Stephanides, en los libros primero y segundo de la novela, se remonta a sus abuelos griegos que llegaron a Detroit como emigrantes (huyendo de la invasión turca en 1922). En el tercero, narrará la historia de sus padres, junto con su infancia y adolescencia. El libro cuarto se centra en su descubrimiento personal. De esta forma, refleja también la evolución de la sociedad de Estados Unidos a lo largo de esas décadas.

    Los antecedentes  importan porque son los responsables de la mutación genética ligada al quinto cromosoma del protagonista, a consecuencia de la consanguinidad de su familia a lo largo de varias generaciones desde el siglo XIX. Pero, como en muchas grandes novelas, el resultado literario supera al propósito del autor.

    La historia de sus abuelos Desdémona y Lefty constituye por sí misma un libro completo. La influencia de la cultura helénica deja una huella muy personal en el estilo de la obra. Este libro primero y segundo son apasionantes. Los personajes están a medio camino entre un mundo mágico, casi épico, y la realidad más prosaica de sus difíciles vidas. Desde el recuerdo y el cariño, fruto de la convivencia con ellos en su infancia, ha recreado las vidas de sus abuelos, construyendo dos grandísimos personajes literarios. Lefty es un joven locamente enamorado, que años más tarde sufrirá el distanciamiento de su mujer sin entenderlo; reanudará antiguos vicios, para luego convertirse en un abuelo adorable (papú), cómplice mudo de su nieta. En sus últimos días, vivirá un retroceso a lo Benjamin Button. Por su parte, la yiayiá, Desdémona, se adueña del libro con su grandeza. Su neurosis y su terquedad crean un personaje legendario. Fue la Casandra que leyó el futuro de Cal con una cuchara. Ella cerrará la historia en un emotivo episodio entre ambos. Una gran revelación, que la abuela había guardado en secreto hasta entonces, dará pie a la gestación de la novela.

    A través de las vicisitudes de este matrimonio, se da a conocer la historia de los gusanos y de la ruta de la seda, la invasión turca de parte de Grecia o el viaje de los migrantes a Estados Unidos y su llegada a la isla de Ellis. La industrialización de la gran ciudad de Detroit deja un pasaje magistral (pág. 128 a 130) que viene a ser el equivalente literario a Tiempos modernos de Charles Chaplin. Se trata de la descripción de una cadena de montaje en la fábrica del mismísimo Henry Ford. Asimismo cobran protagonismo la ley seca que dio de comer a esta familia durante años, y los disturbios raciales de Detroit de 1967; además de las distintas guerras en que participó el país, a las que estuvieron vinculados Milton, y Capítulo Once, padre y hermano del protagonista respectivamente.

    La experiencia traumática en la clínica de trastornos sexuales e identidad sexual del doctor Peter Luce (personaje real) es especialmente dramática, aunque no se recrea en el morbo. Calíope es expuesta ante los especialistas que hablan de ella como si no estuviera presente; es objeto de valoraciones y decisiones que no la tienen en cuenta en ningún momento. Va y viene de una ciudad a otra, de una consulta a otra, sin que nadie le comunique qué le ocurre. Duele imaginarla, en la más absoluta soledad, mientras lee la definición de hermafrodita del Diccionario Webster's en la Sala de Lectura de la Biblioteca Central de Nueva York:

"Monstruo. Seguía allí. No se había movido. Y no lo leía en la pared del cubículo de los viejos servicios. El sinónimo era una palabra autorizada, oficial: el veredicto que la cultura daba a una persona como ella. Monstruo. Eso era ella. Era lo que el doctor Luce y sus colegas habían estado diciendo. Explicaba muchas cosas. Explicaba el llanto de su madre en la habitación de al lado. Explicaba la falsa alegría en la voz de Milton (su padre)."

    El doctor Luce decide sobre su anatomía, sobre su sexualidad, sobre su futuro, e incluso sobe su felicidad, por ella y por sus padres, en una llamativa reflexión sobre la educación en los estereotipos de género:

"[...] siguió una línea de desarrollo fundamentalmente femenina. Sobre todo en lo que se refiere a los genitales externos. Eso, asociado a su educación en sentido femenino, ha tenido por consecuencia que, además de parecerlo, piensa y actúa como una chica. [...] La cirugía hará que Callie tenga exactamente el aspecto de la chica que considera ser. En realidad, será esa chica. Su aspecto exterior corresponderá con su aspecto interior. Será una chica completamente normal. Nadie notará nada. Y entonces Callie podrá disfrutar de la vida."

"[...] el placer sexual sólo es un factor entre los muchos que constituyen una vida feliz. Poseer los atributos necesarios para casarse y pasar por una mujer normal en la sociedad también son objetivos importantes"

     Lo cual lleva a Callie a una genial conclusión sobre la normalidad:

"Me había equivocado con Luce. Yo contaba con que, después de hablar conmigo, decidiría que era normal y me dejaría en paz. Pero empezaba a entender algo de la normalidad. La normalidad no era normal. No podía serlo. Si la normalidad fuese normal, nadie se preocuparía de ella. Pero la gente tiene dudas sobre la normalidad, y sobre todo los médicos, que no estaban seguros de que se manifestara como era debido. De modo que se sentían inclinados a corregirla." 

    A pesar de su vulnerable juventud, es capaz de investigar qué le ocurre realmente (gracias a sus estudios de Latín) y tomar una difícil decisión a espaldas del mundo adulto que debería protegerla. Así nos cuenta la transición de un sexo a otro; simbólica y físicamente, acaba con su larga melena que se había negado a cortar, (al igual que su abuela, aunque por motivos diferentes): 

"Cerré los ojos. Me negué a seguir manteniendo la mirada de Calíope. [...] Abrí los ojos. Y en el espejo no estaba yo. Había desaparecido la Mona Lisa de sonrisa enigmática. Ya no era la chica tímida con el enredado pelo negro sobre la cara, sino su falso hermano gemelo." 

    A la adolescente que había ocultado su rostro durante años, le sobraban motivos para vivir una crisis de identidad sin precedentes. De esta manera, muere Calíope y nace Cal, pero ambos conviven en su interior y es sin duda lo que constituye esta sensibilidad tan singular.

    Caí en la trampa del juego cervantino de los espejos y de las cajas chinas, y no fui consciente hasta que terminé el libro y me puse a investigar, de que no está basado en la experiencia del autor.  Es una lectura que invita a la re lectura. Al terminar de acompañar a Callie hasta el final, quieres volver a sus inicios para comprenderla mejor. Cal nos escribe desde la edad adulta, pero es fiel al tono que requiere cada pasaje de su vida y las de sus seres queridos; aporta detalles de cuya importancia no somos conscientes en el momento, por lo que logra mantener el suspense. Es más, aunque en mi reseña revelo datos trascendentales de la historia, esta información no sustituye en absoluto a la emoción de su lectura que te hace deslizar página tras página sin apenas darte cuenta de que has devorado la mitad, de que has llegado al final y te tienes que despedir de Callie, de Des, de Lefty, de Tessie, de Milton, de Lina, de Zo...  hasta de Capítulo Once. A Jimmy Zizmo, no lo echaré de menos.


Por si quieres saber más:

  • Libro con que contiene el diario de Herculine Barbin, personaje real del siglo XIX en que se inspiró el autor.
  • Reseña en vídeo que aporta más información:



miércoles, 10 de agosto de 2022

Una meditación

 12 de enero de 2020


Delante de la chimenea. El sol que entra por la ventana me da en la cara.

Sentada sobre un taburete bajo, tapada con una manta.

Recta. La espalda se estira. La columna tira de la musculatura. La cabeza crece hacia el techo. La postura me ayuda a sentirme mejor, más estable, me envía un mensaje de serenidad.

Soy yo en el espacio, tomando consciencia de mi cuerpo y del espacio.

Respiro. Mi abdomen se mueve. Las inhalaciones masajean mi diafragma. Las exhalaciones alivian y sueltan.

Pensamientos, ruidos, interrupciones, tareas pendientes... me acechan, tiran de mi mente.

Respiro, me sirve de ancla. Meditar es mi ancla con la estabilidad.


viernes, 5 de agosto de 2022

¿Por qué me gusta This is us?


Hace tiempo, escuché por primera vez a Amaya Ascunce hablar de esta serie en un podcast de Cristina Mitre. Decía que en un episodio pasaba de la risa al llanto a partes iguales. Me interesó.

Dejo bien claro que es una serie con una buena dosis de ñoñería o sensiblería que a mucha gente le puede "tirar pa'tras", y que, evidentemente, es ficción.

Otro factor a tener en cuenta: no te puedes fiar de los primeros capítulos. La serie se construye a medida que van pasando episodios y temporadas. Para mi gusto, las cuatro primeras son las mejores, una historia redonda; la quinta y la sexta temporadas creo que son un estiramiento del éxito de las anteriores (aunque no dejan de tener capítulos y momentos maravillosos).

El ingrediente que más me atrae es, sin duda, el emocional. Se abordan las emociones de cada personaje a lo largo de su vida, y se ve cómo condicionan las relaciones con el resto de la familia, y viceversa. En cada episodio, suele haber dos o tres zonas temporales, incluso a veces cuatro, con un hilo temático o de argumento que las vertebra. Sin duda, la manera en que se entreteje la trama es el ingrediente que te atrapa de un capítulo a otro. El guion da  giros totalmente inesperados entre capítulos, entre temporadas, o, dentro del mismo episodio. Los guionistas van soltando miguitas (aparentemente sin importancia) que van recogiendo tiempo después y revelando que aquel detalle insignificante era crucial.

Es sorprendente ver la caracterización de cada actor desde el inicio de la vida adulta hasta la madurez, así como el asombroso parecido entre los actores que representan a los tres hermanos Pearson en las distintas etapas de su infancia, adolescencia y juventud.

La serie es la vida (como dice el cartel, "This is real"). Crea un universo en el que estoy a gusto. Es una serie en la que me siento segura porque sé  que todos los conflictos se acaban resolviendo aunque no sea siempre de la "mejor" manera. Vives emociones y situaciones a través de sus personajes, los acompañas en sus problemas y en sus caminos personales (cada uno muy duro) como si fueran algo tuyo, como si una parte de ti lo estuviera viviendo y superando también.

Toca todos los problemas posibles de la vida actual (incluida la pandemia) y del ser humano: las adicciones, la obesidad, la ansiedad, el duelo, la diversidad sexual, el racismo... por nombrar algunos. Y todos, para mi gusto, con gran sensibilidad, profundidad y acierto. Pero el que sobrevuela por encima de todos es el de las relaciones personales: en la pareja, con el padre (con el otro), con la madre (con la otra), con un hermano, con el otro, con la otra, con un hijo, con el otro, con la otra... Y la más importante: de cada personaje consigo mismo: con sus luces, y con todas y cada una de sus sombras.

Mi personaje preferido es Beth. Por su belleza, su elegancia y su preciosa sonrisa. También, por su sensibilidad, su humanidad, su vulnerabilidad, su fuerza, su cariño y su sentido del humor. La complicidad que establece con William (el padre biológico de su marido) nos regala alguno los momentos más bonitos de la serie. La pareja que forma con Randall (al igual que la de Rebecca y Jack) está basada en el respeto, la comunicación y la confianza. Es un amor incondicional que soporta los embistes de la vida.

Como decía, con cada personaje aprendes una lección, pero hay uno que me parece especialmente bien construido en este sentido: Kate, la chica de los "súper tres". Puede que sea el que más evoluciona desde la infancia. La razón por la que también me parece todo un acierto es la estética de la actriz, que  rompe los estereotipos a los que estamos acostumbrados en personajes protagonistas. Con lo cual, se demuestra que se puede tener éxito con personajes que se alejan de los cánones de una sociedad que encasilla a las personas en una belleza convencional. Vemos a Kate pasar de ser una niña dulce, alegre y feliz, a sentirse discriminada por su peso  y empezar a tener miedos. Así, llega a una adolescencia y juventud complicadas que la convierten en huraña. Luego, en la edad adulta, la vemos crecer también sufriendo un proceso de trasformación enorme que la llevará a convertirse en la mariposa que estaba destinada a ser.

Me comentaba una amiga a quien también le encanta la serie, que los personajes no dejan de evolucionar. A través de ellos, te das cuenta de cómo evolucionas tú y lo que aún puedes hacer. Es un serie que te reconcilia con el ser humano. A pesar de las muchas dosis de drama, te deja buen sabor de boca. Ver This is us es volver al hogar.

Disponible en Amazon Prime Video, Movistar, y RTVE Play (creo que la primera temporada de momento).

miércoles, 27 de julio de 2022

Abrazar las emociones

    Abrazar, transitar, surfear las emociones... son términos que se usan para gestionar la ansiedad, la tristeza o el miedo.

Soledad Voulgaris
   
    ¿Cómo se hace? A continuación, comparto recursos que a mí me ayudan.

  Las emociones no se pueden elegir. Podemos elegir qué hacemos con ellas; buscar los pensamientos que las producen, y cambiarlos; darnos tiempo para responder en vez de reaccionar; pero no podemos elegir la emoción que un hecho o un pensamiento nos producen porque es algo automático del cerebro. Entender esto nos descarga de "culpa" ante emociones "desagradables" y nos invita a ser responsables de ellas, es decir a aceptarlas.

   Dicho de otra manera, abrazar o aceptar es lo mismo que no resistirse a la emoción. Primero, ayuda mucho identificar cuál es y ponerle nombre. Escuchar qué nos dice, localizar dónde se siente, y mandar aire a esa zona con la respiración. Yo la verbalizo y respiro. También se puede decir algo del tipo "Siento miedo. Así está bien. Le hago espacio. Yo no soy mi miedo". Visualiza que estás en el mar y en vez de resistirte a las olas, te dejas llevar por ellas a la vez que respiras.

    Otro recurso es escribir. Comprar una libreta bonita y escribir todo lo que viene a la cabeza. Esto me dijo una amiga muy sabia cuando compré mi cuaderno: "El más bonito que encuentres. Es importante para que lo que salga después del proceso de escritura también sea bonito."

    María Esclapez explica en Me quiero, te quiero que hay tres niveles de expresión: pensar, hablar y escribir. El último es un nivel de conciencia superior. Se necesita gastar más energía y recursos cognitivos. Hace que lo pensado y sentido pueda entenderse mejor, no solamente por lo que conlleva expresarlo y plasmarlo, sino por la impresión que nos invade a golpe de vista, una vez que lo hemos reflejado todo. Y un nivel aún superior es dibujar. A mí también me ha ayudado este libro de cómo dibujar mapas mentales que escuché recomendado en el podcast De piel a cabeza. Voy escribiendo palabras que me vienen a la cabeza ese día, haciendo ramificaciones y acompañándolo de dibujos (esquemáticos porque yo no sé dibujar, y aun así, me cuesta) y colores.

    En la película Inside out, Alegría no dejaba que Tristeza tomara el poder en el cerebro de la protagonista, pero ella no recuperó lo que había perdido hasta que actuó Tristeza. Y fue posible porque se dio permiso para abrazar esa emoción.

    A veces, hay que hacer la plancha: dejarse estar, no hundirse más en el pozo, pero, no luchar contra la emoción. Si estás triste, pues ese día o ese rato, quizás toca estar triste, bajar el ritmo, no exigirse, darse permiso. Yo me escribí algo en una carta a mi niña interior: "Me doy permiso para enfadarme y estar triste. Sé que no me dejaron. Yo me dejo. Estoy a mi lado. Me apoyo y me quedo conmigo hasta que esté mejor. Me doy tiempo." Se puede formular en segunda persona también, como le llegue mejor a cada uno. "Me importa mi dolor. Me importan mi sentimientos. Me cojo en brazos. Me agarro de la mano. Me quedo conmigo. Me sostengo."

    Es angustioso no poder controlar la ansiedad. Los ansiolíticos y los antidepresivos (bajo supervisión médica siempre) ayudan a dormir y a no sentir ese descontrol que es muy desagradable y limitante. Pero, a la vez, es importante escuchar qué nos dice la ansiedad y aprender recursos para cuando vuelva y que no te desborde.

  El año pasado, fui a una psicóloga que practica EMDR, que es una técnica que se usa con el shock postraumático. No creía nada mientras lo hacía, pero, al día siguiente, me había desaparecido la angustia. Me contó mi hermana que ella conoce a una profesional que la usó con niños soldado y, al poco tiempo de empezar la terapia, dejaron de hacerse pis en la cama y de tener pesadillas. 

    Consiste en conectar los hemisferios cerebrales mediante el estímulo del tacto, de la vista o del oído. Yo creo que es lo que hace la técnica del tapping, como el abrazo de la mariposa, al dar golpes en cada lado del cuerpo. O la música 8D que se usa con auriculares, y la respiración alterna del yoga.

    De todas formas, está bien llorar en el trabajo, está bien llorar delante de nuestras hijas e hijos (y, por lo visto, se libera cortisol, la hormona del estrés). Hay que normalizar que somos seres humanos que sufrimos y a veces no podemos con todo. Desde la pandemia, se habla mucho de salud mental. Por eso, hay personajes públicos que están compartiendo sus experiencias y exponiendo sus historias personales.

    Hablemos de emociones; hablemos de tristeza, de miedo, de ansiedad... hablemos de salud mental. En general, pero también de la nuestra. No nos escondamos más. Guardar "la mierda" debajo de la alfombra sólo hace que se acumule y que tropecemos.

    Aprovecho para recomendar a otra psicóloga en Instagram que me encanta: lapsicologajaputa (lo siento, se llama así, jeje).

jueves, 21 de julio de 2022

Me quiero, te quiero. Una guía para desarrollar relaciones sanas (Y mejorar las que ya tienes) de María Esclapez.

    


    Tanto que se habla de la necesidad de una educación sexual y afectiva en las escuelas, este libro sería una buena lectura para enseñar a tener relaciones sanas, y no sólo a la adolescencia y a la juventud.   

    Se trata de un manual para identificar y modificar relaciones tóxicas o de dependencia emocional. Empieza hablando de las fases del amor, y de los mitos del amor romántico, para luego estudiar los síntomas de la dependencia emocional, y cómo detectar los abusos emocionales. Tiene un capítulo dedicado a los celos (que son una emoción, no hay personas celosas) y otro, a las personas “narcisistas versus empáticas”. También analiza las rupturas dependientes y sus trampas. Explica cómo llevarlas a cabo correctamente para no caer en un círculo vicioso; la suma de pequeños estímulos con los que se van subiendo escalones conduce a un punto de no retorno (por el secuestro emocional de la amígdala).

    Uno de los últimos capítulos habla de los estilos de apego: cómo se generan, cómo se manifiestan y cómo pueden cambiar a lo largo de la vida. Es especialmente interesante el análisis que hace de la combinación de evasivo-evitativo con ansioso, muy relevante para las relaciones dependientes. Muestra la evolución de cómo  manejan los conflictos estas parejas hasta que llegan a la lucha de poder, dinámica que es muy difícil de romper.

    La lectura se hace muy interesante y amena. En el libro, abundan los ejemplos (empezando por su experiencia personal), los ejercicios o pautas, los análisis de conversaciones de WhatsApp (que le dieron un impulso en redes), los gráficos o esquemas, o conceptos importantes como la “ley del hielo”, el gaslighting, los límites, o la lista de mínimos exigibles en una relación de pareja.

    En su perfil de Instagram, pone a disposición de todo el público infografías con muchas de estas  y otras reflexiones (y sus famosas conversaciones de WhatsApp). Por ejemplo, estas publicaciones sobre la autoestima: 

Cosas que disminuyen la autoestima

Lo que realmente es tener baja autoestima


Asimismo, podemos escucharla en este capítulo del proyecto de Aprendemos juntos:


V. Completa. La importancia de saber decir: "Me quiero, te quiero". María Esclapez, psicóloga


También ha elaborado esta guía para trabajar el contenido del libro con adolescentes.


Este es su Instagram: María Esclapez



domingo, 26 de junio de 2022

La clave: volver a levantarse

"Lo más importante no es no haberse caído nunca, sino levantarse después de cada caída."

Suena a tópico, pero es así. No hay un secreto de la felicidad. No hay una fórmula que se aprenda y que garantice el bienestar permanente. Por supuesto, hay muchas enseñanzas valiosas, pero lo más importante es encontrar las que sirven a cada persona, y tenerlas presentes cuando vengan "mal dadas". Lo más importante es volver a intentarlo aunque se haya caído de nuevo en los errores que se querían evitar. Si se cae: se acepta, te das permiso para el error, te perdonas, lo dejas ir y lo intentas de nuevo. Las veces que haga falta.

Ocurre a menudo que se lee un libro, una frase, se hace un curso, se escucha una charla que abre los ojos, que señala el camino con claridad, pero, luego, se vuelve a la rutina, baja el entusiasmo y se olvida.

O se empieza a practicar y, al primer momento flojo, se cree que no funciona, por lo que se regresa a las antiguas costumbres, a los antiguos surcos del cerebro sin haber dado tiempo a crear los nuevos. Entonces, se extrae la conclusión de que esos cambios no son para ti, que no funcionan contigo, se tira la toalla y se desconfía de cualquier enseñanza porque "no sirvió de nada" en el pasado.

Los cambios de hábitos, o su nueva adquisición, requieren tiempo y esfuerzo. Si se quiere mejorar la autoestima, se tiene que cuidar cada día, un día tras otro, poniendo mucha atención a las caídas y a los momentos de baja forma. Transitarlos, darles espacio, y, al mismo tiempo, recordar que un día o un momento bajos son pasajeros, y confiar en que habrá nuevas oportunidades de volver a intentarlo.

Si se quieren combatir los pensamientos dañinos, hay que trabajarlos: identificarlos, buscar estrategias para ponerlos a raya, cambiarlos por otros que sean constructivos. Requiere consciencia y cierta disciplina.

El problema no está en el método, ni en la persona. No hay fallo: hay oportunidades. Vuelve a intentarlo cada vez que surjan.

Esto en cuanto al trabajo personal se refiere, aquel que depende única y exclusivamente de uno mismo. Pero, en situaciones de convivencia que implican a terceras personas, igual de importante es saber cuándo decir basta. Se han dado muchas oportunidades que no dependen de una o de uno mismo, y no han funcionado. Entonces, la clave quizás no sea volver a intentarlo, sino dejar de intentarlo con esa persona, cambiar de estrategia porque está claro que esa no ha funcionado. Que se intentó muchas veces y es hora de probar algo diferente que aún no se hizo.

Tampoco es fácil. Hay que tener los límites muy claros y darte prioridad.


domingo, 14 de febrero de 2021

Ni por favor, ni por favora, de María Martín, o lo que es y no es el lenguaje inclusivo.

    Me he traído este libro a una entrada aparte porque creo que se la merece.    

    Lleva como subtítulo "Cómo hablar con lenguaje inclusivo sin que se note (demasiado)"


    Como tanta gente que se ha visto contaminada por los señoros de la RAE y sus acólitos y acólitas, yo tenía un concepto equivocado del lenguaje inclusivo. No consiste en un trabalenguas de duplicaciones de palabras y términos imposibles que no existen (aunque a algunos, a fuerza de usarlo, nos vamos acostumbrando: jueza, médica, ingeniera...), como han querido creer y hacernos creer. Tampoco es llenar los textos de equis o de arrobas imposibles de leer.

    Se trata de hacer visible a la mitad femenina de la población (el neutro, artificial de momento, no lo hace) a la que se ha ocultado durante siglos por una cultura machista. Consiste en incluirla, o en no excluirla del lenguaje. Es evidente que decir una eminencia científica y pensar en un hombre aunque se trate de una mujer, no es un problema del lenguaje, porque la palabra es femenina, sino de la realidad a la que se ha acostumbrado nuestro cerebro. He aquí el interesante experimento que llevaron a cabo una professora y un profesor de Plástica; me parece altamente ilustrativo, tanto por los resultados como por el análisis posterior: Masculino genérico: un experimento de lenguaje inclusivo con dibujos.

    Pero, mientras esta realidad cambia a paso de tortuga, quizás podríamos usar el lenguaje para visibilizar a niñas, jóvenes, mujeres adultas y ancianas que forman parte de dicha realidad. Y, a veces, sí, es necesario duplicar si no hay alternativas (que las hay, y muy buenas: Guía de lenguaje no sexista), igual que cuando se abre un evento con "Señores y señoras" o te dan a elegir en un documento administrativo entre "don" y "doña". En el contexto académico, se puede hablar de "alumnado", de "grupos", de "profesorado", de "familias", de "personal de limpieza", pero si se quiere mandar un comunicado a los tutores, se tendrá que nombrar también a las tutoras, porque, si no se hace, no son visibles, por muy igualitario que se sea y que se tenga en cuenta su labor. Es cuestión de ponerse una vez más las gafas violetas para descubrir dónde no se visibiliza al sexo femenino y de aprender a incluirlo sin que distorsione el discurso en exceso.

    María Martín no es lingüista, pero lleva estudiando los diccionarios desde pequeña porque los ama, y hace una labor ingente estudiando el lenguaje y sus escondites sexistas. No sólo en el masculino genérico (expresión paradójica donde las haya), sino, en las definiciones y en las palabras que se incluyen.

    Por ejemplo, se ha tenido que esperar 98 años para incluir la palabra sororidad desde que Unamuno la propuso. Y entró a la vez que selfi, meme, escrache y viagra que no tuvieron que esperar tanto. No aparece gigolo, pero hay más de ciento cincuenta sinónimos de puta. Y, si alguien tiene curiosidad, que busque en el diccionario de la RAE cunnilingus y felación a ver si encuentra las diferencias.

    Recomiendo: sacudirse los prejuicios, leer a María Martín (que además es una mujer con mucha guasa, no da puntada sin hilo) e interesarse por la labor del perfil Golondrinas a la RAE en Twitter.

    Por cierto, el título del libro siempre me recuerda al monólogo de Luis Piedrahíta sobre las madres: